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  • Chavi Pascual, el único "gallego" de Argentina
  • Madrid, 18 ene (EFE).- Chavi Pascual responde al teléfono con un marcado acento argentino. No parece haber nacido en Bilbao hace 35 años. Vosea, el final de sus frases tienen la cadencia de un bonaerense y emplea palabras propias del país que le ha acogido en los últimos cinco años, el tiempo que lleva defendiendo las porterías de diferentes clubes para ser el único futbolista español en Argentina.

    Muchos opinan que para hacer un equipo campeón en Europa es necesario contar con un argentino. En España, a principio de la temporada 2016/17, entre todas las categorías comenzaron sus respectivos campeonatos 49 futbolistas del país sudamericano. Al revés, no ocurre. Pascual es la excepción que cruzó el charco para jugar en equipos como San Nicolás, Sacachispas, Excursionistas y, ahora, en el Deportivo Español.

    El nombre del club en el que milita en la actualidad tiene historia. Y más para un español como Pascual. Hace décadas, el trasvase de jugadores de un país a otro ocurría al contrario. Muchos españoles, tras la Guerra Civil (1936-1939), salieron del país por motivos políticos y buscaron hacer carrera en Argentina. Nombres como los de Isidro Lángara y Ángel Zubieta triunfaron en San Lorenzo y fueron las figuras más destacadas de los numerosos futbolistas que dejaron España.

    El Deportivo Español fue fundado en 1956 por algunos de esos inmigrantes de la ciudad de Buenos Aires. Con los años se consolidó como uno de los clubes más importantes del colectivo español en Argentina. De hecho, llegó a jugar 15 temporadas en Primera División. Y en ese club, décadas después de su fundación, Pascual, conocido como "el gallego", hace carrera.

    LA OPORTUNIDAD PERDIDA DEL ATHLETIC

    Pascual nació en una familia con mucha afición por el Athletic pero sin ningún antecedente futbolero. Su padre, abogado, y sus hermanos y hermanas, todos universitarios, no tenían esa cultura profesional con la que pensar seriamente en dedicarse a un deporte. Por eso, cuando jugaba en el colegio y le llamaron desde Lezama para jugar en las categorías inferiores del club vasco, tuvo que esperar a terminar la selectividad para dedicarse de lleno al fútbol.

    "Mientras, me quedé en el equipo del colegio. Ahí jugué con un poco de desventaja. Cuando lo acabé e iba a ir a la universidad, no me iba a dedicar al fútbol. El año anterior falleció mi padre y yo iba a estudiar a Pamplona. Pero me dio un poco de angustia, volví a casa y me llamaron del Athletic. Luego fiché por el Baskonia. Si hubiera tenido años de formación en juveniles creo que habría aprovechado la oportunidad de estar en el Athletic", dijo a EFE.

    Aún así, Pascual admite que fue una gran decisión. Como su familia, opina que estudiar es importantes porque el fútbol es, afirma, una moneda en la que puede salir cara o cruz. Al final, consiguió dedicarse al fútbol y lo hizo con estudios.

    En España jugó en el Eibar, el Oviedo, el Racing, el Barakaldo y el Nàstic. No llegó a debutar en Primera División. Lesiones inoportunas en momentos cruciales, se lo impidieron. Aún así, llegó hasta la categoría de plata y, en 2011, tras su segunda temporada en el Nàstic, hizo las maletas para marcharse a Argentina.

    EL ÚNICO "LOCO" DE ARGENTINA

    "Debo de ser el único tarado o loco que está en Argentina. Vine por amistad. En el Nàstic tenía mucha con un argentino, Maxi Caire. Se juntaba con muchos que estaban en Tarragona y siempre me decían que tenía que ir a Argentina a jugar porque con mi altura (1'90) en cualquier sitio me iban a probar", comenta.

    Así que, sin pensarlo demasiado, Pascual se fue de España y probó en equipos como el Atlético Tucumán, de Primera División. El entrenador que había entonces se quería quedar con él, pero por motivos ajenos al fútbol tuvo que aceptar otras propuestas. "Tenía ganas de aventura en Argentina y me quedé", dice.

    Desde aquel ya lejano 2011 Pascual no ha abandonado Argentina y se siente muy querido. Y, según confirma, está muy a gusto en un país en el que conoció a su mujer y tiene una hija: "Siempre me trataron muy bien en todos los sitios, en todos los clubes. Me respetaron. Aquí se respeta mucho la trayectoria. En los clubes, ese tipo de jugadores son muy respetados. Me favoreció en ese aspecto ser un español".

    "Todo el mundo me conoce por "el gallego". De Segunda para abajo, al fútbol de aquí le llaman "el ascenso" para englobar todo. Le preguntas a cualquiera y el arquero gallego soy yo. La gente te conoce y eso me sirvió al principio cuando llegué", explica.

