Ammán, 16 jun (EFE) – Dos décadas después de su llegada al trono, al rey Abdalá II de Jordania le quedan algunas tareas pendientes, como la democratización, a pesar de haber conseguido mantener a su país al margen de los conflictos armados y las sacudidas que han desestabilizado todo Oriente Medio desde 2011.

El monarca está celebrando este mes el XX aniversario de su ascenso al trono en 1999, con 37 años de edad y tras haberse formado en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos, y haber alcanzado el rango de general en las Fuerzas Armadas jordanas, y seis años después de haber contraído matrimonio con la occidentalizada Rania.

Desde el principio, "no había planes para la democratización, por tanto el proceso político no ha creado una democracia", explica a Efe el analista político Labib Kamhawi.

El exprofesor de Ciencias Políticas agrega que en un primer momento el rey asumió el reto de tomar el poder y mantenerlo, pero la transformación democrática nunca llegó porque "el poder se mantuvo en las manos de una sola persona".

Respecto a la crisis económica que vive Jordania desde hace años, Kamhawi considera que se debe a la "mala planificación y la incapacidad a lo largo de los años de luchar contra la corrupción, que ha echado a perder los recursos y bienes del país, y dificultado las inversiones".

En los pasados años, Jordania ha responsabilizado de su mala situación económica al gran número de sirios que acoge desde el estallido en 2011 de la guerra en el país vecino. Actualmente el reino hospeda 1,3 millones de sirios, según las autoridades, incluidos 650.000 refugiados registrados por la ONU.

Anteriormente, recibió muchos refugiados del vecino Irak, pero Jordania puede presumir de haberse mantenido al margen de los conflictos y la inestabilidad al otro lado de sus fronteras, que sólo en algunas ocasiones han salpicado a su territorio de forma directa.

"Las políticas moderadas del rey han hecho posible llevar al país hacía la seguridad en medio de un Oriente Medio en llamas", asegura a Efe Musa Eshtaiwi, director del Centro de Estudios Estratégico de la Universidad de Jordania.

El experto también destaca que el apoyo que el monarca recibe de los ciudadanos le ha permitido mantener a Jordania "segura y estable" en medio de los conflictos de sus vecinos.

No sólo la revolución siria, que dio comienzo en la ciudad de Deraa, a poca distancia de la frontera jordana, sino también la expansión del grupo terrorista Estado Islámico (EI) por amplias áreas de Siria e Irak entre 2014 y 2018, amenazaron en varias ocasiones con desestabilizar el reino.

Abdalá II decidió sumarse a la coalición de países que luchan contra el EI bajo el mando de Estados Unidos, lo cual convirtió a Jordania en un blanco potencial de los extremistas, que han llevado a cabo algunos atentados en el reino pero nunca se hicieron fuertes dentro de sus fronteras.

Si bien el rey puede alardear de la situación de seguridad de la que goza Jordania, no puede decir lo mismo de su sistema político, con continuos cambios de Gobierno e inestabilidad, ni de su economía.

"Los diferentes Gobiernos no han conseguido construir un Estado verdaderamente democrático o con un planteamiento democrático", dice a Efe Said Thiab, secretario general del partido izquierdista Unión Popular.

En su opinión, esto se debe a la "falta de voluntad política que trae consigo las reformas políticas, incluido un sistema electoral moderno y justo que dé lugar a un Parlamento realmente representativo".

A día de hoy, el rey todavía tiene pendiente la tarea de cambiar la ley electoral para mejorar la representatividad de la vigente, que ya ha sido reformada en varias ocasiones en el pasado sin satisfacer nunca a electores y políticos.

La última sacudida y cambio de gabinete tuvieron lugar el año pasado, tras amplias protestas en las calles por las reformas fiscales que Jordania está adoptando bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Jordania ha tenido que acudir al organismo por el fracaso de su política económica en las pasadas dos décadas, según Thiab, y eso está generando "más pobreza, desempleo, deuda y déficit estatal".

Según datos oficiales, la deuda pública alcanzó 28.500 millones de dólares en octubre de 2018, más del 94 % del PIB, y el desempleo se situó en 18,7 % al final del año pasado, mientras que los presupuestos generales aprobados para 2019 prevén un déficit del 4 % del PIB.

Abdul Jalil Mustafa