Susana Cordero de Espinosa, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua

Fray Domingo de Santo Tomás (Sevilla, 1499 - La Plata, Perú, 1570) evangelizador y misionero, pasó al Nuevo Mundo en 1540. En su contacto con los indios, conoció sus costumbres, aprendió su lengua y vio más allá: en 1556 viajó a Europa, se quejó ante la Corte de la deplorable condición de nuestros aborígenes, y pidió que se limitaran los abusos que ejercían sobre ellos la codicia y saña de los conquistadores, devenidos en encomenderos.

Advirtió que los curas evangelizadores debían aprender la lengua de los nativos, para sustraerles de la doble humillación de verterse hacia una fe difícil, en una lengua tan extraña como los símbolos y parábolas que se les proponían para su 'salvación', y escribió su Grammatica, o Arte de la lengua general de los Indios de los reynos del Perú, que publicó en Valladolid, en 1560. Con ella cumplió sus dos propósitos centrales: mostrar que la lengua de los aborígenes peruanos era 'una lengua de civilización' de complejidad parangonable a la de otras lenguas cultas, y reafirmar la humanidad y racionalidad de los nativos, 'excelentísimo lenguarazes' (sic), es decir, en antigua acepción, 'excelentísimos hablantes'.

Nosotros, mestizos descendientes de españoles e indígenas, hablamos una lengua que ostenta la nobleza del mestizaje. Nuestro español aderezado de quichuismos contiene la determinación del español peninsular y la delicadeza que deriva en timidez -¡cuánto de historia cabe en esta reflexión!- del espíritu quichua. Nuestra habla es un ámbito cuyas posibilidades de significación y combinación, producción de imágenes, elusión y sugerencia es, tanto un instrumento de producción poética, como de rica y fina comunicación cotidiana.

Tiempos hubo en que, en familia y escuela, se exigía que habláramos y, sobre todo, que escribiéramos en el español peninsular; al evitar el habla coloquial, nuestras redacciones eran 'correctas', pero poco auténticas. Se nos corregía y pulía la pronunciación de la erre, la de la ye, la de la elle; -no podíamos comernos consonantes finales ni vocales. ¿Permitir que en nuestra conversación con los mayores se deslizaran quichuismos; que saltaran como gazapos, palabras o expresiones de esta antigua lengua?: Nuestro mestizaje, que se negaba en la vida, había de negarse también en la lengua.

Pero como en el habla oral resultaba imposible eludir irremediables quichuismos, se prohibían en la escrita: fuera de ella los le mandaron sacando; me dejó diciendo; los dame trayendo, da escribiendo, me dio redactando, atenuación del imperativo directo que se vuelve adelgazado ruego, tan expresivo de nuestra idiosincrasia. Si pedimos a la empleada doméstica: -María, tráigame un vaso de agua, ella intuirá: -Algo le pasa a la señora, está bravísima. Pero si decimos -María, (o Mariíta), deme trayendo un vaso de agua, no sea malita? atenderá sin reserva al llamado de sintaxis y significado trastornados, y 'enternecidos' con el diminutivo.

Humberto Toscano señala este uso como 'característico del habla coloquial ecuatoriana, sobre todo en la Sierra. Conforme se desciende en la escala cultural y social de la Sierra, el idioma va llenándose más y más de diminutivos': Ahorita, por 'ahora mismo'; Ya mismito, por 'inmediatamente'; Lueguito vengo, por 'dentro de un rato vengo'. Si el dinero del comprador alcanza a pagar el producto que imaginó más caro, expresa: Ve, solo cuatrito ha costado. Pero existe el que llamamos 'diminutivo agradecido' con el cual los campesinos indígenas se refieren a los productos de la Tierra: las papitas, las habitas, el arrocito, el morochito, modo sutil, respetuoso y lleno de amor con que se relacionan con la madre Tierra, intimidad exaltante en esta hora de despojo ecológico.

Giros quichuas de gran eficacia comunicativa penetraron en nuestra habla: Amarcar por 'tomar en brazos' o 'apadrinar en el bautismo': guagua 'niño tierno' (fray Domingo aclara que el uso de guagua era exclusivo de la madre para nombrar a los hijos); huiñachishca, 'hijo adoptivo'; guambra, 'muchacho'; chuso 'pequeño'. Híbridos quichua-español como caballo chupa, nombre de una planta medicinal; chimba-calle 'calle del otro lado del río'; chaqui-ñán 'camino de a pie'; Limpio-pungo, 'puerta limpia'; chacra, 'sementera pequeña', huasipungo, huacho?

Nuestra cocina mantiene gran cantidad de quichuismos: el locro, el timbushca, los llapingachos, las choclotandas, el caucara, el champús, el sango, la chuchuca, el mote, el chulco, la mashca, etc. El ají rocoto, la chicha de jora. Existen muchas seudomorfosis quichuas: Hablar significa 'comunicarse con palabras', pero también 'reñir' o 'reprender': Rompiste el vaso, mamita te ha de hablar; hablar atrás es 'murmurar'; llevar significa 'llevar' y 'traer'; el ocioso es un come de balde. El abuelo es el papá grande (jatun yaya). El dedo pulgar, dedo mama, y una canica grande, bola mama; la gran cuchara de madera es la mama cuchara o cuchara mama.

Volvamos a las razones que Fray Domingo aduce, ante Felipe II, para haber escrito su Grammatica, Arte o Artecillo (nótese este diminutivo):

Mi intento pues principal al ofresceros este Artecillo ha sido, para que por el veays, muy clara y manifiestamente quan falso es lo que muchos os han querido persuadir, ser los naturales de los reynos del Perú barbaros & indignos de ser tratados con la suavidad y libertad que los demás vasallos vuestros lo son. Lo qual claramente conocscera V. M. ser falso, si viere por este Arte, la gran policía ('buen orden, limpieza') que esta lengua tiene, la abundancia de vocablos, la conveniencia que tiene con las cosas que significan. Las maneras diversas y curiosas de hablar. El suave y buen sonido al oydo de la pronunciación della.

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.