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Si en el desfile de Andrés Sarda se ha recordado este miércoles la figura de su creador con una lencería en la que mantilla ha sido la protagonista, en el de Roberto Diz se ha visto una colección inspirada en noticias que se ven un telediario sobre situación política, migraciones o cambio climático.

Andrés Sardá, fallecido el pasado mes de septiembre, ha recibido hoy un homenaje en la pasarela madrileña con un evocador desfile en el que se ha recordado su legado y, al mismo tiempo, también se ha mostrado el nuevo trabajo de la firma en el que prima color, volumen y mucho optimismo.

Pionero en llevar la lencería a las pasarelas, Andrés Sardá puso alma a una lencería casi ortopédica a partir de la tradicional mantilla, tejido ligado a la tradición española, con el que ha dado comienzo el desfile en el que han brillado piezas del archivo como si fueran diseños actuales.

Las modelos de la década de los 90 Judith Mascó, Verónica Blume, Vanesa Lorenzo y Martina Klein han sido las encargadas de abrir este desfile con prendas realizadas en encaje negro.

"Ha sido emocionante y a mismo tiempo complicado concentrar el universo creativo de mi padre", ha explicado a Efe Nuria Sardá, directora creativa de la firma.

En un primer bloque se ha podido ver piezas de los setenta, una lencería innovadora, en color y lisa confeccionada en materiales novedosos, prendas íntimas que fueron fotografiadas por David Hamilton. "Mi padre era consciente del poder y la importancia de la imagen para crear marca y marcar tendencias", ha dicho Nuria Sardá.

En la década de los 80, este visionario y emprendedor Andrés Sardá revolucionó el interior femenino con una fórmula que aunaba diseño y sofisticación.

Prueba de ello han sido las prendas confeccionadas con encaje, chantilly o tul en las que se integraban piezas de plástico o licra, un trabajo de ingeniería que en su día fue sexy y hoy resulta moderno.

Sus evocadores desfiles siempre se esperaban con deseo. Sardá creía en el empoderamiento de la mujer y su arma fue una lencería que a día de hoy sigue siendo vanguardia y moda.

El desfile homenaje, que comenzó con un minuto de silencio, terminó con una explosión de color y alegría en la que ha primado una lencería de encaje moderna.

Antes, Roberto Diz también quiso rendir homenaje al diseñador Ungaro con un desfile que ha abierto la tercera jornada de la pasarela, en el que plantea una metáfora sobre la situación mundial, el problema de las migraciones o el cambio climático.

"Ungaro es un grande de la moda y quería recordarlo con diseños con mucho volumen", con metalizados reflectantes, vestidos de escotes abullonados, capas y tops combinados con pantalones pitillo.

El diseñador sevillano ha confesado estar "muy preocupado" por la situación mundial, en la que se ha inspirado para crear "La Caja N3gra", una colección que parte del desastre de un accidente aéreo y que refleja en prendas oscuras, donde el negro es protagonista junto al azafrán y borgoña, y en complementos, como los pendientes, que incorporan restos de "basura".

Una "opresión social" que traslada a vestidos mini con gomas de alta densidad que se ciñen al cuerpo y también traslada a vestidos de fiesta.

En este baile de clases sociales, en el juego que establece entre "el lujo y la pobreza", Roberto Diz ha cambiado sus patrones estrechando la cintura, bajando los hombros y ajustando los pantalones a la pierna.

El cheviot y la lana son algunos de los tejidos elegidos sobre los que Diz borda en azabache una flor de Lis, una de las figuras más populares de la heráldica y emblema de los borbones desde el siglo XVI.