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Desde que hace unos días comenzara su nueva vida en Canadá, apartada de las obligaciones institucionales y sin su estatus de Alteza Real, la duquesa de Sussex, Meghan Markle sigue generando interés, está en boca de todos, sobretodo en la de la industria de la moda por su gran poder de prescripción.

Todo lo que luce Meghan Markle se estudia al detalle y rápidamente se convierte en tendencia. Las prendas que lleva se agotan en minutos sobre todo desde su primer posado junto al príncipe Enrique en los jardines del palacio Kensington tras anunciar su compromiso.

Llegó al palacio de Buckingham como un soplo de aire fresco y pronto impuso un estilo personal, marcado por la sostenibilidad, las líneas sencillas y la naturalidad, lejos de los cánones clásicos y de ornamentación de otros miembros de la corte inglesa.

Se convirtió en una mujer influyente en la moda gracias a su sonrisa, su talante cercano y su capacidad para saber mezclar el estilo clásico con las tendencias de última generación y las prendas "low cost".

Cierto es que antes de comprometerse con el príncipe Enrique la protagonista de la serie "Suits" había ejercido de "influencer" y diseñado una colección cápsula junto a la firma canadiense Reitmans.

El pasado mes de septiembre, lanzó una colección capsula junto a Smartworks, una asociación sin ánimo de lucro que se ocupa de reinsertar a mujeres desfavorecidas en el mercado laboral y ejerció de editora en el una prestigiosa cabecera británica.

Sin tener estilista, según la plataforma de búsquedas digitales Lyst, la duquesa de Sussex ha sido la persona más influyente de la moda durante el 2019, y ahora muchos se pregunta qué pasará con su poder sin agenda oficial.

Por su condición de miembro de la Familia Real británica, Meghan Markle tenía prohibido comprometerse con ninguna firma. Con gran sensibilidad ha utilizado diversas marcas y ha situado en el mundo de la moda pequeñas empresas canadienses como Nonie, Line o Mackage o inglesas como Charlotte Elizabeth, Strathberry.

Ha sido fiel a los diseños de Stella McCartney, Chloé, Prada, Carolina Herrera, Ralph&Russo, Dior, Givenchy, Oscar de la Renta, aunque también ha lucido prendas de la firma Sarah Flint, conocida por su mensaje feminista.

Según un informe realizado por Ufo No More, una página especializada en analizar los estilismos de la monarquía europea, en 2018, año en el Meghan Markle contrajo matrimonio, invirtió en su armario 450.000 euros una importante cifra que escandalizó a muchos británicos.

Ante esta oleada de críticas, la duquesa de Sussex procuró repetir prendas y apostar por diseños económicos, cómodos y sostenibles, una idea que ha trasladado a su armario en Canadá y que seguramente marque el estilo de su nueva vida.

Desde que saltará la tormenta "Megxit", Markle ha abandonado los elegante tocados de Philips Tracey, los vestidos de silueta lápiz, los abrigos tipo batín, o los stilettos de Manolo Blahnik, prefiere prendas más cómodas y terrenales para su día a día.

Para su visita al centro de Mujeres Downtown Eastside de Vancouver donde realizó una visita para conocer de primera mano como trabaja y cuáles son sus necesidades, Markle lució jersey de punto beige de la firma The Row, pantalones negros y botas a juego.

Los abrigos minimalistas los ha sustituido por chaquetas térmicas con capucha ribeteada en piel, los tocados con redecilla por gorros de lana de montaña y los vestidos midi por mallas, una imagen que delata que la nueva vida de la duquesa de Sussex está exenta de protocolo y libre de ataduras.

Prueba de ello ha sido la elección de prendas -leggins, botas de montaña, sudadera térmica y gorro de lana- que escogió ayer para dar un paseo con su hijo, Archie, y sus dos perros por Hort Hill Regional Park en Vancouver, según se muestra en las redes sociales.

Según los datos de Lyst, "cada marca que ha lucido la duquesa de Sussex ha incrementado de media en un doscientos por ciento", una cifra que muchas firmas dejaran de ingresar.

La duquesa de Sussex cambia de rumbo y con ella su estilo, uno de los más admirados y imitados desde su condición de "royal". ¿Se eclipsa el poder prescriptor de Meghan Markle?.

Carmen Martín