EFEElena Camacho Madrid

La bioquímica especialista en células madre María Salazar es uno de los grandes talentos científicos y una de las pocas que ha logrado hacerse hueco en España, un país con grandes profesionales y modernos laboratorios pero en el que la falta de apoyo institucional empuja a muchos jóvenes científicos a buscar un futuro fuera de España.

Y es que cuando un investigador termina la carrera, dedica unos diez años más a completar su formación con el doctorado y contratos postdoctorales, una etapa de valor añadido que al final del proceso da lugar a un científico -más cerca de los 40 que de los 30- y que, en el caso de las mujeres, suele coincidir con el momento biológico (o la decisión) de una posible maternidad.

En este momento profesional, "los científicos que intentamos ser independientes nos topamos con un techo de hormigón" y sin apenas ayuda institucional, lamenta Salazar, investigadora senior del Grupo de División Celular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en una entrevista con EFE.

"La ayuda del Gobierno es prácticamente nula, casi vergonzosa. Podemos optar a financiación por un programa de proyectos de I+D+i dedicado a los más jóvenes, con un presupuesto lamentable y una competitividad abrumadora. Las oportunidades que nos ofrecen para empezar a volar solos y crecer son mínimas", mientras que en países como Australia o Reino Unido hay numerosas ayudas para los Investigadores Principales Junior, tanto del gobierno como de fundaciones privadas.

En España, las fundaciones privadas como la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) o La Caixa intentan rellenar ese vacío financiando proyectos de jóvenes científicos.

Cuello de botella

"Necesitamos que nos den la posibilidad de demostrar que podemos hacerlo, el primer empujón para volar solos. Aquí esa etapa es un absoluto cuello de botella y una de las principales razones de la fuga de cerebros en España", lamenta Salazar.

Si además eres mujer, la situación se complica porque aunque ya no hay actitudes "abiertamente machistas" como hace años, la discriminación "sigue ahí aunque de manera más sutil", y a la hora de promocionar los jefes y directores siguen favoreciendo en algunos casos más a los hombres.

Además, los sueldos en los puestos altos de ciencia siguen siendo distintos para hombres y mujeres incluso para un mismo trabajo, en los congresos y tribunales hay menos mujeres, y muchos centros siguen sin avanzar en la conciliación.

Salazar (Madrid, 1982) es afortunada en este caso. Madre de dos niñas e investigadora en la élite científica gracias a un marido "que me apoya incondicionalmente" y con el que forma "un equipo perfecto en casa", pero también porque sus mentores siempre han confiado en su capacidad para gestionar el tiempo: "Siempre he sido muy productiva y desde que soy madre, aún más".

Licenciada en la Facultad de Químicas de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), completó su formación con estancias fuera de España, en la Universidad de Dundee (Reino Unido) y en la Harvard Medical School (Boston, EEUU), donde "descubrí que había muchas formas de hacer ciencia, de enfrentarse a los problemas y resolverlos".

Pero Salazar no cree que ir al extranjero sea imprescindible para un científico: "Defiendo que los investigadores deben cambiar de laboratorio y de institución tantas veces como puedan, pero no hay por qué salir fuera. Aquí tenemos laboratorios a la altura de los que hay en Australia, Estados Unidos o Reino Unido y muchos grupos de investigación realmente buenos", zanja.

Al frente de dos grandes proyectos

Como científica, siempre ha intentado rodearse de investigadores de alto nivel, de los que pudiera aprender y también que "confiasen en mí y me dieran libertad para estrellarme o para brillar" y desde el principio ha trabajado en investigación contra el cáncer, en el CNIO, donde hoy es una investigadora postdoctoral senior que lidera dos grandes proyectos.

El primero, financiado en parte por la AECC, está diseñado para crear una terapia que ataque a las células madre del tumor que, si tiene éxito, podría ser una importante aportación en terapia antitumoral y reducir las metástasis, que es la principal causa de muerte en enfermos de cáncer.

El segundo, financiado por La Caixa con 70.000 euros, pretende impulsar la medicina regenerativa en diabetes a través de una terapia celular que intenta convertir células madre en células pancreáticas funcionales capaces de corregir los niveles de glucosa en sangre, que en los pacientes diabéticos están alteradas.

Y es que, aunque cada día surgen nuevos retos en investigación como las enfermedades infecciosas emergentes o el envejecimiento y sus patologías asociadas, "desgraciadamente" la investigación oncológica seguirá siendo necesaria porque todavía quedan muchas cosas por explicar en cáncer.

Salazar está convencida de que la investigación tiene futuro en España porque "hay grandes científicos, maravillosas universidades y centros de investigación que hacen que nuestra ciencia esté altamente considerada en el mundo", aunque sería de mucha ayuda contar con un Pacto de Estado que garantizara la inversión en Ciencia, Educación y Sanidad, "que deberían ir a toda máquina siempre".

De hecho, si algo ha puesto de manifiesto la crisis del coronavirus es que estos tres grandes bloques "se tambaleaban desde hacía tiempo" y aunque han reaccionado como han podido dadas las circunstancias, debería servir de lección para "cambiar radicalmente las prioridades y por fin apostar por lo que de verdad importa", concluye. EFEfuturo