EFECastanheira de Pêra (Portugal)

El bombero portugués Rui Rosinha, uno de los héroes del incendio de Pedrógão Grande, donde hace un año murieron 66 personas, relató, en una entrevista con EFE, sus recuerdos de la tragedia, a la que logró sobrevivir tras permanecer en coma inducido casi tres meses.

"Si luché hasta ahora, lucharé hasta el fin", afirma entre lágrimas el bombero herido que, tras 14 operaciones a las que ya fue sometido, aún tiene algunas más marcadas en el calendario.

Tiene 40 años y, entre los vagos recuerdos del día de la tragedia, destaca el abrazo que le dio su hija menor, que le pidió cuando iba en la camilla que no muriera.

Tras recibir el alta el pasado 14 de diciembre, busca cerrar las heridas, tanto físicas -está incapacitado al 85 por ciento- como psicológicas, ya que perdió a varios amigos y compañeros de trabajo en el grave incendio del que mañana, domingo, se cumple un año.

En su casa de la localidad de Castanheira de Pêra, con la ayuda de su mujer, Marina, Rui Rosinha nos muestra sus manos, totalmente abrasadas por las llamas y con algunos dedos inmóviles porque, explica, "el accidente que sufrimos fue terrible".

Del fatídico 17 de junio de 2017 recuerda que el fuego comenzó en Pedrógão Grande sobre las dos o las tres de la tarde. Y, aunque su servicio de bombero voluntario no empezaba hasta las siete, decidió incorporarse antes por el gran incendio que se avecinaba.

"Por desgracia", confiesa, un coche que circulaba descontrolado y que, posiblemente, huía de las llamas, "chocó de frente contra nuestro vehículo de bomberos en el que íbamos cinco agentes; fue un choque frontal".

Ese día sólo se acuerda de que lo llevaron en camilla, porque cuando ingresó en el hospital de Oporto le indujeron el coma y así estuvo casi tres meses.

De los cinco bomberos que iban en el vehículo, uno falleció y los otros cuatro resultaron gravemente heridos.

Rui Rosinha sólo pudo salir del hospital medio año más tarde, en diciembre pasado y ahora uno de sus sueños es seguir colaborando, de alguna forma, con los bomberos de Castanheira de Pêra.

"Hay algunos problemas que no sé si voy a superar", reconoció Rosinha, "pero hay otras cosas en las que podré ayudar dentro de los bomberos".

"Lo estoy valorando con la familia, porque quiero continuar de alguna manera ligado a los bomberos, sea bombero, sea en otra actividad del cuerpo", añade.

Otra de sus preocupaciones es que la tragedia dejó huella en una zona del interior del Portugal muy envejecida, que se empobreció aún más tras los incendios del año pasado.

"Se habla mucho de que vienen ayudas, que pueden fijarse empresas, pero, tras un año, esas empresas no han venido, no se sabe si vendrán; si sufríamos antes, sufrimos mucho más ahora", aseguró.

Lo cierto, insiste, es que "tenemos una herida abierta y aún es pronto para que cierre", mientras recuerda al bombero fallecido Gonzalo y a su amigo y compañero de trabajo en el Ayuntamiento José Fernando, que murió atrapado en la carretera EN-236, bautizada entonces como 'carretera de la muerte', cuando huía de las llamas.

En todo este tiempo, la solidaridad también ha marcado la recuperación de Rosinha, "no sólo de la gente de Portugal, también hemos recibido mucho apoyo de España, Andorra, Estados Unidos, Francia o Canadá. Fue una ola de solidaridad muy grande".

Entre sus deseos, que se hagan franjas en zonas forestales como la afectada por el fuego y que la gente no sea tan negligente y se lo piense dos veces a la hora de encender un mechero o una cerilla en el monte.

"Todo fuego que no se apaga con un poco de agua, ya es un fuego complicado", alerta. EFE

Carlos García