EFEEin Hashlosha (Israel)

Una frágil calma regresó hoy a la frontera de Israel con Gaza tras la escalada de tensión de las últimas horas en la periferia del enclave palestino, desde donde milicias dispararon más de un centenar de proyectiles en menos de 24 horas, respondidos con más de 60 bombardeos del Ejército.

El zumbido permanente de un dron de vigilancia rompe el silencio del kibutz Ein Hashlosha, fundado en los años 50 por un grupo de uruguayos y argentinos de origen judío.

En este lugar, donde viven unas trescientas personas, impactó ayer un mortero procedente de Gaza sobre una guardería, minutos antes de que se llenara de niños, por lo que solo resultó herida leve una persona por las esquirlas.

"Lo que pasó ayer no fue algo excepcional. Sucedió muchas veces en otras épocas y de forma muy frecuente", explica a Efe Yehuda Kedem, quien emigró de Buenos Aires hace 65 años para convertirse en un "pionero" de esta colonia, que describe como "una isla de vida en el desierto".

"Pasado el momento de emergencia se vuelve a la rutina, no es algo excepcional y aquí el espíritu y la moral siempre es algo", apunta este anciano de 87 años y bromea al señalar que en Ein Hashlosha solían decir con humor "los primeros cincuenta años son difíciles pero después uno se acostumbra".

El proyectil que cayó en la guardería fue solo uno de los varios que llegaron a territorio israelí, donde se evitó el impacto de cerca de cuarenta disparos interceptados por el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro.

Los movimientos islamistas Hamás y Yihad Islámica reivindicaron la autoría de los lanzamientos, que continuaron hasta las 5 de la madrugada de hoy, aunque el Ejército israelí responsabiliza a los primeros por ser quienes controlan de facto la Franja desde 2007.

Hamás "no distingue entre objetivos civiles y militares, para ellos cualquier objetivo es legítimo dijo el coronel Kobi Valer, vicecomandante del Comando Sur de Israel, ante un grupo de periodistas en una localidad próxima a la frontera con Gaza.

Valer también destacó que muchos de los proyectiles disparados, tanto morteros como cohetes, eran de fabricación iraní, "lo que demuestra la gran influencia de Irán sobre Gaza".

Analistas locales señalan la contención en la represalia israelí, que a pesar de su magnitud no provocó muertos, lo que indicaría que el país no está interesado en una escala de violencia, si bien está preparado para cualquier posible escenario.

Lo que ocurra, dependerá de "lo que Hamás vaya a hacer: si va a escalar la situación y continuar disparando contra civiles israelíes, el Ejército está listo, preparado y deseando defender a los civiles", advirtió a Efe el portavoz militar israelí, teniente coronel Jonathan Conricus.

A tres kilómetros de la ciudad gazatí de Jan Yunis, en el sur de Gaza, los residentes de Ein Hashlosha han pasado la noche desvelados por las alarmas antiaéreas, que en varias ocasiones les recordaron la necesidad de ir a los refugios que hay en cada casa y a menos de 15 segundos de áreas comunes como supermercados y escuelas.

"Aspiramos a un futuro de paz, si no, no estaríamos acá con criaturas creciendo. Esperamos que con el tiempo (los palestinos) entiendan que la mejor opción de vida es la pacífica y no la belicosa", expresa Kedem.

Dani Koar, de 50 años y encargado de gestionar el kibutz, narra a Efe -ante el árbol partido por el mortero en el patio del jardín de infancia- que los niños "entienden a su nivel lo que pasa, aunque no vean la televisión y escuchen la radio, oyen las explosiones y ven los aviones. Saben que algo raro sucede".

A pesar de ello, las escuelas abrieron hoy con normalidad tanto en esta comunidad como en los cinco consejos regionales donde ayer se dispararon las sirenas antiaéreas durante el día, un ejemplo del deseo de rutina de sus habitantes.

"A los dos lados de la frontera hay gente que quiere vivir en paz, ir a trabajar, que los niños jueguen y hacer una vida común y corriente. Es importante que se sepa que nadie quiere esta situación", manifestó este residente.

Por María Sevillano