EFEPamplona

Una tesis doctoral en la Clínica Universidad de Navarra ha caracterizado por primera vez el irrintzi, un grito tradicional vasco, y ha concluido que se trata de "único a nivel acústico" y que se podría aplicar en trastornos foniátricos.

El estudio ha descrito la morfología y el mecanismo fisiológico por el que se pueden producir estas variaciones de la voz en un irrintzi.

Y entender su comportamiento permite una aplicación clínica en “el tratamiento logopédico de disfonías por sobreesfuerzo vocal (como nódulos, disfonía por tensión muscular, etc.) o para mejorar la técnica de canto, especialmente en sopranos líricas, o del volumen alto en profesiones como actores, profesores o locutores", sostiene el decano de Medicina y codirector de la tesis, Secundino Fernández.

Se han estudiado 36 muestras de 12 irrintzilaris mediante un análisis acústico, endoscópico y radioscópico y en el espectograma, la herramienta para objetivar el timbre de las voces, se ha observado que el irrintzi tiene una morfología diferente a la habitual, ya que arroja un dibujo similar a una M mayúscula en lugar de los armónicos en lineas paralelas que se aprecian al analizar las vocales, dice la foniatra y nueva doctora Ana Martínez.

Y añade que este grito "se caracteriza por un volumen y frecuencia muy elevados que, en principio, pueden provocar patología vocal" pero sin embargo "no la produce".

En este sentido Secundino Fernández destaca que una de las principales conclusiones de la tesis es que el irrintzi utiliza los recursos fonatorios, sobre todo las cavidades de resonancia, "de manera muy eficiente, de tal forma que consigue frecuencias e intensidades altísimas sin daño para las cuerdas vocales o con muy poco esfuerzo”.

El equipo médico ha investigado también mediante fibroscopia laríngea y radioescopia lateral las estructuras implicadas en el tracto vocal (laringe, mandíbula y lengua) para observar el movimiento de las cuerdas vocales, la posición de la lengua y la acción del esfínter ariepiglótico (pliegues y músculos de la parte superior de la laringe, justo encima de las cuerdas vocales).

“Son posiciones que favorecen elevar el volumen y la frecuencia de manera segura, estabilizando el aparato fonador, y que permiten ajustes rápidos para cambiar entre la a y la i. De tal manera que conseguimos una emisión muy exigente pero segura para el tracto vocal”, describe Ana Martínez.