Paulo Speller, Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Defender la diversidad cultural y lingüística implica resguardar la memoria de los pueblos, sus valores identitarios, sus raíces y tradiciones y resaltar su valor intrínseco en términos de cohesión social, convivencia, diálogo intercultural y paz, así como revertir el proceso de estandarización cultural asociado a la mundialización y a la mercantilización de los bienes y servicios culturales.

Por todo ello se hace tan necesario integrar la cultura en las políticas de desarrollo de manera transversal en todos los ámbitos y, en especial, en aquellos relacionados con la educación, la ciencia o la economía. Por otra parte, en términos de medio ambiente, la diversidad cultural y la biodiversidad no son solamente interdependientes; son además indisociables, dimensión crucial en términos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

La diversidad cultural es además un aliciente y una fuente de valores intangibles asociados al desarrollo económico sostenible, especialmente en los casos de poblaciones más vulnerables y constituye un activo para la economía. Igualmente, el reconocimiento de la diversidad cultural es un activo, un aliciente para el diálogo entre civilizaciones y culturas y un espacio de promoción de paz.

Según Naciones Unidas, más de 300 millones de personas forman alrededor de 5.000 poblaciones indígenas en cerca de 70 países del mundo. Ello supone un desafío para integrar los principios y valores de la diversidad cultural en las políticas, los mecanismos y las prácticas, tanto públicas como de toda la ciudadanía, de forma que cada uno, desde sus entornos y posibilidades, se haga eco de este propósito.

El papel de la OEI en defensa de la diversidad cultural

La diversidad cultural es un elemento esencial en los procesos de integración y cooperación internacional en los que las diferencias brindan un rico espectro para el intercambio y el diálogo intercultural y para el desarrollo de políticas basadas en la interculturalidad.

En ese sentido, resulta imprescindible llevar acciones en el ámbito de la diplomacia cultural que tengan como objetivo aplicar los principios interculturales y que constituyan un efectivo reconocimiento de las diferencias como vías para descubrir semejanzas y promover intercambios fecundos.

La aplicación de estos principios implica tomar conciencia del valor y la riqueza que supone la diversidad y ello sólo puede forjarse mediante un permanente proceso de carácter educativo y de acción cultural. Por ello es prioritaria la incorporación en los planes de estudio de los diversos niveles educativos de temas asociados a la diversidad y el diálogo intercultural.

Así lo ha entendido la OEI cuando abogó por la puesta en marcha del proyecto de las Metas Educativas 2021 y la Carta Cultural Iberoamericana (CCI), documento validado por los países iberoamericanos que guía sobre la importancia del compromiso de los pueblos para proteger lo más preciado de las comunidades: sus culturas. Se trata, en fin, de un marco orientador impulsado a partir de la firma de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, aprobada por la UNESCO en el año 2005.

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.