EFEZaragoza

Rafael Yuste, ideólogo del proyecto Brain, defiende que la ciencia siempre va por delante de la sociedad y que los avances para desvelar los secretos del cerebro humano solo pueden utilizarse con fines altruistas.

Si bien son muchas las cuestiones éticas que entraña el hecho de no solo acceder a la actividad cerebral sino también de modificarla, el neurobiólogo madrileño ha reconocido este jueves en Zaragoza que el hecho de "que haya problemas potenciales no quita los grandes beneficios".

Recién llegado de Estados Unidos, el catedrático de la Universidad de Columbia ha impartido la conferencia Las nuevas neurotecnologías y su impacto en la ciencia, medicina y sociedad para inaugurar La lección de Cajal, un ciclo de conferencias que rinde homenaje al Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal, quien estudió medicina en la Universidad de Zaragoza.

El proyecto Brain supone la primera vez en la historia en la que los científicos acceden a "la caja negra que es el cerebro".

Métodos y técnicas nuevas para leer la actividad cerebral

El objetivo de estas investigaciones internacionales, que implican a 500 laboratorios y 6000 millones de dólares (unos 5390 millones de euros) en inversión, es desarrollar métodos y técnicas nuevas para poder leer la actividad cerebral y alterarla.

"Son herramientas que no tenemos hoy los neurólogos y que necesitamos urgentemente para descifrar cómo funciona el cerebro y poder ayudar a los pacientes que tienen enfermedades neurológicas y mentales que no tienen cura", ha dicho el investigador acerca de lo que considera como "la esquina oscura" de la medicina, a pesar de "los esfuerzos heroicos" de los científicos.

Una revolución en la neurociencia que Yuste pronostica para la próxima década: "Podremos reprogramar ese trozo de cerebro y no solo podemos hacerlo, sino que tenemos la obligación de hacerlo, de ayudar al paciente".

Eso sí, defiende que se necesita un código ético que solo permita acceder a estas bases fisiológicas de la mente cuando sea necesario por razones médicas.

Responsabilidad social, unida a los desarrollos científicos

Ante los temores que puede suponer esta "intromisión" en la mente humana, Yuste ha defendido que los desarrollos científicos y técnicos han ido siempre acompañados de un crecimiento de la responsabilidad social que los ha encauzado.

"Hace más de cien años que las armas químicas podrían haber eliminado a toda la humanidad pero no ha ocurrido, ¿por qué? Porque hay tratados internacionales", ha defendido el neurobiólogo, quien ha puesto también el ejemplo del fuego, la rueda o la energía nuclear como grandes avances de la ciencia que se pueden usar tanto para bien como para mal.

Pero ¿cómo permite la tecnología acceder a la corteza cerebral? Mediante una interfaz cerebro-computadora que puede conectarse de manera invasiva (un chip implantado con cirugía) o bien de forma no invasiva, por ejemplo, con unos cascos o sensores.

Y será precisamente esta última la que servirá como "punta de lanza" para la revolución tecnológica que presagia Yuste, que irá aparejada a estos avances neurocientíficos que "pueden incluso cambiar al ser humano". EFEfuturo