EFETeherán

Vivía sin ningún lujo, nunca pisaba los zapatos ajenos por respeto y no temía a nadie, solo a Dios. Así describen al fundador de la República Islámica, el imán Jomeiní, las personas de su entorno al cumplirse hoy 38 años de su regreso a Irán.

Frente a la imagen de un anciano riguroso y por muchos temido, un clérigo compañero de Ruholá Jomeiní durante su exilio en Irak y uno de sus guardaespaldas dibujan en sendas entrevistas con Efe un retrato más humano del fallecido líder.

Cariñoso, respetuoso, humilde y valiente son algunos de los adjetivos empleados para hablar del imán que instauró la República Islámica en 1979, tras el triunfo de la revolución contra el sha, y dirigió los designios de Irán durante una década.

"Era un firme luchador contra la arrogancia (...). Se enfrentó a Estados Unidos y no tuvo miedo de nada, solo temía a Dios", cuenta el ayatolá Mohamad Reza Rahmat, encargado de responder a preguntas sobre la ley islámica siguiendo la opinión de Jomeiní.

Rahmat acompañó durante doce años al imán en su exilio en la ciudad iraquí de Nayaf, y también estuvo a su lado posteriormente en Irán. Muchas vivencias compartidas que se emociona al recordar en su conversación con Efe en el museo-casa de Jomeiní en Teherán.

Cuenta por ejemplo que el imán nunca pisó los zapatos de los asistentes colocados en la entrada del "hoseiniye" (lugar religioso chií) al que estaba conectado su humilde vivienda.

"Andaba de puntillas. Era muy atento, cuidadoso y respetuoso", afirma el anciano clérigo, quien define incluso a Jomeiní como "muy cariñoso".

Una opinión que no comparten sus detractores, que ven a un líder con puño de hierro que impuso su visión conservadora del islam, como la obligatoriedad del velo o la segregación de sexos, y que persiguió a los opositores a su régimen.

Amnistía Internacional resumía en 2009, coincidiendo con el 30 aniversario de la instauración de la República Islámica, que todo este periodo se caracterizó "por violaciones persistentes de los derechos humanos, de mayor alcance en los primeros años".

Sin tocar estos temas, Rahmat ahonda en sus recuerdos del exilio, en el momento en el que acompañaron a Jomeiní hasta la frontera con Kuwait y cómo temían por su futuro.

"Estábamos llorando. Cuando le besamos la mano, nos aconsejó que no nos preocupáramos por nada y que trabajáramos para Dios", relata Rahmat, destacando su valentía.

Tras verse obligado a abandonar Irak, Jomeiní se dirigió en 1978 a Francia, donde residió hasta su regreso a Irán pocos días antes del triunfo de la Revolución Islámica.

De su llegada a Teherán y los días previos, mantiene un vivo recuerdo el que fue su guardaespaldas y luego su contable Seyed Rahim Mirian, que acudió raudo desde Isfahán para dar la bienvenida al imán.

Tuvo que esperar cinco días para ver al líder ya que su vuelta se retrasó por la decisión del entonces primer ministro, Shapur Bajtiar, de cerrar el aeropuerto.

"Durante esos días fuimos siempre a la Universidad de Teherán para realizar una sentada de protesta y gritar eslóganes", rememora Mirian, quien destaca que los teheraníes fueron "muy hospitalarios" con los foráneos ofreciendo alojamiento y comida.

Tres años más tarde de ver a Jomeiní bajar del avión, coincidiendo con la actividad contraria al régimen islámico del grupo Furqan y del partido comunista Tudeh, Mirian regresó a Teherán para proteger al imán.

"Diecisiete personas integrábamos el primero de los tres círculos de guardaespaldas del imán. Éramos también sus confidentes", detalla con orgullo.

Cuando se tranquilizó la situación, Mirian pasó a encargarse de la contabilidad de la casa y oficina de Jomeiní. Allí comprobó sus gustos austeros.

"Intentaba vivir como la clase social más baja. Podía vivir en palacios y decidió venirse a esta vivienda porque quería estar entre la gente", dice el exguardaespaldas aludiendo al apartamento de una habitación donde residió Jomeiní en Teherán.

De hecho, el fallecido líder iraní rechazó vivir en una villa porque consideraba que en ese lugar -agrega Mirian- "se le cortarían los lazos con el pueblo y solo podría estar en contacto con los responsables".

Irán conmemora estos días el regreso del imán desde el exilio y el 38 aniversario del triunfo de la Revolución Islámica, el día 22 del mes iraní de Bahman, este año el próximo 10 de febrero.

Marina Villén y Artemis Razmipour