EFECabanas (A Coruña)

Más de tres décadas de trayectoria y la diseñadora de joyas Rosa Higuero sigue en constante cambio. De origen extremeño, se trasladó a Madrid y en 1986 llegó de vacaciones y se enamoró de la comarca de Ferrolterra.

El flechazo lo tuvo en la playa ferrolana de Doniños, pero luego se mudó a otros pueblos de la comarca; primero fue Moeche, luego Mugardos y desde 2003 la pequeña aldea de San Martiño do Porto, en el corazón del parque natural de As Fragas do Eume.

Está completamente "rodeada de verde" en ese núcleo rural del municipio de Cabanas (A Coruña), en un rincón privilegiado "entre el monte y el mar", desvela en una charla con Efe.

Reinan el silencio y la calma y su rutina comienza temprano, "madrugo bastante", tras un café, mirar la naturaleza y leer "durante un rato".

Luego coge fuerzas y sale al taller, "solo tengo que cruzar el garaje", y allí empieza todo, también en este otoño en el que renovar su página web ha centrado buena parte de sus horas.

"Hay que andar subiendo productos para que esté todo bonito, los seguidores son fieles; tenemos bastante actividad, en Instagram sobre todo, y desde el relanzamiento de la página tengo más seguidores y más visitas, hay que estar al pie del cañón", cuenta Higuero.

Ella sigue primando el contacto real y valora que los "clientes que visitan las ferias luego te siguen por las redes". Percibe que la "gente está muy interesada en saber cómo se hacen" sus joyas y ella ensalza "tener una relación más personal".

La artesana alterna ahora entre el "trabajo de taller por la mañana y por la tarde me pongo con el ordenador", sin descuidar el ejercicio "porque es un trabajo sedentario".

Lo recita de memoria: "Calar, soldar con soplete, todo a mano; volver a calar porque la pieza lleva doble metal, después hay que esmaltar, limar, lijar y pulir".

Crea "generalmente con plata de ley", pero en sus "dos últimas colecciones también meto cobre, son más artísticas; generalmente, plata de ley y esmaltes al fuego".

Rosa Higuero insiste en "colores muy intensos", del azul claro al violeta o el amarillo, en los productos que gesta en su coqueto rincón inmediato a uno de los mayores bosques atlánticos de ribera de Europa.

Le seduce también el rojo últimamente y le encantan las flores o las mariposas, "tengo como seis modelos". Aparecen, además, "hojas de todos los árboles que tengo en el jardín", de un ginkgo biloba a una magnolia, en piezas como las de joyería infantil, con "mucho tirón" y sin "materiales que puedan dar alergia".

Sus joyas se exhiben en ferias, "este año he ido a tres", pero el panorama "ha cambiado mucho con la covid-19". "No me han ido mal, pero esta Navidad no voy a hacer feria; con la web nueva, quiero trabajar e impulsarla, tiene mucho de mí", indica la diseñadora.

No es una novedad menor porque frena "después de 35 años, me está costando quedarme en casa una Navidad; al no ir, estoy recibiendo muchos mensajes y da como un poco de bajón por la fuerza de la costumbre, es una nueva experiencia".

En el cruce de caminos entre lo que le inspira y lo que pide el cliente, Higuero se maneja como pez en el agua. Para muestra, un botón: "Me pidieron para un colegio de podólogos y me inventé un pie con una lanza de Don Quijote, era para La Mancha".

Lo señala, siempre entre sonrisas, mientras valora que en su sector hay futuro gracias a "bastante gente joven en la joyería que está apretando fuerte" y aplaude el poder del cariño del público: "Vas por la calle y ves a alguien con tus pendientes y da ilusión".

Raúl Salgado