EFECórdoba

La Entidad Local Autónoma (ELA) de Ochavillo del Río, en plena Vega del Guadalquivir cordobés, conmemora el Miércoles de Ceniza de una forma muy particular, con una batalla campal de harina que hace más de 50 años sustituyó a la pura ceniza de brasero de picón como arma arrojadiza.

La alcaldesa pedánea, Aroa Moro, explica a Efe que hace algo más de medio siglo una panadera que llevaba consigo un saco de harina "se tuvo que defender de los ataques de los demás vecinos usando lo que tenía más a mano como arma" y al comprobar que la harina era "menos dañina para los ojos y oídos que la ceniza, se cambió la tradición".

Desde entonces Ochavillo lleva a cabo una incruenta batalla anual de harina que es foco de curiosidad y llama mucho la atención entre los visitantes, porque es, a su modo, tan llamativa como la tomatina de Buñol.

En este caso, en lugar de parecer que los combatientes han caído directamente en una picadora de carne acaban más blancos que los "Caminantes" del mismo nombre de una famosa serie televisiva.

"No sabemos en realidad cuándo comenzó la tradición de las batallas ni por qué no se impone la cruz, pero nos señalan los estudiosos que puede proceder de la época de los colonos, hace eso más de 250 años, aunque a decir verdad sólo en Ochavillo se mantiene y no en ninguno de los otros ocho núcleos que componían en un principio la Colonia".

La batalla comienza bien temprano por la mañana y para ello el Ayuntamiento tiene preparados150 kilos que se reparten gratuitamente entre los que participantes, si bien el auge llega en torno a las 13.00 horas, aunque en teoría la tregua comienza al mediodía para comenzar a degustar un buen perol de arroz.

"Lo que pasa es que mucha gente empieza a venir sobre la una de la tarde y, frente a los que vivimos, aquí cualquiera que llegue limpio, y no es ni una persona mayor ni un enfermo, tiene que tener claro que al poner el pide fuera de su coche o su camión de reparto va a terminar blanco", indica con sorna la regidora pedánea.

Pero no la tienen todas consigo los lugareños y saben, especialmente en el Consistorio, que, si bien suscita una inmensa curiosidad esta fiesta, apenas acuden visitantes por ser un Miércoles de Ceniza, lectivo para la mayoría de las personas salvo para los locales.

"Si queremos que sea un atractivo turístico de primer orden, como puede llegar a ser esta tradición, y lo podamos fomentar invirtiendo en ello, no hay más remedio que cambiarlo de día", ha advertido la alcaldesa, quien asegura tener el "corazoncito partido" al respecto.

Como empleada pública no ve más remedio que cambiar la tradición, pero como ochavillera "no puede entender un Miércoles de Ceniza sin celebrar nada", que es lo que podría ocurrir de salir adelante la propuesta.

Una vez se celebre este año la fiesta se comenzarán los debates para "ver si se traslada al fin de semana anterior o el posterior", con la posibilidad de que si acaba siendo coincidente con el Domingo de Piñata de Carnaval, el lunes "podría ser festivo".

Pero todo eso está por ver y ni siquiera la alcaldesa descarta un referéndum para un tema "tan delicado nuestro pueblo" ya que por el momento la localidad de 800 habitantes está bastante dividida entre los que están a favor y los que dicen "no".

La jornada se completa escuchando cánticos que "sólo se oyen cantar en Miércoles de Ceniza" y con juegos populares en la calle para grandes y pequeños, en los que no faltan ni el porrón ni la comba y hasta una actuación musical.

Por Javier Collantes