EFESevilla

Libros del Asteroide recibe una media de dos originales diarios, unos 750 al año, y ese camino siguió, sin padrinos ni recomendaciones, el mecanoscrito de "Rialto, 11", novela o "memorias parciales" en las que la librera sevillana Belén Rubiano cuenta su experiencia al frente de una pequeña librería.

En sus primeros días, "Rialto 11" se ha convertido en lo que los editores denominan un libro feliz, o sea que gana lectores, elogios de la crítica y escaparates de librerías como si nadie se lo hubiera propuesto, sin apoyo publicitario, sin esas pretensiones de fabricar un superventas que tantas veces conducen a la frustración.

Sus editores dicen que Belén Rubiano cuenta su historia "con humor y con cándida sinceridad", por ejemplo: Una vez sufrió un atraco por parte de un individuo que esgrimía un cuchillo de cocina, Belén sufrió un ataque de pánico y se tiró en plancha a la calle, el atracador sufrió otro y se fue corriendo sin llevarse dinero ni mucho menos libros, cuando llegó la policía le pidió una descripción:

Es como un escritor, dijo la librera.

¿Y cómo es un escritor?, quiso saber el agente.

Pues llevaba camiseta y vaqueros y su cara era una mezcla de Benjamín Prado y Kiko Veneno, describió la librera.

Luego, en comisaría, ante el álbum fotográfico de los atracadores habituales, Belén Rubiano no identificó al atracador, pero sí a otro habitual de su librería que le sustraía los libros de Pérez Reverte ocultándolos en una bolsa de unos grandes almacenes para después venderlos en el mercadillo del Jueves, el rastro sevillano.

La librería "Rialto" le duró a Belén Rubiano cinco años que ella recuerda como los más felices de su vida, la cerró en el año 2002, por eso el día que presentó su libro explicó que ella es una autora que publica cada 48 años, ya que ha empleado quince en "encontrar la voz" con la que contar esta historia y casi tres más en ponerla por escrito.

El día que cerró la librería tomó la determinación de no dejarla morir, de contar aquella aventura, porque "para eso sirve la literatura, no hay nada más vivo que la literatura cuando es de verdad".

Sobre el tono humorístico que ha elegido para estos recuerdos y confesiones, Rubiano ha dicho a Efe que "la verdadera resistencia reside en la risa y la sonrisa. Es lo único, además, que nos diferencia de los otros animales; no sólo somos capaces de construir un relato con nuestras vidas, sino que alcanzamos a comprender que todo es una comedia capaz de dar donde más nos duele".

Y ha añadido que ella escribe como lee: "Me interesa la hiel del mundo, pero no confío en quienes no la cuentan con miel; algo se les escapa, me parece".

Rubiano pertenece a esa estirpe de libreros, casi extinta, capaz de conversar y orientar a los lectores, a los clientes, aunque estos pertenezcan al género raro, como aquel que le confesó que no era muy inteligente porque no conseguía aprender nada de una novela y, al preguntarle ella qué cosas leía entonces, repuso que sólo entendía lo que decían Homero, Cicerón, Aristófenes, Tácito, Herodoto, San Agustín y gente así.

A una humilde mujer que se ganaba la vida como limpiadora del hogar y que cada viernes le solicitaba novelas rosa le aconsejó que probara a leer "Orgullo y prejuicio", de modo que al lunes siguiente la señora se presentó en la libraría para expresarle agradecimiento con la emoción que tienen los que han descubierto un mundo nuevo:

Aquella señora, escribe Rubiano, "me hizo sentir como nunca hasta entonces la importancia que tenía realmente el empleo en el que tanto me había empeñado".

Porque antes de abrir su librería, Rubiano trabajó de empleada en una cadena de librerías y hoy día se sigue desempeñando como librera.

"Es innegable que en una librería te relacionas con el lado más soleado de la humanidad. Si leer no hace más feliz, sí nos hace más sensibles, respetuosos y gentiles, que no es poco".

Alfredo Valenzuela