Con un kilómetro de longitud, es la segunda tirolina más larga de España, está en los Picos de Europa y probarla es vivir la experiencia de volar durante un minuto y medio a cien metros del suelo.

Para colgarse en ellas hay que viajar al corazón del valle de Liébana, al pueblo cántabro de Camaleño, situado al pie de la carretera que une la villa de Potes con el Teleférico de Fuente Dé.

Al frente está el empresario lebaniego Francisco Rodríguez, que lleva diez años “en el negocio de las tirolinas”, abrió la de Camaleño hace dos meses y se ha propuesto conseguir, nada menos, que la más grande del mundo esté en su tierra, en Cantabria, y no en los Emiratos Árabes.

No es el único proyecto que tiene entre manos, convencido de que Cantabria reúne todas las condiciones para convertirse en “Territorio Zip Line”, dice a Efe, en la base de la instalación de Camaleño.

Un kilómetro de tirolina para volar en los Picos de Europa. EFEverde