EFEBergondo (A Coruña)

Aunque el Código Civil español ha dejado de considerar a los animales como objetos hace escasas semanas para reconocerlos como “seres vivos dotados de sensibilidad”, muchas familias ya sabían que sus compañeros son un miembro más de su hogar.

De ello da cuenta la gerente del crematorio de animales Galimascota, ubicado en Bergondo (A Coruña), Rosa Guerra, que también está al frente de Servigal, una empresa de gestión de los servicios municipales de recogida de perros y gatos abandonados en la vía pública.

“Si eres un buen propietario, te da igual la ley que entre en vigor”, asegura en una conversación con Efe Rosa Guerra (A Coruña, 1972) al reflexionar sobre los cambios que traerá consigo la nueva normativa de protección animal.

Esta empresaria, volcada en los animales desde hace más de 24 años, ve “las dos caras de la moneda”: “Me toca la parte de propietarios responsables que quieren a sus animales y también la parte dura, el maltrato y el abandono”.

La primera es la de Galimascota, el primer tanatorio de animales que tuvo la comunidad gallega -ahora son cuatro- y que puso en marcha en 2015 con el fin de “darles servicio a todos los ciudadanos que querían darle una despedida especial a su mascota” o ayudar a aquellos que lo necesitaban para retirar rápido de sus casas a sus compañeros fallecidos.

“Luego vimos que había la necesidad por parte de los propietarios de una pequeña despedida. A muchos les fallece la mascota en la clínica veterinaria. No han tenido la oportunidad de ver a su animal, despedirse, darles un último achuchón y aquí tienen la oportunidad de hacerlo”, relata.

Para ello, tienen una pequeña sala en la que hacer un pequeño velatorio, que en este caso dura unos minutos.

Precisamente, el momento más duro para Rosa es el de decirle a los propietarios que deben separarse de los animales porque llegó la hora de la incineración.

De hecho, recuerda un caso que le rompió el corazón, el de un septuagenario que vivía solo y su perrita pequeña lo acompañaba todas las semanas a Madrid, donde tenía negocios. “Para ese señor su perra era su vida. Se despedía de ella y lloraba como un niño”, rememora.

Este gran afecto por los animales cada vez es mayor en la sociedad y ello lo prueba es la creciente demanda de sus servicios, pues cada año tienen más clientes.

Solo en el año 2021 Galimascota realizó 1.002 incineraciones individuales -corresponden a los dueños que quieren llevarse las cenizas- y casi 800 colectivas.

Aunque el 80 % de los animales que reciben son perros y el 15 % gatos, también han llegado a tener tortugas, hámsteres, serpientes, loros y cerdos vietnamitas, entre otros.

Para facilitar el traslado, hacen un servicio de recogida por toda Galicia, tanto en domicilios particulares como en clínicas veterinarias.

La comunidad autónoma tiene 706.516 mascotas censadas en el Registro Gallego de Identificación de Animales de Compañía (Regiac), de las que 266.584 están en la provincia de A Coruña, 103.535 en Lugo, 89.879 en Ourense y 246.518 en Pontevedra.

El número de animales inscritos también crece, ya que, tal y como indica Rosa, “cada vez estamos más concienciados con los animales”, aunque todavía “falta mucho”.

En este sentido, Guerra lamenta que los nuevos pasos dados en materia de bienestar animal como la Ley de Protección y Derechos de los Animales, que se encuentra en anteproyecto, puede suponer “muchos más abandonos” por miedo a las sanciones.

“Las leyes están estupendas si se llevan a la práctica”, argumenta Rosa, quien recuerda que ya es obligatoria la identificación de perros en España, pero aun así muchos no lo hacen.

Con ello, solo espera que la sociedad siga evolucionando hasta parecerse un poco más al ecosistema que rodea a Galimascota.

Ana González