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El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha allanado el camino de China para continuar su expansión naval y militar en el disputado Mar de China Meridional, lo que proporciona una ventaja al gigante asiático en su pugna con Estados Unidos por dominar el Pacífico.

Duterte ordenó unilateralmente el pasado 11 de febrero la revocación del Acuerdo de Visita de Tropas (VFA, en inglés) con EEUU, que regulaba desde 1998 los entrenamientos militares conjuntos en suelo filipino, y ha sugerido que anulará otros pactos de defensa con su principal aliado militar.

La suspensión del VFA es una represalia por la decisión de EEUU de revocar el visado al senador Roland Dela Rosa -exjefe de la policía y socio político de Duterte-, aunque varios analistas consultados por Efe aseguran que se trata de un "simple pretexto", ya que la medida forma parte de una estrategia meditada del mandatario dentro del viraje de su política exterior hacia China y Rusia.

La decisión, además de socavar siete décadas de alianza militar entre Filipinas y EEUU -la más antigua de Asia- y de tensar la relación bilateral, tiene repercusiones en la geopolítica de toda la región.

¿FIN DE LA ALIANZA MILITAR?

Antonio Carpio, exmagistrado del Tribunal Supremo y experto en derecho internacional, alertó de que el fin del VFA es solo "el primer paso para desmantelar la cooperación militar entre Filipinas y EEUU", apuntalada en el Tratado de Seguridad Mutua (MDT) de 1951.

La suspensión del VFA -efectiva 180 días después de su comunicación oficial el 11 de febrero- dejará "inservible" el Acuerdo de Cooperación de Defensa Mejorada (EDCA) de 2014, que da acceso a personal y equipamiento militar de EEUU a cinco bases filipinas; y causará un "agujero" en el MDT, según Carpio.

"Sin la cooperación militar con EEUU, estamos invitando al enemigo a adueñarse de islotes, arrecifes y todo lo que desee en el Mar de China Meridional", advierte el jurista, que además cuestionó el argumento del presidente de que persigue una política exterior independiente.

Filipinas mantiene, junto con Vietnam, Brunéi, Malasia y Taiwán, una disputa territorial con China en ese mar, vía estratégica por la que circula el 30% del comercio global y alberga el 12% de los caladeros mundiales y posibles yacimientos de petróleo y gas.

Pekín reclama la práctica totalidad del mar, donde ha construido bases militares e islas artificiales, y ha ocupado la Zona Económica Exclusiva de sus vecinos, en particular Filipinas.

La Corte Permanente de Arbitraje (CAP) de La Haya atribuyó en 2016 a Filipinas la titularidad de varios territorios de ese mar, el atolón Scarborough y parte del archipiélago Spratly, pero Duterte ha ignorado el fallo ante la promesa china de una generosa inyección de 30.000 millones de dólares en préstamos e inversión.

"La experiencia reciente muestra cómo la alianza Filipinas-EEUU es el único elemento disuasorio en la reclamación de nuestro territorio por parte de China", afirma el diplomático Albert del Rosario, ex secretario filipino de Exteriores (2011-16) y actual presidente del Instituto Stratbase.

RECHAZO DE LOS FILIPINOS

Lo cierto es que las encuestas muestran un amplio rechazo al "idilio" de Duterte con China, visto con malos ojos por el 93% de la población.

"Este cambio en la política exterior, que margina a un aliado fiable y favorece a un vecino agresivo que quiere privarnos de nuestro mar y tierra, es incomprensible y perjudicial", apuntó Del Rosario.

El experto en relaciones internacionales Richard Heydarian criticó la "negación total" de Duterte frente a la creciente influencia de China es una "postura insólita" en la región, donde gobiernos como los de Vietnam, Malasia o Indonesia han expresado su malestar.

Heydarian matizó que la cooperación con EEUU no solo es una garantía frente a la expansión de China, sino que además es "crucial para Filipinas en la lucha contra el terrorismo y la respuesta ante desastres naturales".

La vehemencia de Duterte contra EEUU contrasta con las posiciones dentro de las Fuerzas Armadas, donde la decisión del presidente ha causado estupor. Fuentes militares no ocultan su preocupación y admitieron a Efe, bajo condición de anonimato, el riesgo que supone para la seguridad.

EEUU destina cada año alrededor de medio millón de dólares al plan de modernización de las Fuerzas Armadas de Filipinas emprendido por Duterte, además de poner a disposición del país más de 13.000 efectivos, 66 aviones y 12 buques de guerra.

Los Ejércitos de ambos países han estrechado su relación en los últimos años: la colaboración estadounidense fue clave para derrotar a los yihadistas en la batalla de Marawi (2017) y el año pasado acordaron intensificar la cooperación bajo el VFA al programar para 2020 más de 300 actividades conjuntas.

"La alianza militar con EEUU es nuestro mejor seguro de vida y anular el VFA socava la modernización de nuestras Fuerzas Armadas", subraya Renato de Castro, profesor de la Universidad De La Salle de Manila, experto en las relaciones de Asia con EEUU.

De Castro advierte del "alto coste" de la nueva política de Duterte para los filipinos, "que no han sido consultados en un momento en el que las encuestas reflejan que EEUU es la potencia en la que más confían".