EFEBarcelona

La exposición "Ciencia fricción. Vida entre especies compañeras" cuestiona en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) la hegemonía humana en el planeta y aboga por unas relaciones simbióticas e interdependientes.

La comisaria de la exposición, Maria Ptqk, ha explicado en la presentación que "en la naturaleza no existen organismos autónomos o independientes; todos formamos parte de ecosistemas integrados los unos en los otros; y las especies configuramos una red de colaboraciones, mutaciones e intercambios en la que convivimos como compañeras".

Este cambio de paradigma implica que "la especie humana no es una especie excepcional ni superior".

Siguiendo las teorías de dos figuras clave en la cultura científica contemporánea, Donna Haraway y Lynn Margulis, "en última instancia la simbiosis pone en cuestión la supremacía humana, la idea de que el conjunto de la naturaleza y todos los seres vivos están al servicio del bienestar de la humanidad".

La transición del antropocentrismo –visión del mundo centrada en lo humano– al biocentrismo –lo humano se entiende como parte de un ecosistema– recorre toda la exposición, en la que el visitante puede contemplar una selección de obras artísticas en diferentes soportes: instalaciones inmersivas audiovisuales y sonoras, realidad virtual, pintura, dibujo y cine de vanguardia, así como piezas de divulgación científica.

Entre las obras exhibidas figuran piezas de Cleve Backster, Louis Bec, Paula Bruna, Shoshanah Dubiner, Rubén Duro Pérez, John Feldman, Walon Green, Gustafsson & Haapoja, Donna Haraway, Marley Jarvis, Laurel Hiebert y Kira Treibergs, Dominique Koch, Christie Lyons, Petra Maitz, Stefano Mancuso, Lynn Margulis, Joan Martínez Alier, Terence McKenna, Richard Pell, Saša Spacal o Diana Toucedo.

La directora del CCCB, Judit Carrera, ha subrayado que "Ciencia Fricción" parte de la evidencia de que "los humanos no estamos solos en el planeta sino que lo compartimos con otras especies y otras formas de vida como hongos, bacterias o virus con los que estamos interrelacionados".

La exposición, ha añadido la comisaria, apuesta por "un giro biocéntrico para explorar el diálogo interespecies" y se produce "en el contexto de una pandemia fruto de un virus de origen animal a consecuencia de la alteración de los ecosistemas naturales".

En el último ámbito del recorrido expositivo las tesis defendidas aterrizan en unos términos más concretos a través del ejemplo del Movimiento por los Derechos de la Naturaleza, que, recuerda la comisaria, "toma fuerza en la última década y que propone el reconocimiento de entidad jurídica a entidades no humanas, algo que parece ciencia ficción, pero que ya atribuimos a empresas o administraciones".

Con esta estrategia, precisa Maria Ptqk, "no se trata de reconocer los derechos a un animal o un árbol, sino a ecosistemas, una tendencia que está ganando fuerza en países de Latinoamérica".

La museografía de "Ciencia Fricción" combina, según Ptqk, "la forma de un gabinete de curiosidades y de esos museos de ciencia antiguos en los que había elementos aparentemente dispares, con el trasfondo de un museo de ciencia contemporáneo que cuestiona el supremacismo humano".

Reconoce la comisaria que la relación de la humanidad con los planetas del sistema solar es problemática: "Evidentemente estamos interesados en explorar teniendo las herramientas tecnológicas adecuadas para observar y mirar, pero hay preocupaciones serias en cuanto a contaminación por microorganismos de origen terrestre".

Para Ptqk, resulta más interesante que esa preocupación por preservar otros planetas o la Luna de la huella humana "sirva para volver a mirar hacia la Tierra, y recordar que los fondos abisales de los océanos son lugares por descubrir, o que estamos destruyendo bosques sin conocer todos las plantas y animales que viven en esos lugares".