EFEBarcelona

A Marc Coma, cinco veces campeón del Dakar en motos, no le asusta salir de la "zona de confort" y, después de colgar el casco en 2015 para convertirse en el responsable deportivo del rally más popular del planeta, entra en los despachos de KTM para asumir el cargo de director general en España de la compañía de motocicletas austríaca.

El 2019 será un año de retos para Coma que, tras más de 15 años estrechamente relacionado con el Dakar, inicia una aventura en la gestión general de la marca de motocicletas que le acompañó durante buena parte de su carrera como piloto.

Desde que a principios de 2018 decidiera cerrar su etapa como director deportivo en ASO, la empresa organizadora del Dakar, el excorredor catalán decidió hacer un alto en el camino. Paró unos meses que aprovechó para formarse en un programa de dirección general en la escuela de negocios IESE.

"Una vez acabe mi convenio con ASO, como director deportivo del Dakar, mi intención era hacer un año sabático y lo aproveché para formarme, porque a lo largo de esta etapa en ASO me di cuenta de que tenía algunas carencias y que tenía inquietudes para formarme", explica Coma en una entrevista con EFE.

Al piloto catalán siempre le había interesado la gestión de negocios. A pesar de que su carrera no le permitió dedicar tiempo a la formación, siempre había gozado de autonomía para manejar su patrimonio deportivo.

"A partir de un cierto punto dejé de tener mánager para gestionar yo mismo mis recursos y mi carrera deportiva. También monté un equipo júnior para ayudar a los más jóvenes", recuerda.

A partir de ahora, a sus 42 años, será el encargado de controlar "todas las vertientes de negocio" de la filial de KTM en España, una empresa que no es nueva para él, pues como piloto había trabajado codo a codo con muchos de los que ahora son sus compañeros en la sede de la compañía, ubicada en Terrassa (Barcelona).

"Siempre he tenido buena relación con KTM. Ya incluso, cuando había dejado la competición, me habían comentado que formaba parte de la familia y que seguro que en un futuro nuestros caminos volverían a cruzarse. Son de esas conversaciones que quedan casi en el olvido, pero a partir del verano tuvimos alguna reunión y se presentó esta oportunidad", relata.

Un reto que llega meses después de una etapa de tres años "intensa" como director deportivo del Dakar, que le ha permitido aprender "muchas vertientes de la gestión" en un gran evento.

"El Dakar tiene una dimensión brutal, con unas 500 personas en la organización, mueves a 3.000 personas diarias de sitio en contextos muy complicados, como es un desierto, con malas comunicaciones, hospitales deficitarios... Esto provoca que tengas que trabajar en entornos adversos en los que las cosas tienen que estar a la perfección, porque si algo está mal diseñado siempre te acaba explotando", reconoce.

Pese a ello, Coma guarda un buen recuerdo de su experiencia dirigiendo el rally donde pudo dejar su huella a nivel de "reglamentación, en el diseño de las etapas, en el orden de salida" para acercar la carrera a los aficionados.

"Lo dejé porque ya había cumplido mi objetivo, ya que tenía una necesidad personal de parar un poco. Había encadenado mi etapa como piloto con la dirección deportiva sin tener ni un día de descanso", explica el ahora dirigente.

Sobre su vida más allá de la competición, Coma reconoce que dos de los aspectos claves en la carrera de un piloto son gestionar la retirada y la motivación tras lograr un gran éxito.

"Lo más difícil es gestionar el momento de parar, es el paso más complicado que tiene un deportista. El hecho de gestionar bien una retirada es una victoria", opina.

Un paso que Coma parece haber asumido con naturalidad. Ahora, después de tres años sin tiempo para ponerse el casco, el campeón del Dakar en 2006, 2009, 2011, 2014 y 2015 vuelve a gozar de su pasión mientras dirige una de las compañías punteras del sector.

"En la época de ASO tenía muy poco tiempo y eso me limitaba mucho, porque para ir en moto necesitas estar en forma. Me dediqué a ir en bicicleta. En los últimos meses, he vuelto a subirme a una moto. Mi vida necesita estar rodeada de gasolina", concluye Coma.