EFEMoscú

Explicar el conflicto ucraniano sin ataduras y sin buscar culpables es el objetivo del reportero español Ricardo Marquina con su documental "Ucrania: el año del caos", un homenaje, sobre todo, a las víctimas civiles de la guerra.

"Yo no busco culpables. Lo que mejor ilustra mi punto de vista es que, cuando estoy con los prorrusos, me siento proucraniano y cuando estoy con los ucranianos me siento prorruso", dice a Efe Marquina.

El documental cuenta a lo largo de casi dos horas y media qué sucedió desde que comenzaron las manifestaciones en Kiev, la caída del presidente Víktor Yanukóvich, el cambio de poder, la anexión de Crimea, el levantamiento de las regiones prorrusas del este ucraniano y, finalmente, la guerra.

El autor entrevista a periodistas que han cubierto el conflicto, españoles, rusos, ucranianos y otros extranjeros, así como a miembros de ONG como Human Rights Watch o la Cruz Roja, pero también a la gente corriente, las víctimas.

"¿Por qué periodistas? Porque me consta que, de los que están ahí, ninguno miente. Cuentan lo que ven, luego a veces los medios pueden tergiversar, pero ellos son gente de la que me fío, que me merecen todo el respeto porque han arriesgado su vida", asegura.

Los testimonios se van alternando con las imágenes grabadas por el reportero a lo largo de los meses que viajó por Ucrania.

"Si quería hacer un documental honesto, debía utilizar sólo lo que yo he visto. Faltan cosas muy importantes, pero si hubiera tomado imágenes de youtube o de televisiones caería en el riesgo de tergiversar", señala Ricardo.

Por eso hay dos huecos en negro, uno de ellos la matanza de Odessa, nunca aclarada del todo, en la que murieron quemados cerca de 50 personas, prorrusos en su mayoría.

El segundo momento es la supuesta crucifixión de un niño ruso en el este de Ucrania, una historia falsa lanzada por la televisión rusa que ilustra a la perfección la furiosa guerra de propaganda que ha acompañado el conflicto.

"En ambos casos, con el audio consigo ilustrar lo que estoy contando", añade este reportero de Huesca, de 36 años, que ha pasado los últimos siete en Rusia.

Marquina no empatiza con ninguno de los dos bandos: "Los prorrusos son ultranacionalistas, supremacistas blancos, abiertamente homófobos, te dicen que quieren todo el este de Ucrania, y Polonia y los países bálticos. Y cuando estás en el otro lado, los ucranianos también son racistas, visceralmente antirrusos, sin un discurso, Rusia es mala y punto".

En todos los escenarios del conflicto "se identifica conseguir la libertad con cambiar la bandera en el balcón", critica, y por ello su objetivo era aportar algo "para la gente que está ahí, en medio de ese huracán y que han perdido todo".

Gente como Mijail, un hombre de unos 60 años que vivía con su madre, nonagenaria e inválida, en Uglegorsk, en la región de Donetsk.

"Los dos, y un vecino, habían ocupado y dormían en la casa de otro vecino que se había ido y que conservaba las cuatro paredes. Muy importante si pensamos que ese día hacía 25 bajo cero. Mijail había andado hasta el pueblo más cercano para conseguir pañales para su madre. No tenían prácticamente nada que comer", relata.

Otra mujer, Masha, se había ido a vivir al centro de Donetsk porque en su barrio bombardeaban constantemente, pero volvía cada tres días para dar de comer a sus perros, arriesgando su vida.

En Kramatorsk, el reportero pudo informar sobre la primera víctima civil de esta guerra, "una chica joven, guapa, que acababa de terminar la carrera de enfermería, había ido a llevar comida a su novio a un cruce de carreteras y le sorprendió un ataque de los ucranianos".

Allí una muchedumbre de unas 4.000 personas la emprendió con los periodistas -"os vamos a matar", les amenazaban-, mientras un cura ortodoxo con un megáfono gritaba: "vosotros, europeos, no tenéis alma".

Marquina decidió desde el primer momento que su documental lo colgaría en su canal de youtube (http://ukraineyearofchaos.com/) como una forma de asegurarse la independencia y la ausencia de limitaciones.

"No quería hacer esto por dinero, no quería comerciar con la gente que ha muerto", insiste.

"Si intentara colocarlo en algún canal de televisión me hubieran puesto, para empezar, límites de tiempo. He cubierto el conflicto de Ucrania para muchas televisiones y radios y siempre tienes muy poco espacio, entre 30 y 40 segundos. Yo quería contar algo sin límite temporal", afirma.

Por Virginia Hebrero