EFESantander

Si le toca el Gordo de Navidad en Cantabria, los millones se sustituyen por kilos de comida y bebida y en vez de conseguir el sueño de la lotería de viajar al lugar que siempre pensó, tendrá que buscar el teléfono de un ganadero para venderle unas gallinas o un cabrito.

Eso es lo que incluye el Cuevanucu, un peculiar y excéntrico sorteo navideño que ganará la papeleta que tenga el número que coincida con el primer premio de la lotería de Navidad o de El Niño, si no aparece antes del 6 de enero un ganador.

El Cuevanucu reparte una cesta que incluye una amplia y quizá única variedad de productos y experiencias cántabras e, incluso, varias especies de animales vivos.

En el sorteo, que lleva el nombre del tradicional cesto de mimbre que usaban los pasiegos para transportar enseres, destacan 9 animales vivos, 13 kilos de embutido, 22 cajas de dulces, 30 botellas de vino y licores, 30 kilos de legumbres, 45 latas de conserva, 50 kilos de patatas y varias piezas de carne y pescado.

El sorteo comenzó a celebrarse en los años 80 y es una de las principales fuentes de financiación de la Asociación de Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), como explica a Efe su gerente, Pedro Madrazo.

Asegura que el Cuevanucu ha llegado a repartir “terneros, cabritos, gallinas y conejos”, aunque admite que los animales vivos terminan “siendo un problema”, por lo que el premio se ha ido "modernizando" con los años.

Y, por ese motivo, las grandes cantidades de productos que tiene la cesta se complementan ahora con un extenso lote de visitas a las principales cuevas cántabras, museos regionales, un spa, planes de turismo rural, música y ropa tradicional e, incluso, una estela de piedra.

El cuévano, valorado en unos 4.000 euros, trata de combinar la cultura y la gastronomía cántabra, para formar un sorteo identitario y pintoresco que además tiene una vertiente social, ya que si no aparece el ganador, ADIC dona todo el premio a comedores sociales.

UN AUTÉNTICO "MARRÓN"

"Menudo marrón me ha tocado". Fue lo que pensó María cuando comprobó que tenía el número ganador del Cuevanucu en la papeleta que le compró a su panadera de Loredo, el pueblo cántabro en el que pasa los fines de semana.

Esta bilbaína confiesa a Efe que al principio le abrumó el premio y no sabía qué hacer con los animales vivos, así que los acabó regalando, ya que este sorteo no tiene reintegro posible: hay que aceptarlo todo, animales incluidos.

Asegura que estuvo "medio año" comiendo la carne y el pescado, que tuvo que guardar en un arcón de hielo que se compró especialmente para la ocasión. "Si me vuelve a tocar, estoy preparada", subraya.

Esta 'inabarcable' cantidad fue solucionada por Blanca, ganadora en 2006, con la donación de 100 kilos de patatas de Valderredible y parte del premio que le tocó a un comedor social de Santander.

Reconoce que no se había leído la papeleta completa, por lo que al momento de ver lo que le había tocado, se llevó una gran sorpresa, ya que recibió hasta un cerdo vivo, que vendió junto al resto de animales a un ganadero por poco más de cien euros.

UN PUEBLO DE FIESTA

Juan no necesitó ningún arcón de hielo para guardar lo perecedero ni una despensa para el alcohol y los dulces, porque agotó prácticamente todo el premio en dos días, celebrando una fiesta en San Román de Campezo, el pueblo alavés de su suegro, junto a sus 25 habitantes.

Según relata, todos los años compra papeletas y se las regala a sus amigos y familiares. Cuando tocó en 2018 el número de su suegro, todo su pueblo decidió alquilar un autobús para acudir a la entrega, momento en el que comenzaron las celebraciones. "Nos tomamos un par de blancos, comimos, recogimos el premio, un cubata y para el pueblo", detalla Juan a Efe.

Asegura que los dos días de celebraciones, que coincidieron con el día de San José, dejaron una fiesta "que se recordará para los restos" en ese pequeño pueblo de Álava.

En su caso, los animales vivos fueron a parar al corral del agricultor del pueblo, que todavía hoy cría a las gallinas, mientras que Juan se quedó con las visitas a los museos y atracciones cántabras.

El Cuevanucu ha supuesto un antes y un después para San Román de Campezo, en donde la población se ha cuadruplicado en los últimos años. "Un niño ha nacido y todo", bromea este cántabro, que añade que, a pesar de los dos días de 'atracón', hasta hace pocos meses todavía quedaban algunos resquicios del premio y que se comió el último tarro de caracoles caducado. No le importó, porque "estaban cojonudos".

Pablo Ayerbe Caselles