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Javier Fernández (Madrid, 1991), bronce en patinaje artístico en los Juegos Olímpicos de PyeongChang, ve cerca el final de su carrera -"esta medalla no me hace replanteármelo"- y desea a medio plazo "ser entrenador y serlo en España", para que ningún niño "tenga que salir del país", como hizo él a los 17 años.

En una visita a la Agencia Efe en Madrid, Fernández mostró su deseo de que algún día haya en España un Centro de Alto Rendimiento de patinaje, objetivo para el que aún "hay que mover muchas piezas".

El doble campeón mundial y seis veces europeos se declaró "satisfecho" con su tercer puesto en los Juegos y dijo que no ha querido "dar más vueltas" a los errores propios y ajenos que pudieron cambiar, para mejor, ese resultado. También abogó por "limitar el número de saltos cuádruples" en los ejercicios, en beneficio de la parte artística.

P. Al llegar a PyeongChang manifestó que su objetivo en los Juegos era hacer feliz a mucha gente, empezando por sí mismo. ¿Objetivo cumplido?

R. Sí, objetivo conseguido. Después del trabajo que hemos hecho durante tantos años mis entrenadores, mi familia y yo, este es el reto que queríamos conseguir, esa medalla olímpica que se nos escapó en los Juegos de Sochi 2014. Por eso nos ha sabido tan bien, aunque no sea de oro ni de plata.

P. Imagine que Real Madrid y Atlético de Madrid anuncian que van a fichar al mismo entrenador. Nadie lo creería, por inconcebible. ¿Por qué a Yuzuru Hanyu y Javier Fernández (oro y bronce en PyeongChang) les funciona compartir al canadiense Brian Orser?

R. Porque nos ayudamos mutuamente. Nos empujamos a mejorar. Cuando uno cojea, ver a tu directo rival te ayuda, también mentalmente, a seguir esforzándote.

P. Pero una de las funciones del entrenador es estudiar los puntos débiles de los rivales y aprovecharse de ellos. ¿Cómo se administra ese papel en este caso?

R. Más que estudiar los fallos, es el día a día. Nos estamos viendo entrenar. Sabemos lo fuerte que somos cada uno, lo que podemos dar. Y en cada competición cada uno tiene que hacer su trabajo. Y el rival que haga el suyo.

P. Hanyu y usted son dos patinadores muy distintos. En complexión física, en expresividad, en la forma de vestir o en la música que eligen en las competiciones. Incluso en filosofía de vida, ha dicho su también entrenadora Tracy Wilson. ¿Cómo se puede juzgar con el mismo baremo dos estilos tan diferentes?

R. Tenemos un estilo totalmente diferente. De patinaje, de estilo, y también como personas. Eso se ve cuando estás interpretando. Para gustos hay muchos colores, para los jueces también, y ellos eligen en cada competición quién ha sido el mejor ese día. Eso es lo bonito, que no todos somos iguales. A mí me gusta mucho cómo patina Yuzuru, tiene un estilo que vende mucho y que a la gente le gusta. Tiene fuerza. A mí, a lo mejor me gusta más interpretar un personaje, una historia; a Yuzuru no tanto, pero él patina una música y la patina bien.

P. El ruso Yevgueni Pliúschenko, doble campeón olímpico, le recuerda de unos lejanos entrenamientos comunes en Jaca como "un niño torpe, que no destacaba, pero que con trabajo y mordiendo el hielo se convirtió en un gran deportista". ¿Se reconoce?

R. Me reconozco y lo he hablado con él. Me dijo una vez que, cuando me veía saltar, cada salto iba para un lado. Que era horroroso verme porque lo hacía fatal. 'Este chico se va a matar', pensaba. Pero luego vio cómo iba mejorando. Me hizo mucha gracia que un patinador de su trayectoria se fijase en mí. Ahora que nos conocemos es normal, pero hace años no lo era tanto. Me impactó.

P. ¿Y qué le parece la propuesta de Pliúschenko de alargar los programas 15 segundos, para introducir más elementos artísticos?

R. Puede ser una buena propuesta. Yo creo que hay que dar más tiempo para que los elementos obligatorios no vayan uno detrás de otro y que haya más espacio para interpretar la música o la historia que estás contando. Por eso, muchas veces el patinaje se ha quedado encajonado en los elementos técnicos, en los cuádruples. Los patinadores tienen que ser completos y patinar bien, interpretar bien, escuchar la música. Son muchas cosas, pero es lo que hace de un patinador el mejor.

P. ¿Hasta dónde puede llegar 'la guerra de los cuádruples'? El estadounidense Nathan Chen hizo seis en PyeongChang en el programa libre. ¿Cuántos caben en un ejercicio?

