EFEZaragoza

'La senda del pastor', debut documental de la directora aragonesa Silvia Pradas, narra con una visión renovada el día a día durante un año de seis pastores de Aragón y Soria que ven cómo el oficio que aman comienza a desvanecerse poco a poco.

Aunque el estreno de este largometraje a medio camino entre lo social y lo etnográfico está previsto en España para el año que viene, este viernes la productora aragonesa Crew Films ha ofrecido en Zaragoza de la mano de Grupo Pastores un pase privado para los protagonistas y otros compañeros de profesión, así como para las entidades colaboradoras (Gobierno de Aragón, Diputación de Teruel, Diputación de Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza y Aragón TV).

La cinta, explica su directora en una entrevista a Efe, "no tiene un 'happy end' ni un final triste", sino un final abierto con respecto a esta profesión que en España se ha reducido drásticamente en los últimos 30 años.

El interés de Pradas por documentar este oficio llegó años atrás, cuando tuvo la posibilidad de poder hablar con una serie de pastores y descubrir "su vida, su situación y sus problemas".

"Me encontré a personas maravillosas, con una sabiduría tremenda y con un amor por su profesión y sus animales que desde el primer momento me dejó prendada", señala la joven directora, que ha seguido junto con su equipo a los pastores y sus familias en diferentes momentos de las cuatro estaciones.

Así, ha conseguido una visión "poliédrica", pero también de género, ya que dos de los seis protagonistas son mujeres.

"Las mujeres siempre han estado trabajando como pastoras, pero a la sombra de sus padres, de sus hermanos o de sus parejas: ellas no eran dueñas de sus explotaciones. Ahora, las mujeres están al frente y son dueñas de sus empresas, por lo que empiezan a tener más visibilidad", comenta la cineasta, que con este documental se ha propuesto "romper estereotipos" sobre el mundo rural y los pastores.

Lo hace confrontando clichés como el de que ser pastor es "sacar las ovejas y punto" o el de que estos profesionales son "ignorantes".

"Por poner un ejemplo, una de nuestras protagonistas, Lorena Palacio, tiene carrera, tiene másteres, estudió en una gran ciudad donde trabajó y, cuando terminó de estudiar, decidió volver con las ovejas porque realmente era lo que a ella le gustaba", narra en referencia a una de las pastoras más jóvenes, que volvió al pueblo para cumplir su sueño.

Pero, al margen de la pasión, las tareas son duras y dependen del clima, por lo que Pradas reconoce que no es fácil seguir su ritmo: "trabajan con las horas de luz, por lo que en verano es cuando más trabajan, mientras que en invierno, a pesar de que lo hacen menos, es más duro porque se encuentran con las nieves y el frío".

La cinta, de 70 minutos, también muestra el punto de vista de sus familiares y amigos, una vez más, para acabar con otro tópico: el pastor como persona solitaria.

Destaca de este metraje que se articula completamente con los testimonios de los pastores. "Desde los orígenes del documental yo quería dar voz a los pastores, que fuesen ellos quienes hablasen sobre su vocación y sus problemas; darles la oportunidad de tener visibilidad y poder defenderse", dice.

Se trata de voces como la de José Luis Hernández, de Galve (Teruel), y de Antonio Enfedaque, de Villanueva de Gállego (Zaragoza), que desde jóvenes se han dedicado a la tradición ganadera.

"El ovino es un sector muy reconfortante: estás viendo nacer, ves crecer a los animales, es tu forma de vida, estás en contacto con la naturaleza siempre", narra Hernández en una conversación con Efe.

Pero completa la visión "agridulce" con otra realidad: las circunstancias políticas o la escasa rentabilidad en comparación con el trabajo invertido y el estilo de vida que conlleva hacen que "cada vez sean menos".

Coincide Enfedaque en que el relevo generacional es prácticamente nulo "porque la gente no está acostumbrada a hacer las horas que hay que echar: no hay fines de semana, no hay puentes ni prácticamente vacaciones".

Y, para concluir, el pastor de Galve añade con orgullo un dato que demuestra cómo su oficio cumple la función social de asentar población "ahora que esto está tan de moda": su pueblo de 160 habitantes cuenta con 5.000 ovejas y 20 niños en la escuela, de los cuales 12 están relacionados con el sector ovino.

Inés Escario