    LA FIEREZA DE LAS BARRAS BRAVAS

    En Buenos Aires, Pascual ha podido disfrutar del aroma del fútbol de barrio. En la capital argentina, casi cada parte de la ciudad tiene su equipo y, aunque no sean de la máxima categoría, los aficionados se vuelcan con su club en cada partido. Los estadios, abundan en la ciudad. De hecho, ninguna en el mundo tiene tantos como Buenos Aires. En total, hay hasta 36 con capacidad para más de 10.000 espectadores.

    "Es fútbol muy cercano. Si bajas de donde vivo, a Belgrano, está Excursionistas y toda la gente de ese barrio es hincha de ese club. Treinta calles más arriba está su rival directo, con cuatro o cinco mil. Si bajas a otro barrio, está Villa Crespo con Atlanta, un equipo de Primera División ahora en Segunda B y tienen 10.000 socios. Te encuentras un estadio casi en cada sitio", afirma.

    En las gradas Pascual se ha encontrado con una hinchada muy fogosa. Muchas veces dan colorido con sus banderas, con sus globos y con sus cánticos ingeniosos. Pero, en otras, los sectores más fieros, las barras bravas, le han causado algún que otro susto.

    "Te dicen cualquier cosa para desconcentrarte y ponerte nervioso. Cuando se pone el partido feo, te tiran cualquier cosa, te lanzan bebidas o te escupen mil veces. Cuando tienes la hinchada justo detrás, es peor. En algunos estadios están comenzando a ponerla en los costados porque se arma lío. Te tiran una bomba estruendo o un petardo y se arma. El tema seguridad es jodido".

    De hecho, en un partido, tuvo que salir a la carrera en cuanto el árbitro pitó el final. Él y sus compañeros estaban avisados. Tuvieron que disputar un encuentro poco después de la muerte de un aficionado por un disparo y tenían órdenes de tener la bolsa preparada para salir corriendo si la situación se ponía fea.

    "Empatamos a cero, y los hinchas se querían subir por las vallas para molernos a palos. Salimos todos corriendo. El vestuario estaba en el córner, yo estaba en la otra portería. Agarramos las bolsas, salimos al autobús con la policía, subimos sin ducharnos y cuando paraban la camioneta, todos nos lanzábamos al piso porque nos tiraban piedras y de todo".

    LOS CONTRASTES DE BUENOS AIRES

    A Pascual le encanta vivir en Buenos Aires. Está enamorado de esa ciudad. Pero también ha conocido sus grandes contrastes. Tal vez, la fiereza y la pasión que se ve en un estadio de fútbol se traslada a las calles. Igual que hay buenos barrios tranquilos, también los hay peligrosos o con carencias a la vista.

    "Se ven cosas que no se ven en España a niveles de pobreza y de baja cultura. Está muy a la vista. En según qué barrios, ves casas construidas por la gente tipo chabolas. Gente pobre. Yo vivo en un barrio lindo, pero cuando te mueves un poco, al extrarradio, hay mucha diferencia. Se siente la pobreza, la inseguridad. Se siente la latinoamérica más cruda".

    Pascual está muy a gusto en la capital. No sólo se ha casado y ha tenido un hijo. Se siente muy integrado. Y, una de sus mayores aficiones, es el mate, del que se declara fanático y enfermo. "Es algo que se comparte con amigos y familia. Es más que una bebida. En España bebes lo mismo con alguien y hay escrúpulos. Aquí al revés, es algo que se comparte, con más connotaciones".

    FUTURO FUERA DEL CÉSPED

    Con 35 años, no sabe cuantos años le quedan de carrera. Sí tiene claro que no quiere arrastrarse por los campos de fútbol, aunque mientras esté en forma, como ahora, quiere seguir poniéndose los guantes. Pero, por si acaso, siempre inquieto, Pascual ya vislumbra un futuro fuera del césped y más relacionado con los despachos.

    "Me gusta el marketing deportivo, la gestión deportiva y la representación y asesoramiento de jugadores desde una óptica necesaria aquí. Los chicos tienen un déficit grande cultural. Muchos vienen de entornos sociales bajos. Pocos jugadores tienen opciones de estudiar. El futbolista es de una clase humilde. Desde ese lado, me gustaría ayudar".

    Por eso, el año pasado hizo un curso de postgrado de FIFA a nivel internacional de derecho y marketing deportivo que le abrió los ojos para mirar al fútbol desde otra perspectiva. Pascual parece tener las ideas claras y, aquello que le inculcó su padre de la importancia del estudio, lo lleva a fuego en su cabeza.

    Pero, mientras llega ese momento, el único español que juega al fútbol en Argentina seguirá parando balones en el Deportivo Español, el club donde da lecciones bajo los palos y a veces sufre a las barras bravas. Pero para él, merece la pena: "Recomiendo salir. Se viven y ven cosas a las que no estás acostumbrado en España. Y cuando vuelves, disfrutas más de lo que tienes". Palabra del único "gallego" en Argentina.

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