EFELa Umbría (Huelva)

Hace 20 años, a un grupo de mujeres de la aldea onubense de La Umbría se reunió para celebrar el puente de diciembre con una degustación de migas, una idea que se ha desbordado hasta tal punto que su vigésima edición ha multiplicado por diez la vida de sus habitantes.

Este sábado han sido más 2.500 personas las que han llegado a esta aldea de la sierra de poco más de 300 habitantes, atraídas por la vigésima edición de una idea que tiene un fin solidario, y que este año se destina a dos niños de la comarca serrana onubense que necesitan tratamientos médicos urgentes.

Este típico plato se elabora con pan serrano al menos del día anterior, patatas, ajos, pimientos y mucha paciencia, con pocos secretos, pero entre ellos se encuentra que cuando el pan ya se está ultimando no se puede dejar de mover en ningún momento.

En muchos casos se acompaña con sardinas asadas o chorizo, aunque esto queda ya al libre albedrío de cada cocinero, que en el caso de La Umbría son una decena de hombres y mujeres, elaborando sin parar todos los ingredientes desde poco después de las diez de la mañana.

Para que todo haya sido un éxito, ha estado más de un mes trabajando la Asociación de Mujeres ‘El Pilar’, alma de esta idea, que cada año evoluciona un poco más, como explica a Efe su presidenta Rosario Domínguez, que recuerda que “todo empezó como una fiesta entre amigos, que decidimos reunirnos para comer migas, y es verdad que empezamos con muy poca cosa, pero cada año va a más”.

Todo el mundo aporta algo para que la fiesta sea un éxito y lo más rentable posible: “el pan nos lo donan panaderos de Aracena y otros lugares de la comarca, y hemos llenado un montón de congeladores”, explica Rosario, señalando que “del chorizo compramos la carne y lo aliñamos con aliños caseros”, y todo un calendario de trabajo perfectamente coordinado.

El pasado 18 de noviembre tuvieron la primera quedada de las mujeres promotoras para comenzar a preparar los dulces caseros que se venden como complemento a las migas, de los que se han vendido 645 docenas, y este año a la carta se han unido montaditos de lomo al precio, igual que el plato de migas, de dos euros.

Las cifras de la fiesta son difíciles de calcular, por lo que Rosario Domínguez no tiene claro cuántos kilos de migas o platos se han podido vender, pero sí tiene claro que se han pelado 375 kilos de patatas para añadir a las migas.

Lo de las patatas es un detalle voluntario, porque las migas están abiertas a la imaginación de las personas que se encargan de realizarlas, siempre que se respete la idea original, es decir, que el pan sea al menos del día anterior, o bien que se haya descongelado con la suficiente antelación para que esté perfecto a la hora de echarlo a los impresionantes peroles que se usan para esta cita.

La jornada se completa con la solidaridad de decenas de voluntarios que trabajan durante todo el día para que todo sea un éxito, funcionado como un perfecto engranaje entre las mujeres que preparan los ingredientes, los hombres que elaboran las migas paleta en mano y los camareros y camareras que las sirven a velocidad de vértigo.

Hasta el sol se ha unido a la fiesta, y se han quedado pequeñas las mesas situadas en pleno campo junto al pabellón donde se elaboran las migas, convirtiendo la jornada en un día de picnic en pleno invierno para un sol primaveral que aportaba los 17 grados centígrados necesarios para que todo se haya desarrollado dentro de un guión perfecto, como unas migas perfectas y solidarias.

Fermín Cabanillas