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Alfredo Di Stefano, Emil Zatopek, Jesse Owens, Lilí Álvarez o Rafael Gordillo, todos ellos se encuentran en el “álbum de cromos” con el que el escritor, catedrático y crítico literario (y taurino) Andrés Amorós hace un repaso de los héroes del deporte y, también, de la nostalgia gozosa con la que los miramos.

“Álbum de cromos. Héroes y mitos del deporte mundial en tiempos sin Wikipedia” (El paseo) nace con una abierta y clara reivindicación de la nostalgia, de un tiempo en que la gente, aun sin internet, sin Wikipedia, sin redes sociales; sin apenas nada más que la radio, la prensa y, sobre todo, la imaginación, mitificaba a unos personajes que les daban unos minutos de placer por la magnitud de sus hazañas.

En entrevista con Efe Amorós señala que este es “sobre todo un libro de recuerdos”, y para ello pensó “en la metáfora de los álbumes de cromos que hacíamos los niños de mi generación” y que eran de lo más variopinto: desde futbolistas, hasta estrellas de cine o paisajes y países lejanos.

El tenis, el fútbol, el boxeo “cuando éramos niños, no los veíamos. Solo podíamos escucharlos en la radio y eso aumentaba el tono mítico de aquellas hazañas”, afirma.

Para Amorós -gran seguidor de muchos deportes y en otro tiempo practicante de algunos como el tenis- se ha producido un cambio muy notable en la mentalidad y en la personalidad del deportista actual con respecto a la de aquellos que glosa en su libro.

A su juicio, los deportistas contemporáneos han perdido ese aura heróica, mítica pero al mismo tiempo humana, radicalmente humana y parecen estar como “fabricados”, como modelados.

Algo semejante, según afirma Amorós, también reconocido melómano, “a los intérpretes de música clásica, que parece que salen en serie, sobre todo de ciertos países” y que tocan técnicamente de manera casi perfecta pero que -subraya- carecen del genio, de la expresividad, de la pureza de, por ejemplo, el pianista chileno Claudio Arrau, cuya delicadeza para interpretar a Chopin o Schubert era inigualable.

Aquellos deportistas “eran más auténticos, más humanos. Ahora quizá todo está más prefabricado, más organizado”, pero eso -sostiene- ha ido en detrimento “del individuo genial, del puro genio”.

Amorós recuerda a Mané Garrrincha, considerado el mejor extremo derecha de todos los tiempos, el gran complemento de Pelé en la selección brasileña que gana las Copas del Mundo de 1958 y 1962. Un mago genial, un burlón de piernas arqueadas, una de ellas más corta que la otra, que siempre hacía el mismo regate y siempre conseguía irse de los defensas una y otra vez.

Una vida la de Garrincha casi de poeta o de pintor maldito, solo que en vez de vivir en el París de la “Belle Epoque” vivió en Río de Janeiro y compartió su arte, -el de jugar al fútbol- con las masas, que lo conocían como “la alegría del pueblo”.

Una alegría, no obstante, efímera pues el alcohol, su carácter tan genial como bohemio, su desatención por todo lo que no era jugar y divertirse lo llevaron a una muerta prematura, solo y en la más absoluta miseria.

“Por muy liberal que uno intente ser, hay cosas que no admiten discusión: el mejor novelista de todos los tiempos, sin duda alguna, es Miguel de Cervantes; el mejor autor de teatro, William Shakespeare; el mejor pintor, Velázquez; el mejor torero, Joselito el Gallo; el mejor cineasta, John Ford; el mejor futbolista, Alfredo di Stéfano”, afirma Amorós en un pasaje de su libro, al tiempo que recuerda en la entrevista que era el “futbolista total”, el hombre que cambió la historia del Real Madrid.

Juan Belmonte decía que “se torea como se es”, algo con lo que Amorós está completamente de acuerdo, trasladado también al terreno del deporte o de la literatura.

“Se torea, se juega y se escribe como se es y en la literatura esto es evidente porque escribir es algo transparente y, lo mismo en el toreo, o en el deporte”, afirma.

“Hay gente muy dotada pero que no ha llegado a la cumbre ¿Por qué? Pues no lo sé, quizá por su propia personalidad”, comenta el escritor.

Ahora que la pandemia de coronavirus parece remitir se comienza de nuevo a volver a los estadios, a los cines, a los teatros, incluso a la Feria del Libro, este año en un Madrid preotoñal y no en primavera como es tradición.

“Ahora tenemos una conciencia de fragilidad que antes no teníamos. Todos tenemos amigos, familiares, conocidos que han muerto por esta enfermedad o la han sufrido”, afirma Amorós, quien no obstante subraya que “es necesario ahora más que nunca disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida; y que cada uno lo haga a su modo, con lo que le guste”.

Fernando Prieto Arellano