EFE/Javier Millán JaroSevilla

Lexus ha ampliado la familia del exclusivo LC Coupe con una versión descapotable con la que busca que el conductor obtenga el máximo placer de conducción y disfrute de una total conexión con la carretera.

El Lexus LC 500 Convertible, a diferencia del LC Coupe -que llegó al mercado en 2017- solo puede elegirse con el motor de gasolina V8 de 5 litros 32 válvulas y 477 CV con un par máximo del motor de 540 Nm.

Por el momento, la marca japonesa premium del Grupo Toyota no tiene previsto ofrecer este descapotable 2+2 (las dos plazas traseras son casi testimoniales) con la motorización híbrida de 3.5 litros de 359 CV.

El Lexus LC 500 Convertible monta un V8 de los gordos

Sinceramente, pocos conductores que estén enamorados de los motores de gasolina "gordos" y que pueden permitirse un descapotable que tiene un precio de partida de 155.000 euros, van a renunciar a las prestaciones por la eficiencia.

Un depósito de 82 litros les va a despreocupar de pasar con frecuencia por la gasolinera, a pesar de que el consumo que le ha homologado la marca es de 11,7 l/100 km, que en la prueba realizada entre las ciudades de Sevilla y Málaga ha registrado picos de hasta 20 l/100 km cuando hemos disfrutado de sus carreteras secundarias y de montaña. .

Pero cada uno de esos litros de más que gastemos nos va a reportar una felicidad al volante que no tiene precio. El LC Coupe Convertible es uno de los pocos coches que enamora a primera vista a pesar de que su diseño es de lo que puede calificarse de "discretos".

No recurre a tiras de luz de led que unen los faros traseros, ahora tan de moda; ni a grandes salidas de escape, o contorsionismos en el diseño. Un capó largo -típico de los modelos Gran Turismo-, un lateral muy estilizado y una capota de lona de cuatro capas -se tardan 15 segundos en quitarla y ponerla una vez que accionamos un botón- son sus fatales armas de seducción.

Si pones la capota te pierdes parte de la melodía que sale del V8

Ya que hablamos de la capota decir que, una vez puesta, aisla bien de los ruidos que hay fuera. El problema es que también impide disfrutar de la melodía que nos llega del motor y éste un sacrificio muy grande porque invita a disfrutar al máximo del motor.

Para ello podemos dejar que sea la caja automática de convertidor de par y 10 relaciones la que haga todo o bien tomar el control desde las levas del volante.

Por si esto no fuera suficiente para lograr una subida de adrenalina rauda contamos con los modos de conducción (se accionan desde un mando que hay por encima del volante y en el lado derecho): ECO, Comfort, Sport y Sport+.

El V8 del Lexus LC 500 Convertible es de los que dejan huella

Ninguno defrauda porque en todos tenemos siempre munición en la recámara para que los adelantamientos sean coser y cantar. Pero a los dos que recurriremos al poco que veamos curvas será a los dos últimos (en el Sport+ las ayudas a la conducción se relajan a la hora de intervenir y permiten jugar un poco más con el coche).

La rigidez torsional que han dado a la carrocería los ingenieros de Lexus consigue que nos olvidemos de que vamos en un cabrio y busquemos la salida más rápida posible de las curvas, donde su estabilidad es máxima y parece que va entre raíles.

Otros elementos también a destacar son el comportamiento de la dirección -es de las que transmiten y facilitan el manejo del coche- y de la amortiguación -es de una dureza que no castiga nuestros riñones, lo que le convierte en un buen rutero-, sin olvidarse de la resistencia de los frenos a la fatiga.

Amor a primera vista y exclusividad garantizada

En suma el Lexus LC Convertible es un coupé que encandila por diseño y prestaciones, que es confortable para el día -a pesar de sus medidas es fácil maniobrar con él- y que recurre a un motor V8 de los de antes, del que cada vez menos se puede disfrutar por la cruzada a favor de las bajas emisiones.

Su tarifa y las unidades previstas para España -20 en su primer año de comercialización- van a hacer difícil que podamos ver este coche circulando por nuestras carreteras, pero es que la exclusividad tiene un precio.

Y si además no es un coche nervioso de conducir a pesar de ser de propulsión, la diversión al volante está garantizada para todos aquellos que cuenten con una cuenta saneada y les guste de aceleraciones de 0 a 100 km/h en 5 segundos o velocidades máximas de 270 km/h si pueden acceder a un circuito.