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Cuando era niña, Lucía Pemán disfrutaba con la música y el teatro hasta que además de sentarse en el patio de butacas, quiso participar, ser protagonista, y lo ha conseguido con "Grease", el musical que ha devuelto a la actualidad a los jóvenes de los 60 del instituto Rydell.

Para Lucía Pemán (Madrid, 2001) ser actriz era un sueño que ha ido poco a poco haciendo realidad. "Siempre he tenido una vena artística, me gustado la música y el baile", cuenta en una entrevista con Efe.

Comenzó viendo espectáculos y preparándose en escuelas, hasta que llegó tomó la decisión definitiva: "Esto es lo que quiero hacer, formar parte del espectáculo, no solo verlo".

Alumna del Instituto Británico, viajó a Inglaterra para formarse, y antes de ser la dulce "Sandy", de "Grease" en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid, ha realizado otros trabajos.

Aunque ahora con determinación asegura que su "energía está centrada en este musical", una oportunidad que le da la posibilidad de desarrollar su talento en el canto, la danza y la interpretación.

Asegura que formarse en todas estas disciplinas le abre muchas puertas a la hora de trabajar, una formación, dura, con mucho esfuerzo, que la llevó hasta Som, la escuela creada por los productores de "Billie Elliot", "Cabaret" o "West Side Storie".

"Fue como un dos por uno", explica Pemán, que detalla que la propuesta fue una formación completa, extensa y "si trabajaba duro y daba el resultado esperado, el salto a "Grease".

Clases que ha sabido aprovechar para darlo todo sobre el escenario, donde interpreta el papel que popularizó en la película Olivia Newton-John.

"A la hora de construir un personaje tan icónico tomas referencias de aquellos que has visto", apunta sin complejos, aunque asegura que tanto ella como sus compañeros -muy jóvenes- les dan un aire "fresco. Tienen matices nuevos, diferentes, que les hacen vibrar, aunque mantienen su esencia".

A pesar de ello, Pemán asegura que entre esos matices hay alguna actualización que tiene que ver con el tiempo en que vivimos.

"Tenemos responsabilidad sobre lo que vamos a mostrar al público", comenta en referencia a "Sandy", una adolescente con cierto aire de mojigata, que sigue siendo dulce e inocente, "pero con las ideas más claras. Ser dulce no significa que seas tonta", advierte queriendo alejarse del cliché. "Ella lucha por lo que quiere".

Un personaje que le ha sorprendido y cuya fortaleza le está "enseñando mucho" a mantener la concentración y la fuerza que exige el teatro.

A pesar de tratarse de un elenco extenso y con la energía de la juventud, asegura que siente a sus compañeros como una familia en el escenario y fuera de él, sin que la sombra de una competencia feroz enturbie su relación.

"Es una suerte trabajar con gente que te ha acompañado durante tanto tiempo y creo que lo reflejamos en escena. Lo que sentimos es de verdad. Nunca he sentido la competencia, sí la ilusión y motivación de todos".

Y apunta que en la intención de todos está "aportar felicidad energía y emoción" al público que vaya a ver el espectáculo para que "disfrute y lo pase bien".

Barbra Streisand es uno de sus referentes, "la tengo muy presente desde pequeña", aunque si hay algo que valora de su profesión es el espíritu de superación "y no dar manda por sentado".

"Seguiré luchando para seguir adelante y hacerme un hueco en la profesión. A ver hasta dónde me lleva", dice esperanzada la actriz.

Inmaculada Tapia