EFEEl Cairo

Después de treinta días de ayuno durante el mes sagrado de Ramadán, los egipcios, sobre todo los jóvenes, han salido a las calles de El Cairo en busca de alternativas para festejar el Aíd al Fitr en medio de restricciones para mitigar el impacto de la tercera ola del coronavirus en Egipto.

El Aíd, que pone fin al Ramadán, se celebra habitualmente con rezos masivos que inundan las calles de la capital, quedadas en cafeterías con amigos, paseos románticos por los parques o la orilla del río Nilo y con grandes reuniones familiares.

Sin embargo, este año las autoridades egipcias han impuesto nuevas restricciones como la prohibición de aglomeraciones, el cierre de establecimientos comerciales a partir de las 9 de la noche, así como el de parques públicos, por lo que los vecinos de El Cairo han ido en busca de alternativas.

MADRUGAR PARA APROVECHAR EL DÍA

A primera hora de la mañana, decenas de jóvenes ya ocupaban las arterias principales del centro de la capital, haciendo largas colas para comprar el desayuno, encontrar un hueco libre en una de las cafeterías más populares o incluso coger una entrada para el cine con los amigos.

Las calles relucían con jolgorio y algunos grupos de niños se juntaban para bailar hasta que la omnipresente Policía acababa con la diversión obligando a respetar la distancia de seguridad.

En uno de los puentes del centro de El Cairo, Ziad Yussef pasea con su grupo de amigos, que tienen entre 12 y 16 años. Han madrugado mucho para ir a la mezquita y luego han visitado las pirámides de Guiza, el paseo del Nilo y la Torre de El Cairo, la construcción más alta del Norte de África.

"Ahora nos vamos a casa a descansar un poco. Pero volveremos a salir", dice a Efe Yussef, que asegura que el coronavirus no le preocupa porque es una cuestión que "está en las manos de Dios".

También ha madrugado Mohamed Ali, un joven de 25 años que es hijo del dueño de un pequeño restaurante en el popular barrio de Sayeda Zeinab, donde se encuentra una de las mezquitas más emblemáticas de la capital.

Cuenta a Efe que esta mañana muchos fieles han ido al templo a realizar sus oraciones, aunque las calles estaban vacías por las restricciones sanitarias, una estampa que se ha repetido por segundo año consecutivo en el país más poblado de Oriente Medio.

Ali se afana en preparar surtidos de falafel por doquier en su tienda en previsión de la gran demanda que le espera cuando caiga el sol, pues tiene que cerrar por la noche.

VOLVER A PESCAR UN MES DESPUÉS

En la orilla oriental del céntrico y acomodado barrio de Zamalek, Amr Taha, un pescador de 36 años, ha vuelto a sujetar su caña y su anzuelo después de un mes de parón en el que no fue a pescar porque combinar un día de ayuno con una temperatura que roza los 40 grados no es la mejor idea, dice a Efe.

"Este es el lugar más feliz del mundo para celebrar el Aíd: quedarme en la orilla del Nilo y pescar", explica con una sonrisa de oreja a oreja.

Para él, el Aíd significa volver a la normalidad, pero con un significado más especial: "Si Dios me permite pescar unos buenos pescados, iré a casa, los asaré y me reuniré con mi familia para celebrarlo".

Ejerciendo un oficio tan solitario como es la pesca, asegura que no teme al coronavirus porque no tiene contacto con la gente y evita "las reuniones masivas" tan típicas durante esta festividad, aunque advierte que "si estás destinado a morir, morirás, sea o no por el coronavirus".

"Las causas pueden variar, pero la muerte es siempre la misma", dice mientras enhebra un hilo por el agujero del anzuelo.

Carles Grau Sivera