EFEHartbeespoort (Sudáfrica)

Hace solo tres años, Zeev, Stark, Raven y otros 13 lobos grises canadienses criados en Sudáfrica parecían abocados a morir como presas en una reserva de caza. Una fundación, creada para salvarlos, evitó ese destino y, desde entonces, les da cobijo a las afueras de Johannesburgo.

Instalada en un enclave pequeño y, de momento, poco conocido de la localidad de Hartbeespoort, All Hearts Foundation (AHF) es ahora un santuario para casi ochenta animales de todo tipo, desde gatos y perros rescatados hasta un caballo, dos cerdos y una tortuga.

La manada de lobos rescatados también ha aumentado e incluye a un híbrido que es mitad lobo gris canadiense (especie también conocida como lobo del Mackenzie o lobo del noroeste) mitad lobo ártico, y a otro pequeño cuadrúpedo, cruce entre lobo y pastor alemán.

"Ningún ambiente de cautividad es una solución o arreglo rápido, pero es mejor que el que los animales estén en situaciones comprometidas", explica a Efe Lexi Austen, fundadora de AHF junto a su pareja, Ronnie Austen.

Ambos conocían a los dueños de la reserva de depredadores que construyó el anterior hogar de estos lobos, que pertenecen a una especie amenazada endémica del noroeste de América. Cuando esta cayó en bancarrota, los Austen se volcaron para salvarlos ya que, de otro modo, habrían acabado subastados en el mercado de fauna para caza.

En Sudáfrica, un país donde proliferan las reservas y cotos de caza de todo tipo -incluidas las que ofrecen la opción de disparar a grandes depredadores-, son una especie exótica que no tiene grandes problemas de adaptación, ya que el rango de temperaturas de máximo calor no varía mucho respecto a un verano norteamericano.

Los problemas vienen, sin embargo, por otro lado.

Pese a que Sudáfrica es una gran embajadora en materia de conservación con los animales típicos más famosos de África, como el león o los amenazados rinocerontes, con las especies que no son originarias de su tierra no hace tan buen trabajo.

La posesión de especies exóticas está ampliamente reguladas y tener un tigre viviendo en el jardín de casa no es un capricho tan legalmente imposible como podría parecer.

Por ello, aunque no sea tan conocido, los Austen confirman que hay muchos lobos viviendo en suelo sudafricano.

"Estamos encontrando un montón de criadores en el país, hay muchos, muchos lobos en el país y están siendo vendidos como mascotas. Eso para nosotros es la mayor preocupación porque aún son animales salvajes a fin de cuentas", comparte Lexi.

Incluso en los casos en los que la cautividad ha acostumbrado a los lobos al trato con los humanos, como ocurre con la manada de AHF a la que los Austen dan de comer pequeños "premios" directamente con sus manos sin pestañear, estos animales sufren especialmente en casos de aislamiento.

"Son animales de manada, así que definitivamente necesitan a los suyos para desarrollarse", apunta la fundadora de AHF.

"Nuestro objetivo fundamental para el futuro es educar al público sobre el hecho de que los animales exóticos en nuestro país no tienen los mismos derechos que las especies endémicas", continúa esta exmaestra de profesión, que con el santuario ha logrado combinar sus dos pasiones: enseñar y los animales.

"Desafortunadamente, controlar las cantidades (de animales exóticos) que están siendo criadas dentro del país es el mayor problema, porque vas a tener a alguien que igual tiene un permiso para importar dos, pero siete meses después igual esos dos tienen seis bebés que pueden ser vendidos ya que, como son exóticos, no requieren permisos", arguye Lexi Austen.

Solo dos de las nueve provincias sudafricanas requieren ese tipo de controles de intercambio y de posesión con especies exóticas, según apunta, lo que genera un gran vacío legal que deja desprotegidos a los animales.

"No se habla lo suficiente de esto porque, aunque que no se entienda esto con mala voluntad, nosotros nos centramos en nuestros rinocerontes, nuestros leones...", precisa.

Pero de momento, AHF es todavía un proyecto en desarrollo que vive de las donaciones y aún tiene que resolver grandes desafíos financieros como, por ejemplo, terminar de comprar la propiedad donde ahora se asienta para poder hacer reformas que den más comodidades a los lobos, actualmente confinados en dos recintos poco amplios con charcas de agua.

"Estamos realmente intentando potenciar el ambiente de santuario para que los animales tengan una vida rica", apunta.

Lo que está en juego, si no, es que Zeev, Stark, Raven y el resto de sus compañeros terminen finalmente como dianas de los cazadores recreativos.

Nerea González