EFEKabul

Tres meses de retraso en el inicio de las negociaciones directas entre el Gobierno de Afganistán y los talibanes han desatado el temor a que el final de casi dos décadas de guerra en el país tarde años en llegar o nunca se materialice, a no ser que ambas partes dejen de obstaculizar de una vez el proceso de paz.

Las negociaciones debían haber comenzado el pasado 10 de marzo, después de que los talibanes y Estados Unidos firmasen un histórico acuerdo en Doha el 29 de febrero que incluía la retirada en 14 meses de todas las tropas estadounidenses de suelo afgano.

LA LIBERACIÓN DE LOS PRISIONEROS

Ese acuerdo, que no contó con la participación del Gobierno afgano, estipulaba la liberación de 5.000 prisioneros talibanes a cambio de 1.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas antes del inicio de las conversaciones, el 10 de marzo, pero el proceso sigue estancado por la desconfianza entre ambas partes.

Los talibanes, que consideran la liberación de sus 5.000 miembros como una condición previa indispensable para el proceso de paz, retiraron el equipo que negociaba el intercambio en abril por considerar que se estaba retrasando demasiado y no incluía a presos clave.

El Gobierno afgano, por su parte, ha afirmado que no es posible liberar a un número tan elevado de antiguos combatientes sin negociar directamente un mecanismo de intercambio.

"El largo retraso en el comienzo de negociaciones de paz muestra que hay una falta de voluntad, confianza y honestidad en ambas partes del proceso, sobre todo por parte de los talibanes", dijo a Efe el analista del centro de investigación afgano Rana Safiullah Mullakhil.

El especialista destacó que los retrasos "podrían abocar el proceso (de paz) al fracaso", mientras los talibanes "inventan excusas y obstáculos para continuar con la violencia".

SEÑALES DE PROGRESO ENTRE VIOLENCIA

El proceso de intercambio de prisioneros dio muestras este jueves de avanzar, cuando los talibanes anunciaron que su equipo técnico volvía a la mesa de negociación en Kabul tras mes y medio de boicot.

Hasta ahora, el Gobierno ha liberado unilateralmente a 2.000 talibanes encarcelados, 900 de ellos el pasado martes con motivo del alto el fuego de tres días por el fin del Ramadán declarado por los insurgentes, mientras que los talibanes han puesto en libertad a unos cientos de prisioneros gubernamentales.

Pero la vuelta a la mesa de negociaciones, la breve tregua y la semana de reducción de la violencia que siguió a la firma del acuerdo de Doha han ido acompañados por un aumento de las hostilidades insurgentes en todo el país.

El Gobierno afgano ha acusado a los talibanes de haber llevado a cabo 3.712 ataques entre el 1 de marzo y el 14 de mayo, en los que fallecieron 469 civiles y 948 resultaron heridos, sin contar las bajas entre las fuerzas de seguridad.

Un informe de Naciones Unidas publicado el 19 de mayo indica además que la violencia entre ambas partes ha ido en aumento en los últimos meses, con un incremento del 25 % de las víctimas civiles en ataques talibanes el pasado abril con respecto al mismo periodo de 2019.

UN ALTO EL FUEGO QUE NO LLEGA

Los insurgentes, sin embargo, han detenido sus ofensivas contra las fuerzas extranjeras presentes en Afganistán y se niegan a anunciar un alto el fuego permanente.

"Si hubiésemos tenido un alto el fuego antes (del acuerdo de Doha), habríamos sido testigos de un progreso claro en el proceso de paz y cientos de civiles no habrían muerto en los últimos meses", lamentó a Efe el portavoz del Movimiento Popular para la Paz afgano (PPM), Bismillah Watandost.

"Las principales víctimas de la violencia continua y la guerra han sido los pobres civiles, que han pagado el precio de la guerra durante 19 años", señaló el portavoz.

La formación insurgente considera que la violencia armada es su principal herramienta para presionar al Gobierno en las eventuales negociaciones de paz, y algunos de sus miembros todavía creen que es posible una victoria militar tras la partida de las fuerzas extranjeras.

Washington debe retirar sus tropas 14 meses después de la firma del acuerdo de Doha, y en los últimos días varias informaciones aparecidas en medios estadounidenses han indicado que planea sacar del país a miles de efectivos antes de las elecciones presidenciales de noviembre.

"Mientras que las negociaciones intraafganas están estancadas desde hace meses, una retirada completa de las tropas estadounidenses (...) dejará al Gobierno afgano en manos de los ataques talibanes", dijo a Efe el activista Nasir Ahmad Alokozai, que ha trabajado en concienciación pública sobre la paz y es fundador de la Oficina de Consultoría Innovadora Afgana (AICB).

CRISIS TRAS LAS ELECCIONES

Alokozai consideró que el Gobierno afgano es responsable en parte por la falta de progreso.

"Durante los últimos tres meses, el Gobierno no ha contado con un consenso claro entre sus propios efectivos sobre los esfuerzos de paz", lamentó.

El activista atribuyó este punto muerto a la crisis política desatada tras los comicios presidenciales de septiembre entre el ganador y presidente afgano, Ashraf Ghani, y su rival electoral Abdullah Abdullah, el segundo candidato más votado.

Plagados de acusaciones de fraude e irregularidades, los resultados electorales fueron rechazados por Abdullah, quien anunció la formación de un gobierno paralelo.

La crisis solo se resolvió el pasado 17 de mayo, cuando ambos políticos firmaron un acuerdo para compartir el poder que convirtió a Abdullah en el líder del proceso de paz.

Pero Abdullah todavía debe formar el organismo que se encargará de negociar con los talibanes, lo que supone una piedra más en el incierto camino hacia la paz en Afganistán.

Baber Khan Sahel