EFEJerusalén

La policía de Israel convirtió el funeral de Shireen Abu Akleh, la periodista palestina muerta el miércoles mientras reporteaba en Cisjordania ocupada, en una “zona de guerra”, aseguró este lunes a Efe la familia de la reportera.

Cuando un grupo de dolientes cargaba el viernes el ataúd de Abu Akleh para trasladarlo a su funeral -tal y como se acordó previamente con las autoridades israelíes-, “nos sorprendimos por la cantidad de policías que empezaron a golpear a todos”, dijo a Efe Lisa Abu Akleh, cuñada de la reportera.

“Yo caí al piso, traigo la pierna lastimada, uno de los policías me amenazó directamente. Tuvimos que escondernos, yo vi a policías montados a caballo atacando a la gente, como si fuera una zona de guerra. Ya no era un funeral”, describió sobre los incidentes registrados en el hospital Saint Joseph de Jerusalén Este ocupada.

Imágenes capturadas por varios medios y viralizadas a través de redes sociales mostraron cómo, ante la embestida policial, el féretro de la reportera estuvo a punto de caer al suelo.

La policía israelí sostuvo que tuvo que hacer frente a "alborotadores" que arrojaban piedras, una versión que desmintió este lunes el director del hospital, Jamil Koussa.

“Yo estaba presente, no vi a nadie arrojando piedras”, aseguró Koussa, al denunciar que la Policía tenía como blanco a quienes llevaban banderas y pancartas. “Ellos consideran que eso es violento”, añadió.

Para Lina Abu Akleh, sobrina de Shireen, el inicio del funeral fue “una escena barbárica, inaceptable, completamente irrespetuosa”.

Ella coincide con Koussa en que la estrategia policial “fue completamente intencional”, pues desde temprano hubo despliegue de gran número de patrullas, tanques de agua y lanzamientos de granadas de aturdimiento.

El gobierno de Israel “quiso silenciar a Shireen desde el primer día, e incluso en su funeral trató de silenciar al pueblo, impedir que la gente le rindiera tributo porque ella eligió ser la voz de la verdad, ella era la voz de Palestina”, afirmó a EFE la sobrina de la veterana periodista de Al Yazira.

CONDENA DE LA IGLESIA

Las distintas iglesias cristianas en Jerusalén también rechazaron la actuación de las fuerzas israelíes durante el funeral.

“Al irrumpir en un instituto de salud cristiano, la Policía le faltó al respeto a la Iglesia, al instituto en cuestión y le faltó el respeto a la memoria de la fallecida”, expresaron en un comunicado el Patriarca Ortodoxo Griego, el Patriarca Latino de Jerusalén y los Obispos y fieles de las iglesias cristianas de Tierra Santa.

“Al invadir el hospital y atacar a los dolientes, golpearlos con porras, usar granadas de humo, disparar balas de goma, asustar a los pacientes del hospital, la Policía israelí demostró un uso desproporcionado de la fuerza”, añadió el parte, considerando lo ocurrido “una grave violación” del derecho a la libertad de culto.

Después de los enfrentamientos con la Policía, los restos de Abu Akleh, de fe cristiana y que contaba con doble nacionalidad palestina y estadounidense, fueron trasladados en un vehículo fúnebre a una iglesia de la Ciudad Vieja, donde se celebró una misa, y luego al cementerio Monte Sión, donde yacen sus padres.

Su muerte se produjo el pasado miércoles tras recibir un disparo en la cabeza mientras cubría una incursión militar israelí en el campo de refugiados de la ciudad cisjordana de Yenín.

Las autoridades palestinas y testigos de los hechos responsabilizaron a las fuerzas israelíes, mientras que el Gobierno israelí acusó inicialmente a milicianos palestinos y luego enfatizó que por el momento es imposible determinar quién efectuó el disparo.

“Queremos justicia. Lloramos ayer, lloramos mucho, pero hoy queremos justicia, no queremos nada más”, agregó Lisa.

El Consejo de Seguridad de la ONU condenó enérgicamente “el asesinato” de la periodista y las heridas causadas a otro reportero en ese mismo momento.

Seis personas fueron arrestadas durante los servicios funerarios -a los que asistieron unas 10.000 personas- y otras 33 resultaron heridas, según fuentes oficiales.

Yemeli Ortega