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Cada siete años el Parlamento de Italia se convierte en un hervidero para cumplir con uno de sus más altos deberes: la elección del jefe del Estado, un ritual que arrancará el lunes, esta vez alterado por las medidas contra el coronavirus.

El Palacio de Montecitorio, un enorme complejo levantado en el siglo XVII en el corazón de Roma y sede de la Cámara de Diputados, acogerá las votaciones para elegir al próximo jefe del Estado ante el fin de mandato del actual, Sergio Mattarella.

Una tarea que dependerá de los 1.009 "grandes electores": 630 diputados, 321 senadores y 58 delegados regionales que convertirán el hemiciclo en el escenario de una pugna para elegir al encargado de arbitrar y supervisar la política en el septenio venidero.

Pero, como era de esperar, el virus ha terminado por alterar el protocolo de la votación.

¿CÓMO SE ELIGE AL PRESIDENTE DE ITALIA?

Como todo lo importante en Italia, la elección del principal cargo institucional del país tendrá lugar de forma analógica, con papel y bolígrafo.

En el centro del hemiciclo se instalarán unos túneles por los que los parlamentarios irán pasando para escribir su candidato.

A su salida de estos "catafalcos", como se conocen, depositarán su papeleta en las "ensaladeras", unas urnas verdes de mimbre que serán vaciadas para el escrutinio final, leído en voz alta por el presidente de la cámara, Roberto Fico.

Sin embargo en esta ocasión el protocolo "anticovid" ha acabado por modificar el ceremonial, que suele degenerar en aglomeraciones, cuchicheos en pasillos y efervescentes negociaciones.

Los túneles ya no tendrán las cortinas de fieltro para permitir su ventilación y además la cámara no acogerá a los 1.009 "grandes electores" al mismo tiempo, sino que irán siendo llamados por turnos.

Solo habrá una votación al día y los parlamentarios entrarán en grupos de cincuenta en franjas horarias prefijadas y por orden alfabético, mientras que durante el escrutinio el aforo no excederá las doscientas personas.

De este modo se ha calculado que las votaciones durarán unas cuatro horas y se repetirán cada día hasta que los partidos converjan en un nombre que sume la mayoría de dos tercios requerido, o la mayoría absoluta desde el cuarto escrutinio.

¿QUÉ HACER CON LOS ELECTORES CONTAGIADOS?

Otra cuestión era qué hacer con los parlamentarios actualmente aislados u hospitalizados por el coronavirus, una treintena según el último balance, aunque la cifra cambia cada día, advierten desde la organización.

El problema es que la legislación actual impide a estas personas viajar contagiadas pero, dado que cada voto cuenta, el presidente Fico ha pedido que se haga una excepción.

El Gobierno aprobó el viernes un decreto que permite a estos electores viajar a Roma es coche o ambulancias, desde donde podrán votar pasando por el aparcamiento del Parlamento, dando la papeleta a unos funcionarios.

Mientras estén en la Ciudad Eterna no podrán salir a la calle, permanecerán en el hotel indicado, se les prohibirá el contacto con terceros y la mascarilla FFP2 será obligatoria.

UNA CITA HISTÓRICA

La elección del jefe del Estado es uno de los momentos más sobresalientes de la política desde que se proclamara la República en 1946 y muestra de ello es la enorme expectación que genera.

La historia democrática del país, surgida tras la II Guerra Mundial y el colapso del sistema monárquico y del fascismo, está repleta de anécdotas sobre esta votación que se ha repetido anteriormente en otras doce ocasiones.

Y solo en dos se eligió a un candidato a la primera: en 1985 con el democristiano Francesco Cossiga y en 1999 con el economista Carlo Azeglio Ciampi.

El presidente "partisano" Sandro Pertini fue la solución en 1978 solo después de dieciséis votaciones pero la palma se la llevó en 1971 el ex primer ministro democristiano Giovanni Leone, que se convirtió en el quinto presidente después de veintiún escrutinios.

En esta ocasión ningún bloque tiene los números para imponer un candidato y se necesitará un acercamiento entre la izquierda y la derecha para la "fumata blanca".

Se busca un presidente que conduzca el país en pandemia, que permita al Gobierno agotar la legislatura en su término natural, el 2023, impidiendo un adelanto electoral en pleno reparto de la lluvia de millones europea del Plan de Recuperación, y sobre todo que sea del agrado de todos o casi todos.

Gonzalo Sánchez