EFESegovia

Cuenta una leyenda segoviana que el infante Don Pedro, hijo de Enrique II de Castilla, murió el día 22 de julio del 1366 cuando sólo tenía diez años, tras precipitarse al vacío desde una de las ventana del Alcázar de Segovia, seguido del ama de cría que estaba a su cuidado y que se tiró a continuación.

Un reciente estudio antropológico y radiológico de los restos óseos del infante, que fueron encontrados por sorpresa el pasado mes de noviembre durante unos trabajos de restauración en la Catedral de Segovia, ha abierto el camino a la ciencia para que arroje algo de luz sobre la historia que rodea a la figura del infante.

El pequeño habría fallecido con una edad mucho menor de la que se cree, entre los seis meses y el año y medio de edad, y no gozaba de buena salud, sino que padecía raquitismo, una enfermedad bastante común entre los niños nobles de la época, a los que se les protegía en exceso de la luz solar.

Estas han sido las principales conclusiones del estudio llevado a cabo por la Universidad de Granada y el Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de la misma ciudad y que han sido presentadas este viernes en una rueda de prensa en Segovia.

Todo comenzó con el hallazgo fortuito el pasado noviembre de un cofre forrado de terciopelo bajo la efigie del infante don Pedro, que yace en la Catedral de Segovia desde 1558, y que contenía una saya de seda, un faldón y un cinturón que, hecho un rulo, guardaba tres huesos de pequeño tamaño.

Los restos corresponderían a la figura a la que hace referencia la efigie que los protegía y su inscripción, el infante Don Pedro, hijo del monarca Enrique II de Castilla, conocido como "el fraticida" porque mató a su hermanastro, Pedro I "el Cruel", para ser rey de Castilla y el primero de la Casa de Trastámara.

Al pequeño se le había atribuido la edad de entre diez y doce años, seguramente porque es la que aparenta tener la figura representada por la escultura que guarda sus restos en la Catedral de Segovia.

Sin embargo, el arqueólogo territorial de la Junta de Castilla y León, Luciano Municio, ha aclarado en una entrevista con Efe que la escultura fue creada en el siglo XVI, cuando se trasladaron los restos desde la antigua Catedral, ubicada junto al Alcázar, hasta la actual, localizada en la Plaza Mayor.

"Cuando se realiza esta efigie, se hace 300 años después, y el que la hace no sabe nada acerca del infante, sólo que era un niño, y hace esta escultura a propósito para él", ha expuesto Municio.

El arqueólogo también ha precisado que el infante era uno de los muchos hijos bastardos de Enrique II -no se sabe cuántos- y que este lo había reconocido como tal, por lo que cuando fallece pide que se guarden sus restos en una sepultura en la Catedral: "Y, a partir de ahí, ya no se sabe nada más", ha explicado el experto.

Éste también ha recalcado durante la presentación que no hay ninguna evidencia documental ni de otro tipo que sostenga la leyenda sobre la trágica muerte del infante, sino que se trata de una historia "que se ha contado siempre en Segovia, y se seguirá contando".

Durante la rueda de prensa celebrada este viernes en el trascoro de la Catedral, el catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente Acosta, ha relatado que los restos fueron analizados, en primer lugar, por el área de Antropología mediante comparativas con huesos de diferentes edades.

Después, en otro proceso dirigido por el jefe del Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Clínico San Cecilio de Granada, José Luis Martín, se realizó un TAC de los restos, una especie de radiografías por secciones.

A través de estos estudios se ha descubierto que los fragmentos corresponderían a restos de los dos fémures y una de las tibias del infante, de un tamaño que ha permitido concretar su edad entre seis meses y un año y medio.

Por la forma de los huesos, el equipo investigador sostiene que el pequeño padecía raquistismo, debido a la detección de un arqueamiento y una ligera rotación de estas partes del cuerpo.

Gracias a lal información recabada por el equipo de Radiología también se ha conseguido realizar una reconstrucción volumétrica con impresión 3D de los tres huesos, que han sido entregados al deán de la Catedral, Ángel García Rivilla, quien ha asegurado que serán expuestos al público.

Tras la publicación de los resultados de este estudio, falta por concluir el análisis de las ropas que se encontraron en el cofre, del cual se ha hecho cargo recientemente el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Junta de Castilla y León ubicado en Simancas (Valladolid).

Por último, también se pretende realizar un estudio genético, que confirmará el sexo del infante, que se presupone masculino, y del que se extraerán otros datos que, previsiblemente, ayudarán en futuras pesquisas en torno a la familia real de la época.

Laura López