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Montevideo busca declarar visitante ilustre al delantero francés Antoine Griezmann, campeón del mundo con su selección, ante una posible visita a Uruguay, según confirmó este lunes a Efe el prosecretario general de la intendencia, Christian Di Candia.

El funcionario explicó que el intendente montevideano, Daniel Martínez, "solicitó comenzar con el proceso administrativo" de este proyecto ante "la innumerable cantidad de manifestaciones en favor del jugador".

El prosecretario resaltó además que "se ha manifestado públicamente" que el atacante, autor de cuatro goles en el Mundial, visitará Uruguay el próximo diciembre, ocasión en la que se entregaría su plaqueta, aunque aclaró que en caso de que ese viaje se aplace, se le dará "en otro momento".

El mencionado reconocimiento se otorga a los extranjeros que visitan el país austral y que, por sus cualidades artísticas, culturales, deportivas o filosóficas, "merecen ser distinguidos".

"En este caso estamos hablando de un deportista distinguido, campeón del mundo y alguien que de alguna manera ha puesto el nombre del Uruguay en la palestra publica en los últimos tiempos, que se ha destacado de alguna manera como una persona hincha de nuestro país y nuestras costumbres", destacó.

Para Di Candia, Griezmann "manifiesta muchísimo respeto" por la cultura general y futbolística uruguaya, por lo que cree que se debe "sentir orgullo" ante el "cariño" del francés.

Tras ser elegido el mejor jugador de la final del Mundial, el delantero de Atlético de Madrid participó en una rueda de prensa en la que un periodista uruguayo le ofreció la bandera de su país.

Griezmann de inmediato la reclamó y tras tomarla se la puso sobre sus hombros para luego proseguir con la conferencia, sin quitársela hasta completar su estancia con los medios.

Además, el número 7 de la selección campeona es amigo del uruguayo Diego Godín y también compañero de equipo de José María Giménez.

Sin embargo, la conexión de Griezmann con el país austral comenzó cuando jugaba en la Real Sociedad, donde debutó bajo las ordenes del entrenador charrúa Martín Lasarte.

Allí se cruzó también con Carlos Bueno, que tenía 30 años cuando el galo, de 17, comenzaba a pedir paso. Con él se aficionó al mate, pero también se hizo hincha de Peñarol, donde había jugado el uruguayo.