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Audi asegura estar marcando el ritmo de la movilidad eléctrica para uso diario, un "ambicioso" proyecto en el que invertirá hasta finales de 2023 unos 14.000 millones, que también se destinarán a la movilidad sostenible y otros campos de innovación.

La citada partida asimismo se destinará, además de al desarrollo de nuevos modelos eléctricos, a la cualificación del personal y a las ventas, ha recordado en un comunicado.

Audi se ha marcado como objetivo para 2025 presentar 30 modelos electrificados, de los que 20 serán totalmente eléctricos.

Para su fabricación usará cuatro plataformas modulares dentro del Grupo Volkswagen al que pertenece la marca alemana de los cuatro aros.

Para el desarrollo del Audi e-tron, el primer modelo 100 eléctrico de la marca -a la venta en España (desde 82.495 euros-, emplea una versión adaptada de la plataforma modular longitudinal (MLB evo).

El segundo modelo eléctrico que lanzará será, en 2020, el deportivo Audi e-tron GT, que se fabricará en estrecha colaboración con Porsche sobre la plataforma J1 para vehículos de altas prestaciones.

En 2021 le tocará el turno al vehículo que derivará del prototipo Q4 e-tron, que se hará sobre la base de la plataforma modular electrificad (MEB) del Grupo Volkswagen. Para Audi se tratará de su vehículo de acceso al mundo eléctrico.

Audi fabricará varios vehículos compactos y de tamaño medio con la MEB, mientras que los eléctricos de gran tamaño y los modelos de lujo tendrán como base la plataforma PPE (Plataforma eléctrica premium), que permite la aplicación de un "gran número" de elementos de alta tecnología, según la marca.

En paralelo, Audi continuará con su gama de híbridos enchufables, que combinan un motor de gasolina con otro eléctrico y una batería de iones de litio. Para el último trimestre de 2019 está fijada la llegada de las versiones con esta tecnología de los modelos A7 Sportback, A8, Q5 y Q7. En 2020 se les unirán otros modelos que la marca no ha identificado.

Asimismo, Audi quiere conseguir de manera gradual el balance neutro de sus emisiones de CO2 en el ciclo de vida completo de sus vehículos (desde la producción de las materias primas para su fabricación hasta su reciclaje).

La meta es que en 2025 la huella de carbono de su flota de vehículos sea un 30% más baja que el valor de referencia que registró en 2015 y que en 2050 todas sus factorías tengan un balance neutro de emisiones de CO2.