EFEBruselas

La emblemática Grande Place de Bruselas huele a churros y sidra y suena a flamenco y cant d'Estil: España es el país invitado del festival Folklorissimo que organiza este fin de semana la capital belga, convertida en escaparate para el arte, tradiciones y gastronomía de una decena de comunidades autónomas.

En esta décimo novena edición del evento, Bruselas aúna la promoción de sus tradiciones con el homenaje a un país al que le vinculan siglos de historia -entre el XVI y XVII Bélgica formaba parte de los llamados Países Bajos españoles, pertenecientes a la corona de España- y con el que hoy comparte valores como miembro de la Unión Europea.

"Los más de dos millones de belgas que nos visitaron en 2018 saben que España es un país acogedor, que, como Folklorissimo, concilia tradición y modernidad y que, además de una historia común, comparte con Bélgica un marcado europeísmo y un multilateralismo activo", declaró la embajadora española en Bélgica, Beatriz Larrotcha, en la apertura del evento en el Ayuntamiento de Bruselas.

Una "complicidad" y "lazos históricos" que no hacen menos necesarios, a juicio de la embajadora, eventos que permitan "dar a conocer la España moderna de hoy", un país que, "sin olvidar sus costumbres seculares, aboga por una sociedad solidaria e inclusiva".

"No podemos negar que gastronomía y turismo es quizá el eje que hoy por hoy buscan los belgas, pero yo creo que poco a poco, con manifestaciones como la de hoy, damos a conocer otros aspectos de la riquísima historia y cultura española", explicó la embajadora en declaraciones a Efe.

La programación de Folklorissimo ha buscado combinar estos elementos, de modo que por el escenario privilegiado de la Grande Place, Patrimonio de la Humanidad inusualmente soleado para un final de septiembre en Bruselas, pasarán este sábado y domingo tanto grupos de danza y música tradicionales como artistas contemporáneos que revisitan el folclore nacional.

Más de diez comunidades autónomas -Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Extremadura, País Vasco y Valencia- participan en el festival, representación que pone de relieve otra de las similitudes entre España y Bélgica: su pluralidad lingüística.

El arranque de la celebración ha corrido a cargo del "ciudadano" más ilustre de Bruselas: el Manneken Pis, la icónica estatua de bronce que representa a un niño orinando y que esta mañana ha sido ataviado con el traje de "pastoret", o pastorcillo catalán.

En la tarde del sábado, lucirá el traje de Francisco de Goya y Lucientes, regalado a Bruselas por la ciudad de Zaragoza en honor al ilustre aragonés, mientras que el domingo se vestirá primero de "llanisco" asturiano para llevar después el diseño "Manneken Pis en Pelotas" de Agatha Ruiz de la Prada, confeccionado con bolas de colores vivos.

Todos ellos forman parte de los más de veinte trajes procedentes de España con que cuenta el Manneken Pis entre el millar de atuendos de su nutrido guardaropa.

La atención se ha trasladado después a la Grande Place, dónde la actuación de la agrupación de danza de la localidad cántabra de Torrelavega y el "bal des pastorets" de un grupo folclórico de la catalana Sant Pere de Ribes han acaparado los "flashes" de sorprendidos turistas y locales.

Entre el sábado y domingo se podrán ver jotas aragonesas, escancear sidra asturiana y escuchar el "Cant 'Estil Valencià", un estilo de canto tradicional en que un "versador" improvisa la letra. Pero también observar las actuaciones de los bailarines Sara Calero y Fernando López, que plantean espectáculos contemporáneos sobre las base tradicional del flamenco, o la "performance" participativa "Amigo" de la artista Carolina Tafalla.

Todo ello, compartiendo escenario con las tradicionales fanfarrias y desfiles de gigantes y cabezudos que dominan el folclore bruselense y corren a cargo de "órdenes", agrupaciones en algunos casos centenarias y declaradas patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, como la del "Mayboom".

Tortilla de patatas, churros, queso de cabrales, cocido montañés y sidra son algunos de los exponentes gastronómicos que los visitantes del festival -más de 15.000 en ediciones anteriores- podrán degustar en combinación con especialidades belgas como la cerveza artesanal, el queso de abadía, los gofres o el "boudin", una especie de morcilla.

Algunas comunidades autónomas, como Cantabria, esperan que el festival sirva de escaparate para potenciar el turismo hacia esas regiones entre los belgas, que cada vez visitan más España: en 2017 lo hicieron 24,5 millones de ellos, un 7,5 % más que año anterior.

Laura Pérez-Cejuela