EFEParís

La Alta Costura no sólo sirve para vestir las alfombras rojas. Esto demostró Dior este lunes en la pasarela parisina, donde propuso una colección optimista y rica en tejidos, con trajes de lana, sedas bordadas, terciopelos y unos vestidos de sastrería más sobria y urbana.

La firma francesa celebró el primer desfile presencial de la Semana de la Moda Alta Costura de París, donde se muestran hasta el jueves las colecciones más exclusivas de los talleres para el próximo otoño-invierno, realizadas íntegramente a mano en un desbordamiento de creatividad, técnica y fantasía.

Sin embargo, el ensueño que rodea tradicionalmente estas creaciones, entre ellos los vestidos que a menudo se ven después en la alfombra roja, fue sustituido por la diseñadora Maria Grazia Chiuri, al frente de Dior, por un armario más cercano al día a día, aunque muy rico en detalles y tejidos.

Chiuri recuperó la silueta de cintura fina y falda abombada que revolucionó la moda tras la Segunda Guerra Mundial, el llamado "New Look" de Christian Dior, y recreó las faldas de vuelo plisadas en lana de "tweed" gris, combinada con camisetas de rejilla y top negro.

El "New look", que Dior reinterpreta año tras año, fue versionado en esta ocasión en clave minimalista, con un sobrio traje negro de pantalón-falda y chaqueta de mangas abultadas, pero también en un aire más masculino, con chaqueta tipo kimono, marcada en la cintura con un peplum y pantalón recto.

La colección recuperó distintas influencias: las telas trabajadas de lanas inglesas y las gabardinas, alargadas hasta los pies, daban un aire británico, muy Sherlock Holmes, mientras que la simpleza de las líneas, los cuellos alzados y las sedas estampadas recordaban a un vestuario más oriental.

"El regreso a lo presencial implica desplazar la atención hacia una materialidad táctil. Traducir esta materialidad en la era virtual significa también reinterpretar el bordado: no tanto como ornamento decorativo, sino como elemento que conecta los sentidos de la vista y el tacto", explicó Chiuri en una nota que recibieron los invitados.

El desfile de Dior fue el primero de la decena de marcas que se han atrevido en esta ocasión a reencontrarse presencialmente con el público.

Dior organizó dos pases que permitieron mantener el aforo reducido, pero acoger a una parte de los compradores y seguidores de la marca, entre ellos la actriz estadounidense Jennifer Lawrence.

LA IMPORTANCIA DE LAS MANOS

El decorado elegido hizo soñar a los asistentes, en una instalación temporal dentro del Museo Rodin cuyas paredes estaban completamente decoradas con bordados de colores, una creación de la artista Eva Jospin bautizada como "Habitación de seda", inspirada en las paredes de la Sala dei Ricami, en el Palazzo Colonna de Roma.

Un guiño más de la casa a la importancia que cobra en esta colección el trabajo manual.

Antes del desfile, la firma compartió en sus redes sociales un vídeo con algunos de sus sastres trabajando manualmente las plumas, encajes y bordados que se vieron en la colección.

Uno de ellos recordó que en la Edad de Piedra la diferencia de bordados servía para distinguir a los clanes, pero también destacaron que se trata de un saber que a menudo se transmite de generación en generación.

SEDAS, LANAS Y TERCIOPELO

El punto bohemio de Chiuri se vio en faldas de seda trabajadas con distintos retales de estampados, tipo "patchwork", que se repitió en los abrigos, combinando seda y terciopelo.

Las lanas dieron forma a cazadoras cortas, chaquetas "bomber", bermudas, faldas a media pierna, pantalones cortos y capas, a juego con un mocasín plano y masculino que sirvió de accesorio principal, así como una gorra abombada con visera corta. Todo en estampados gráficos en blanco y negro o gris.

Destacaron asimismo sus piezas fluidas, como varios vestidos de gasa transparente, estructurados en torno a un corsé, con falda larga, pero también plisados más rígidos que reprodujeron un cuidado estampado geométrico en las faldas.

Chiuri se atrevió tanto a sacar a la Alta Costura de sus códigos de vestimenta que introdujo incluso un impermeable estampado, por encima de sus vestidos de plumas y sus faldas asimétricas.

El gris y el negro, o el binomio en blanco y negro, dio paso a una serie de trajes en tonos champán y tierra, como una llamativa capa en satén con capucha o una gabardina corta con cintura marcada.

Cerraron el desfile los vestidos plisados en una alegre gama de amarillos, azules y verdes, color de la esperanza, que arrancó al público un sonoro aplauso para la diseñadora tras el carrusel final.

Por María Díaz Valderrama