Sara Rodríguez | EFEMadrid

El pasado miércoles se conoció la cancelación del Mobile World Congress (MWC) de Barcelona por temor a los contagios de coronavirus, una drástica medida tomada por la organización del evento tras anunciar su ausencia algunas de las empresas participantes más grandes.

Las autoridades catalanas habían insistido en que no existía ningún riesgo sanitario, pero algo más grande que el propio virus precipitó la decisión este desenlace para "el Mobile": una “epidemia mediática y de miedo”, como denunció el secretario de Salud Pública de Cataluña, Joan Guix.

En el cultivo y expansión de ese terror al contagio ha tenido un peso determinante la espiral de bulos en torno al coronavirus, una de las mayores epidemias desinformativas recientes.

Las noticias falsas de carácter médico o sanitario a menudo desatan el temor o la alarma social, y eso alimenta la vida de los bulos sanitarios, explica el profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC Alexandre López-Borrull.

Así lo confirma un estudio publicado en 2018 que analizaba las noticias sanitarias difundidas en polaco en redes sociales entre 2012 y 2017, y que revelaba que el 40 % de esas informaciones contenían errores o eran directamente falsas y, a pesar de ello, se compartieron 451.272 veces durante 5 años.

Ante una noticia que nos genera miedo, es más fácil que se tome la decisión de compartir. A menudo, por buena intención nos convertimos en difusores de desinformación”, dice el experto de la UOC.

Otro estudio publicado recientemente por la revista Science demuestra que las desinformaciones y noticias falsas se difunden “significativamente más lejos, más rápido, más profundo y más ampliamente que la verdad en todas las categorías de información”.

¿Por qué? Explican que las historias falsas “inspiran miedo, asco, y sorpresa en las respuestas” y que también influye que “son más novedosas que las verdaderas, lo que sugiere que las personas tienen más probabilidades de compartir información nueva”.

La desinformación en el ámbito sanitario cumple estas dos premisas: inspira miedo y tiene un carácter novedoso.

Además, resulta especialmente peligrosa “porque impacta de forma muy directa en la salud, la seguridad y el bienestar de las personas”, advierte Ferran Lalueza, también profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

Hoy la crisis se llama coronavirus, pero ya lo vimos en los primeros años del sida, con la gripe aviar en 2009, el virus del Ébola en 2014 o con el del Zika en 2015”, añade López-Borrull.

La respuesta de las plataformas

La distancia geográfica, la incertidumbre y la desconfianza en las informaciones oficiales que nos llegan sobre el coronavirus está provocando una oleada de desinformaciones en redes sociales acerca del origen del brote, el número de muertos o la aparición de nuevos casos.

Según el sitio web de noticias estadounidense Axios, solo del 24 al 27 de enero se dieron más de 13.000 entradas en Twitter, Facebook y Reddit con informaciones falsas sobre el coronavirus.

*López-Borrull explica a EFE algunas de las medidas que las plataformas están tomando y destaca que, “si bien suponen un primer paso en la acción de las plataformas digitales contra la desinformación, muestran que aún queda mucho camino por recorrer”.

Facebook está trabajando con una red global de verificadores que revisan las noticias vinculadas al coronavirus y desacreditan aquellas afirmaciones que son falsas. Después, la plataforma limita su difusión y muestra información alternativa precisa.Google, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha lanzado un sistema de accesos directos a información verificada sobre el coronavirus, que aparecen en la parte superior del buscador cuando un usuario indexa términos relacionados con la epidemia.

López-Borrull considera que la solución pasa por que científicos y expertos en la materia tengan presencia en las redes: “Creando hilos de contexto, dando su opinión y ayudando a desmentir bulos”.

La ciencia, la investigación y los resultados científicos tienen ahora un deber social.

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 *Corrección 18/02/2019: Sustituye, por error del periodista, el nombre de "Raúl Magallón" por el de "López-Borrull", a quien corresponden las declaraciones entrecomilladas a continuación: "si bien suponen un primer paso en la acción de las plataformas digitales contra la desinformación, muestran que aún queda mucho camino por recorrer".