Desirée García I EFEMadrid

Los temores acerca de que la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil (5G) afecta a la salud son anteriores a la llegada del nuevo coronavirus, pero con la pandemia ha nacido una nueva teoría que relaciona a estas redes de comunicaciones con la covid-19.

La principal tesis de estos conspiranoicos es que el coronavirus puede expandirse a través de las redes de 5G, una afirmación que carece de base científica porque las ondas emitidas por los sistemas de telecomunicaciones no pueden interactuar con un virus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aclara que "no se han encontrado relaciones causales entre la exposición a estas tecnologías y efectos adversos en la salud".

El organismo regulador de los niveles de exposición a campos electromagnéticos, la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP, por sus siglas en inglés), confirma también la idoneidad de los límites permitidos en la actualidad.

Origen: la charla viral de un pseudocientífico

La teoría que vincula 5G y covid-19 tiene su punto de partida en la charla que un supuesto científico llamado Thomas Cowan dio en un foro organizado en Tucson (EEUU) el pasado 12 de marzo por un grupo vinculado al movimiento antivacunas.

En los 10 minutos finales del vídeo, el pseudocientífico defiende que los virus son la "manifestación de una célula intoxicada" y que "cada pandemia de los últimos 150 años se corresponde con un salto cuántico en la electrificación de la Tierra".

Así habría ocurrido con la llamada "gripe española" de 1918, que se registró a raíz de la expansión de las ondas de radio, y con la gripe pandémica tras la Segunda Guerra mundial debido supuestamente ala introducción de radares. Ahora, la covid-19 habría llegado con el 5G.

Cowan argumenta que Wuhan fue un lugar pionero en la implantación del 5G y así relaciona la expansión de esta red de comunicaciones con el brote de coronavirus.

Las ondas 5G no pueden interactuar con un virus

Los expertos explican que es físicamente "imposible" la interacción entre las ondas de las redes de telecomunicaciones y un virus, la OMS no encuentra efectos adversos en el 5G y un documento de varios expertos publicado en una prestigiosa revista médica niega que la covid-19 tenga un origen no natural.

No hay "ninguna" base científica que apoye una relación entre las redes 5G y el coronavirus, según Patricia de Llobet, técnica de investigación de Radiaciones del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

"Es, sin duda, un bulo. Es importante informarse en sitios contrastados para evitar que nos engañen", subraya en declaraciones a EFE esta investigadora de ISGlobal, una institución creada por centros hospitalarios y académicos barceloneses con el apoyo de la Fundación La Caixa.

La explicación de por qué es falso tiene que ver con el hecho de que las radiofrecuencias que se utilizan en las redes de comunicaciones (2G, 3G, 4G, 5G, wifi, radio...) pertenecen al rango de las radiaciones no ionizantes, que se diferencian de las ionizantes en que poseen menor frecuencia y energía, de modo que no pueden desestabilizar un átomo.

Sí pueden hacerlo las radiaciones ionizantes, como son las presentes en los rayos solares, los rayos X y la energía nuclear. Por eso la exposición al sol puede provocar quemaduras y el uso de las radiografías está muy limitado, recuerda De Llobet.

Puedes leer las razones científicas que explican por qué las ondas del 5G y el coronavirus no pueden interactuar en este desmentido.

En cuanto a las organizaciones sanitarias internacionales, la OMS ofrece desde finales de febrero en su web oficial algunas respuestas sobre las redes 5G y en ellas asegura que, hasta la fecha, "no se han encontrado relaciones causales entre la exposición a estas tecnologías y efectos adversos en la salud".

Ni el 5G ni la banda de 60 GHz causan colapsos respiratorios

Una nueva ramificación de esta falsa teoría afirma que el 5G "absorbe el oxígeno" y la equipara con la banda de 60 GHz, que causa un "shock respiratorio o hipoxia cerebral" al reducir el flujo de oxígeno en la sangre.

El bulo parte de una confusión sobre el ancho de banda: el 5G no utiliza una de 60 GHz, sino de 700 megahercios (MHz) y otra entre los 3,4 y los 3,8 GHz. En el futuro está previsto que también ocupe una frecuencia de 26 GHz. No utiliza la banda de 60 GHz ni por el momento se espera tampoco que la emplee.

Además, afirmar que el 5G puede incidir en el flujo de oxígeno en la sangre "no tiene ningún fundamento científico", es una "absoluta falacia", asegura el director científico del Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), el médico epidemiólogo Francisco Vargas.

Aquí puedes leer la verificación completa.

La UE no ha confirmado que el 5G sea perjudicial para la salud

Los conspiranoicos del 5G han llegado a argumentar que la Unión Europea ha "confirmado" que la tecnología 5G es perjudicial para la salud de las personas y el medio ambiente.

Este bulo se basa en la tergiversación de un documento del Consejo de la UE en el que lo que hace es, precisamente, advertir sobre ese tipo de falsedades, y especialmente de los mensajes que afirman que las redes de 5G "suponen una amenaza para la salud o están vinculadas con la COVID-19".

La Unión Europea no ha reconocido que las redes de telecomunicaciones de 5G puedan perjudicar la salud ni el medio ambiente y, de hecho, regula unos niveles máximos de exposición a redes móviles que son 50 veces inferiores a los que pueden causar daños en la salud, según investigaciones científicas.

La normativa comunitaria respecto a los niveles de exposición a campos electromagnéticos se basan en la recomendación del Consejo 1999/519/EC, que fija estos límites estrictos en línea con las directrices de la ICNIRP, por sus siglas en inglés de 1998.

Después de 20 años y tras haber revisado la literatura científica, las nuevas pautas de la ICNIRP confirman la idoneidad de los límites actuales para la exposición a campos electromagnéticos, con ligeras adaptaciones a las frecuencias de las redes 5G.

Puedes leer el desmentido completo aquí.