EFEBengasi (Libia)

El Parlamento de Tobruk, cámara no reconocida por la comunidad internacional que gobierna en el este de Libia, se rompió hoy apenas un día antes de que se celebre una crucial sesión relacionada con la enmienda de la ley de referéndum, necesaria para las elecciones que promueve la ONU.

En un comunicado enviado a la prensa, los 30 diputados por la región de Cirenaica (este) anunciaron que se retiraban de la Asamblea y de la sesión hasta que sus demandas no sean consideradas de forma oficial.

Los parlamentarios advirtieron que no regresarán hasta que el país sea dividido de acuerdo a las tres regiones históricas -Cirenaica (este), Tripolitania (oeste) y Fezzan (sur)- y que cada una de ellas sea declarada región electoral independiente.

Además, exigieron que el porcentaje de voto mínimo en la consulta popular supere el 30 por ciento de los votantes registrados y que se forme una nueva Asamblea Constituyente si la Carta Magna no es aceptada por los libios.

"Tampoco deseamos enmienda alguna en el Acuerdo Político Libio -forjado por la ONU en 2015 y que permitió la formación del actual Ejecutivo en Trípoli- ni la renovación del actual Consejo Presidencial", que lidera en la capital el controvertido Fayez el Serraj, afirmaron.

En este sentido, llamaron a la población del este a boicotear el referéndum si finalmente se lleva a cabo y exigieron la formación de un nuevo gobierno en Trípoli, distinto al que ahora sostiene la ONU, que debería ser refrendado por la Cámara.

La aprobación de la ley de referéndum y de la enmienda constitucional son necesarias para llevar a cabo el plan de reconciliación propuesto hace un año por la Misión de la ONU para Libia (UNSMIL), que incluye convocar elecciones presidenciales y legislativas antes del fin del presente año.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los diferentes grupos rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

En la actualidad tiene dos gobiernos, uno en Trípoli apoyado por la mayor parte de la comunidad internacional y otro en Bengasi (este) bajo la tutela de Hafter, ninguno de los cuales disfruta de legitimidad democrática.

A ellos se une el poder independiente que ejercen en sus respectivas regiones las milicias de las ciudades de Misrata, principal puerto comercial del país, y Zintan, en el oeste, y las tribus Tuareg y Tebu en el sur.

La división ha sido aprovechada por los grupos yihadistas para asentarse en el país y por las mafias dedicadas al contrabando de armas, combustible, personas y alimentos para apropiarse de la economía nacional.