Barcelona, 26 feb (EFE). Jordi Brescó y Pau Riera son el periodista y el fotógrafo que han esculpido "Rivalidades Crónicas", una crónica periodística de diez ciudades con sus derbis futbolísticos como excusa en la cual se mezclan política, religión, lucha de clases, cultura y geografía. Un grito desesperado ante la modernización de este deporte.

Mientras algunos aún niegan que el fútbol sea política, otros evidencian que, además de política, el fútbol es religión, lucha de clases, cultura y geografía.

"Si tú crees que solo es un juego, entonces te estás refiriendo al fútbol que los grupos de amigos practican los fines de semana o al que los niños gozan en la hora del patio. Y, aún y así, en estos casos podríamos poner en duda que solo sea un juego”, explica a EFE Jordi Brescó, la pluma de "Rivalidades Crónicas", que publica la editorial Panenka.

"Tengo la sensación de que este libro está escrito en el último instante posible. Quizás ya sea demasiado tarde. ¿Acaso soy yo el que ha abierto los ojos cuando ya no había casi nada por ver?”, se pregunta Pau Riera, el autor de las fotografías, en el epílogo.

En general, la modernización del fútbol ha atenuado las rivalidades al convertirlo en un producto mercantil, como si se tratase de una simple hamburguesa hipercalórica.

Pero, en medio de esta realidad, aún hay miles de aficionados que necesitan este deporte para sentirse una vez por semana parte de un grupo que les da una identidad. La única que le da sentido a todo.

Estos individuos se empeñan en desmentir a los agoreros que les sentencian una desaparición próxima. Uno de ellos es Simon Kuper, autor del célebre "Fútbol contra el Enemigo" y responsable del prólogo del libro de estos dos herederos.

"Los derbis europeos, por mucho que suban la temperatura de las gradas, en la actualidad son solo partidos de fútbol, y no conflictos sociales dirimidos en el estadio", escribe el periodista y escritor británico.

Difícilmente estarán de acuerdo con esta afirmación los aficionados del Omonia y el APOEL de Nicosia. Marion, un taxista de la capital chipriota, les explicó a Brescó y Riera que allí "el equipo al que apoyas es el partido al que votas".

El Omonia lo fundó en 1948 una escisión de futbolistas del APOEL que no toleraron que el club se posicionase en contra de los comunistas durante la guerra civil griega. Este hecho ha comportado hasta el día de hoy que el Omonia sea el club de la izquierda política y el APOEL, el de la derecha.

La raíz política también se aprecia de forma nítida en la rivalidad del Estrella Roja con el Partizán de Belgrado. Los dos clubes fueron fundados en 1945, a la vez que la República Socialista de Yugoslavia.

Durante la Guerra de los Balcanes, los Delje -los ultras del Estrella Roja- y los Grobari -los del Partizán- unieron fuerzas para combatir el gran enemigo del momento: Croacia.

"Llegamos a Belgrado con la intención de romper el tópico de la violencia y no lo logramos”, admite Riera. "Los dos grupos ultras son de extrema derecha, tienen negocios opacos más allá del fútbol, poseen una merecida fama de violentos, la concentración de individuos ultras es más alta que en los otros derbis y muchos de ellos participaron de forma activa en la guerra", añade Brescó.

Por todo esto consideran el derbi de Belgrado como el más peligroso de la decena que han vivido.

De la misma manera que los ultras de los dos grandes de la capital serbia se han unido en algunas ocasiones para luchar a favor de su gobierno, los de los tres principales clubes de Estambul, el Fenerbahçe, el Galatasaray y el Besiktas, se unieron en 2013 bajo el nombre de Istanbul United en las protestas ante el autoritarismo gubernamental que empezaron después del violento desalojo del parque Gezi, donde había una pequeña protesta por parte de un grupo de ecologistas para evitar la construcción de un centro comercial.

"La naturaleza de la rivalidad nos invita a estar siempre unos en contra de los otros. Sin embargo, gracias a lo sucedido en Gezi, descubrimos que tenemos mucho más en común de lo que creíamos”, cuenta Kerem Gurbuz, ultra del Galatasaray.

La venganza en el plano deportivo de Erdogan (las represalias en los otros ámbitos fueron mucho más contundentes) consistió en dar su apoyo (en todos los sentidos) al Basaksehir para intentar acabar con el dominio del triunvirato en el fútbol turco.

Brescó y Riera permanecieron entre cuatro y seis días en cada una de las diez ciudades relatadas. Este tiempo les fue suficiente para explicar Sheffield, Praga, Génova, Belfast o Hamburgo, pero se les quedó corto ante Estambul. Ello les obligó a hacer más de 20 kilómetros a pie cada día.

Kuper recupera la razón en Glasgow. Allí, la rivalidad forjada durante décadas entre el Celtic y el Rangers a partir de la oposición catolicismo-protestantismo ha perdido fuerza en los últimos tiempos, cuando ya son habituales los matrimonios entre personas de estas dos religiones.

Así, los insultos y los improperios que se lanzan unos a otros en los derbis modernos tan solo son una suerte de representación teatral para seguir avivando el fuego de la rivalidad deportiva, para que el frío no acabe hasta con las ganas de sentir.

"Nos sorprendió el comportamiento agresivo que nos encontramos en Estocolmo, donde en el estadio la gente libera de manera grupal toda la corrección que pone en práctica a diario en la calle de forma individualizada. Viajar permite desquitarte de los tópicos peyorativos que los europeos tenemos hacia los del sur y de los elogios desmesurados que regalamos a los del norte", opina Brescó después de presenciar en directo el enfrentamiento número 120 entre el AIK Solna y el Djurgardens, ‘el Derbi de los Gemelos’.

Una de las características que ha comportado la modernización del fútbol es que los estadios cada vez están ubicados más lejos del centro neurálgico de las ciudades, en las afueras.

"Esto deshumaniza la rivalidad", considera Riera. Tanto él como Brescó quisieron comprobar si era posible hacer de turista en la ciudad en un día de derbi y no darse cuenta de que tenía lugar este acontecimiento.

"En el 90% de los casos, los únicos indicios los daban los ultras con sus cortejos (así se llama el paseo grupal desde un punto determinado de la ciudad hasta el estadio con demostraciones de amor al club, muchas veces violentas). Éstos sirven para hacer una exhibición de fuerza, de conquista del territorio antes de que tu equipo lo haga sobre el césped", dice Brescó.

Pero, si buscas y estás atento, el derbi se desarrolla en cada rincón de la ciudad que lo acoge. En una bandera que cuelga de una ventana, en un grafiti en la pared, en una pegatina solitaria en una farola, en una bufanda que te da la bienvenida a un pub.

A través de estos elementos Brescó y Riera se guiaron para encontrar los verdaderos culpables de que el fútbol, a pesar de todo, aún siga pareciéndose a antaño.

"Aunque hay entrevistas a jugadores, la información más importante de este libro procede de la gente popular. Esa persona que conoces en un hostal, el taxista que te lleva al campo… Como periodistas queremos reivindicar el hecho de salir de la redacción. Estas entrevistas no las hubiésemos podido concertar desde Barcelona", asegura Riera.

Y, es que quizá, el fútbol no es el único ámbito que se ha visto asolado por la modernidad.

Sergi Escudero