EFEMadrid

En 2015 Cisco García sufrió un accidente que lo dejó sin movilidad de cintura para abajo, pero nueve meses después ya había "normalizado" ir en silla de ruedas porque, si algo tiene claro el tenista, es que "nunca hay que rendirse", uno de los mensajes que lanza en el libro infantil "Compañeros de aventuras".

A García le gustaba hacer snowboard con sus amigos, pero un fatídico 28 de diciembre una caída hizo que su vida cambiara, no que no terminara, porque el cordobés (1982) le dio la vuelta a la tortilla con la mejor de sus sonrisas y se puso a dar raquetazos a lomos de su nueva compañera de viaje hasta lograr ser en la actualidad el número 64 del mundo en el ranking ITF y quinto de España en el circuito de tenis en silla.

Una lección de vida que dio al mundo, no solo al del deporte, y que ahora, junto a su mujer Raquel Rostro, doctora de la Unidad de Paliativos en un hospital cordobés, traslada a los niños más pequeños de la casa, ésos que "normalizan mejor" ciertas situaciones ante las que los adultos siguen poniendo los ojos como platos.

"Cuando nació Gonzalo colgué una foto en las redes sociales con un texto en el que le escribo que ojalá que se caiga muchas veces porque eso significa que se levantará muchas veces. Quiero decir que hay que esforzarse y no tener miedo a vivir. Son pequeñas enseñanzas que queremos enseñar con este libro. En la vida aparecen cosas que no nos gustan pero que podemos vivir con ellas", explica a Efe García.

Y fue éste el germen de este libro cuyo subtítulo es "La familia que no se rindió jamás" (Beascoa), y en el que han erigido como narrador a su hijo, un bebé de un año que en estas páginas ha pasado a tener 3 años para hacer creíble que es él quien cuenta las aventuras de su familia, de su "equipo", y así poder "meterse en todas las casas" con el objetivo de mostrar su "filosofía de vida".

Aunque, matiza García, en "Compañeros de aventuras. La familia que no se rindió jamás" son conscientes de que no "descubren la pólvora", sino que intentan recordar que la vida está para vivirla.

"En el día a día nos olvidamos de lo positivo, incluso me pasa a mi cuando tengo un día malo y por eso a veces me viene bien leer 'Irrompible' (el libro donde narra su historia)", apunta al tiempo que reconoce que el trabajo de su mujer, que "ve a gente que va a morir en pocos días", les da también "mucha realidad y perspectiva" en su vida diaria.

Y realidad, pero también ternura y cercanía, es lo que transmite esta historia basada en partes de la vida de García en la que es su hijo el que cuenta cómo la vida de esta familia, donde explica qué hacen cuando se enfrentan a situaciones como la de que la silla de su papá no entra en el pasillo de un avión o la de cómo tienen en empujarle si van a pasear a la montaña y hay una subida muy complicada.

Experiencias que ha vivido en sus propias carnes el tenista y que ahora lleva al mundo de los niños gracias a las ilustraciones de María Perera. "Mi mujer se parece mucho", dice entre risas.

"Este libro también es una manera de concienciar a la sociedad de que hay que adaptarse a todo para vivir de la mejor manera, y también una manera de normalizar que cuando no se puede hacer algo pues no pasa nada", destaca.

Una conclusión a la que hay que llegar después de haber puesto todo de nuestra parte, todo. Y aquí es donde García confiesa que en el libro ha incluido a modo de cuentecito una historia personal que vivió en Costa Rica con una tortuga herida.

En concreto, Gonzalo es quien cuenta que en un viaje a este país fueron a ver cómo las tortugas ponían huevos, y se dieron cuenta que había una que iba más lenta que las demás porque le faltaba una pata. Pero la tortuga llegó donde quería un excavó el agujero para guardar a sus futuros hijos porque era una "tortuga luchadora".

"Me da cosa decirlo, y me da hasta vergüenza decirlo, pero en silla puedes hacer todo, casi todo, pero apretando más los dientes porque siempre vas a tener algunas dificultades", concluye este deportista a quien le gustaría que las historias de Gonzalo y su familia tuvieran larga vida editorial.

Pilar Martín