R. No hay ningún límite, ese es uno de los problemas. Cada vez los niños hace más cuádruples. Pierdes mucho en la preparación de un cuádruple. Pierdes coreografía, pierdes interpretación. Y si tienes seis, el programa se convierte en nada. Los jueces tendrían que castigarlo, pero no lo hacen. Los seis cuádruples les ayudan a elevar las notas en lo que tendría que ser la parte artística. Si los jueces no lo sancionan, no habrá ningún cambio. Muchos patinadores, como yo, luchamos para que haya una regla que diga que un programa puede llevar dos, tres o cuatro cuádruples en el programa largo, pero que pongan un tope. Que la gente tenga presente que no solo es saltar, que hay otras cosas.

P. Repasemos los dos ejercicios de los Juegos de PyeongChang. Después del programa corto era segundo, a 4,1 puntos de Hanyu y con 3,41 sobre Shoma Uno. ¿Las diferencias le parecieron razonables, según los ejercicios presentados por los tres?

R. En el programa corto, sí. En estos Juegos prácticamente todos han patinado muy bien y las puntuaciones han sido muy elevadas y cercanas unas a otras. Tanto para mí como para los dos japoneses, en el corto fue perfecto.

P. En el largo, se entiende que no le pareció tan bien.

R. No quedé tan satisfecho. No me arrepiento de nada y estoy contento con mi posición, eso lo digo, pero Shoma Uno (plata) no tuvo la penalización correcta en todos los elementos que no acabó con perfección. Cada juez puede puntuar con positivos o negativos y él tenía positivos que tendrían que haber sido negativos. Pero no me quejo, ellos tuvieron buenos patinajes, yo tengo mi medalla y con eso me quiero quedar.

P. Ese cuádruple suyo que no pudo completar y que se quedó en doble, ¿ha dado muchas vueltas a ese momento?

R. La verdad es que no. Estoy contento con mi resultado y mi medalla. Sí que fue un fallo, pero al fin y al cabo estás en unos Juegos Olímpicos, tras una temporada muy complicada, y pueden surgir fallos. Nos puede pasar a todos. No he querido darle más vueltas. Al revés, he querido disfrutar del momento y olvidarme de si hubiera podido quedar mejor.

P. Ya ha comentado que preparar un nuevo ciclo olímpico a sus 26 años sería muy exigente. "Una agonía", llegó a decir. ¿La medalla olímpica le hace replantearse el futuro?

R. No. La medalla lo único que me da es otra razón para estar agradecido y contento con mi trayectoria deportiva. Pero no cambia mi idea sobre continuar o no. Son muchos años, es mucho tiempo y en este deporte competir en unos Juegos Olímpicos con 30 años sería una locura. Hace quince o veinte años hubiera sido diferente, ahora mismo sería inviable. Prefiero dejar mi carrera en un momento en el que sepa que es el correcto, antes que aguantar más tiempo y ver cómo voy bajando en la competición y en el ránking.

P. Este deporte no permite descanso y dentro de un mes se disputan en Milán los campeonatos del mundo. ¿Estará allí?

R. Y antes de los Juegos tuvimos el Europeo. ¿Habrá otro Mundial? He hablado con mi entrenador y creemos que no. Esta temporada hemos trabajado mucho para preparar Europeo y Juegos y creemos que no necesitamos ir al Mundial. Si estamos contentos con los resultados, no queremos, cómo decirlo, agonizar y que me meta otra vez en el entrenamiento para terminar mucho más cansado mentalmente.

P. Una medalla olímpica no es cualquier cosa. ¿Cómo espera que este éxito influya en su futura vida profesional, económica y personal?

R. No lo he pensado. No sé qué me deparará la vida. Sí que sé que voy a estar con más proyectos en la cabeza, liado con más cosas que hacer. Pero el resto está en el aire. Espero que la vida me depare muchas cosas buenas y que todos los proyectos que tengo vayan saliendo.

P. ¿Cuáles son? A medio plazo, ¿le gustaría ser entrenador?

R. Me gustaría serlo y serlo en España, ya sea en Madrid o en otra parte. Desde pequeño es algo que siempre he querido hacer. Sé que puedo. Pero tendré que ver si puedo crear un buen proyecto, si tengo las ayudas suficientes. La cosa está todavía en el aire, hay que mover muchas piezas para conseguir que exista un Centro de Alto Rendimiento en patinaje, un sitio en el que los niños puedan alcanzar un nivel tan alto como el mío sin tener que salir del país.

P. ¿Cuál ha sido el mejor programa de su carrera?

R. Todos tienen su cosa, su parte especial. En unos he patinado mejor que en otros, o me han dado más alegrías, pero no quito mérito a ningún programa, ni a ninguna música ni a ningún traje. Son todos parte de mí. Los he llevado con mucho cariño y me han hecho sudar. No podría elegir ninguno.

P. En cuanto a sus personajes, ¿también tiene parte de Chaplin, de Quijote, de Elvis? ¿Todos están dentro de Javier Fernández?

R. Todos están dentro. He aprendido mucho de todos. He sufrido con ellos y me han dado momentos muy importantes.

Natalia Arriaga