EFEParís

Tras conquistar en las redes a más de 350.000 personas con sus estilismos "vintage", la alicantina María Bernad se ha mudado a París para involucrarse totalmente con su marca, Les Fleurs Studio, cuya primera colección presentó este fin de semana en la capital de la moda.

Desde su creación en 2017 y con la ayuda de su madre, Bernad ha metido su personalidad en la marca, que nació como un punto de venta de prendas de segunda mano a través de Instagram.

Tras una primera colección propia de joyería y accesorios, la firma da un paso más con una colección diseñada íntegramente por Bernad a partir de piezas de segunda mano, restos de tejidos de otras fábricas y algunos otros realizados en España.

Esta primera colección, más oficial, es el fruto de una colaboración con las galerías de arte parisina Damor Art y Gismondi, donde presenta una línea atemporal - Bernad asegura no creer en las temporadas- que retoma las fuentes de inspiración de la diseñadora: el Renacimiento y los colores pastel de los pintores franceses.

"Me acabo de mudar a París porque Francia es nuestro principal punto de venta. Era el momento y el lugar. Tanto el nombre como la influencia me vienen de artistas franceses, empezó con la paleta de colores de Monet, las flores de Renoir, siempre ha sido un poco la base y creo que la gente lo siente", dijo Bernad a Efe.

Las prendas son producidas en un atelier de Madrid y las colecciones se irán lanzando conforme dispongan de nuevos tejidos, es decir, sin seguir el ritmo de las temporadas que imponen las semanas de moda internacionales.

"Esta colección es mitad creación mitad piezas halladas, porque hasta las piezas que nosotros confeccionamos son recicladas de otras, botones reciclados...", explicó.

Una búsqueda consciente de prendas ya usadas dentro de una misma estética donde predomina la seda, la organza y los colores pasteles en blusas con mangas abullonadas, grandes botones, pañuelos estampados en seda convertidos en largos vestidos, camisas de encaje y trajes de lino, entre otros.

La originalidad de la ropa hace que no dure mucho en la tienda en línea donde las vende, a la espera de establecer algún punto de venta donde los clientes puedan tocar los tejidos. La mayoría de prendas se agotan rápidamente, con precios que van desde los 30 a 150 euros.

A sus 23 años, con una carrera de diseño y un contacto continuo con las marcas por su lado "influencer", Bernad ha podido constatar que "ya tenemos producida demasiada ropa".

"Si yo tengo el poder de influenciar me gustaría hacerlo de la mejor manera posible. Por eso la marca comienza de la forma más sostenible, con prendas de segunda mano. Creo que podríamos cambiar utilizando prendas que ya existen. Quiero investigar más para poder trabajar en ello", añadió.