EFELondres

Uno de los objetivos de The Deck, la primera sastrería solo para mujeres que abre sus puertas en la icónica calle londinense Savile Row, un entorno eminentemente masculino, es lograr que sus clientas se vayan a sus casas sintiéndose "empoderadas".

Su fundadora, Daisy Knatchbull, inaugura esta semana un negocio centrado en el traje pantalón femenino. Y lo hace muy consciente de que el contexto actual está trastocado claramente por la pandemia y su innegable impacto en la economía nacional.

El local -bien iluminado, sobrio, elegante- se ubica en pleno cogollo de una de las calles con más tradición y renombre en el exclusivo ámbito de la sastrería de caballero.

"Savile Row es un lugar privilegiado; es impresionante para la confección a medida y cuenta con una reputación a nivel mundial. No hay un lugar mejor en el que situarse, y estás rodeada de los mejores en este negocio", afirma la empresaria en una entrevista con Efe.

Poner a funcionar una sastrería para un público femenino en un ambiente comercial tan marcadamente varonil se percibe, casi, como un acto de rebeldía feminista.

Knatchbull se propone que sus clientas "salgan por la puerta con la sensación de que tienen algo que es como una segunda piel, que pueden atesorar, que quieren cuidar y reparar y poder dejarle a la próxima generación".

"Quiero que todas las mujeres se marchen de aquí sintiéndose maravillosas, más altas, seguras y empoderadas", afirma la británica, al tiempo que asevera que "si te lo puedes permitir, no hay nada más especial que tener algo hecho a medida".

NO ES SOLO UNA TENDENCIA PASAJERA

La confección de trajes femeninos personalizados, a la carta, pasa, para la creadora de The Deck, por "invertir en el futuro", un concepto que choca con el extendido consumo de productos de moda sujeto a tendencias ("moda rápida").

En su sastrería se mima el detalle, se buscan los tejidos naturales, se prima la sostenibilidad al tiempo que en el taller se "mantienen vivas" diferentes técnicas, tradiciones, culturas hasta dar con un producto bello y personalizado en el que es el cliente quien lleva las riendas del proyecto, según explica.

El nombre del negocio, "The Deck" (algo así como baraja de naipes) surgió del hecho de que la sastrería -que antes operaba en el barrio de Chelsea- cuenta con cuatro estilos diferentes en su concepción primaria del traje. Los sastres luego adaptan la prenda al gusto del cliente, teniendo en cuenta preferencias individuales, desde el patrón, el color, el tejido o el tipo de botón.

"Le damos la vuelta y concedemos la prioridad a las mujeres", subraya Knatchbull, convencida de que durante mucho tiempo se ha "descuidado" un mercado "enorme" para la mujer.

En cuanto al prototipo de clienta que visita este tipo de local -que oferta su trabajo en la web www.thedecklondon.com- esta oscila "entre la adolescente de 19 años hasta la anciana de 90", si bien las más asiduas son las que rondan entre los 35 a los 45 años. Aunque, ojo, con un saneado nivel adquisitivo.

Si bien elementos como el tejido, el corte o el estilo modifican el coste de estas prendas, el precio medio de un traje de The Deck rondaría las 2.000 libras (2.160 euros).

Hay quienes buscan un esmoquin, un traje de seda, de pana o de franela. Al comercio acuden "mujeres muy diversas y con tipos de vida muy diferentes; mujeres de todas las razas y de todas las tallas; viene quien necesita acudir a un evento, o alguien que tiene que llevar a sus hijos al colegio", apostilla.

Sin embargo, no hay una razón particular por la que las mujeres se compran este atuendo: "Es una inversión, y es una manera de obtener con un solo traje cinco 'looks' diferentes", remacha.

Knatchbull asegura que en el pasado ha tenido clientas "a las que se les han caído las lágrimas (de emoción) y otras que nunca pensaron que un día podrían llevar pantalones en toda su vida por distintos motivos". Al final, insiste, "se trata de celebrar y empoderar a la mujer".

Por Patricia Rodríguez