EFEJerusalén

Un escepticismo acompañado de esperanza recibe el anuncio de que los territorios palestinos volverán a celebrar elecciones este año, después de década y media sin cita con las urnas.

Maha Abdalah, abogada palestina y activista de Jerusalén Este, reconoce a Efe que su reacción ante el anuncio de elecciones fue de "emoción" aunque duda de "la intención real" de las autoridades de llevarlas a cabo.

El presidente palestino, Mahmud Abás, dio la sorpresa este viernes al firmar el decreto que pone fecha a unos comicios que no se celebran desde 2006, pero gran parte de la población lo ha recibido con escepticismo y duda incluso de que puedan materializarse.

Más de la mitad de palestinos (52%) tampoco cree que pueda celebrarse elecciones justas y libres en las actuales circunstancias en los territorios, según un sondeo del Centro Palestino de Investigación Política (PSR) publicado en diciembre.

PREPARATIVOS EN EGIPTO

Según Hana Nasser, presidente de la Comisión Electoral Central, en torno a dos millones de palestinos mayores de edad de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este podrán acudir a las urnas el próximo 22 de mayo, para elegir Parlamento, y el 31 de julio, para votar un presidente. Pero muchas cuestiones básicas siguen sin conocerse.

Además, el 31 de agosto se prevé la votación para el Consejo Nacional Palestino (CNP), órgano de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que engloba también a la diáspora.

Las facciones palestinas se reunirán la próxima semana en El Cairo para perfilar los detalles y tratar la forma de proceder en Gaza y Cisjordania, sujetas a poderes distintos y separadas territorialmente. La votación en Jerusalén Este, zona que está anexionada por Israel, es también incierta.

La franja, bajo bloqueo israelí, está gobernada de facto por el movimiento islamista Hamás desde 2007, cuando tomó su control y echó a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de Abás. Por su parte, la ANP tiene poder limitado en áreas reducidas de Cisjordania marcadas por la ocupación militar israelí. Todo ello hace que la logística electoral sea compleja.

La división entre Hamás y Fatah minó la unidad nacional palestina y trabó las elecciones, pero ambas organizaciones acercaron posiciones recientemente y el movimiento islamista celebró la convocatoria de los comicios.

Abás, que retiene la presidencia pese a que su mandato expiró en 2009, lo había prometido repetidas veces pero hasta ahora no emitió el decreto. Lo hace a pocos días de que el demócrata Joe Biden asuma la presidencia de EE.UU., lo que algunos interpretan como un guiño para acercarse a la Administración entrante tras años de desapego con Donald Trump.

El encuentro en Egipto entre las facciones buscará "resolver todos los problemas técnicos" para unos "comicios justos y transparentes", aseguró este sábado el presidente de la comisión electoral.

UN PROCESO CON OBSTÁCULOS

Otra cuestión incierta es la organización de los comicios en Jerusalén Este, ocupado y anexionado bajo jurisdicción de Israel, y donde las autoridades palestinas no tienen competencias.

"No tenemos garantías con respecto a Jerusalén", pero hay "planes alternativos", ha asegurado Nasser sin dar detalles, mientras intenta transmitir confianza para dar validez al proceso electoral.

Sin embargo, no se descartan los tropiezos y retos que podrían llevar a su aplazamiento o anulación. A ello se añade la crisis de la pandemia de coronavirus, que ha trastocado toda región mientras los palestinos esperan la llegada sin fecha concreta de las primeras vacunas.

Para votar, "la presión de la comunidad internacional a Israel será vital", sea en Jerusalén o el resto de territorios palestinos, explica a Efe Amar al Dwaik, director de la Comisión Independiente de Derechos Humanos palestina y exdirector del Comité Electoral.

Según este, actores como la UE, EE.UU., Jordania o Egipto deberían asegurar que el Gobierno israelí no obstruya o vete el transporte de personal, urnas y material electoral en Cisjordania ocupada y en la bloqueada Gaza.

Además, destaca que la mera perspectiva de votar crea un nuevo panorama político que podría empoderar a la sociedad civil palestina y a otros actores políticos desgastados por décadas sin avances.

"En el contexto palestino se debe ser siempre escéptico", pero en esta ocasión "creo que las elecciones podrían llegar a tener lugar".

"Mantener el statu quo es un riesgo mayor que ir a las urnas", ya que Abás y la ANP tienen "un grave problema de legitimidad que socava su posición y credibilidad" a nivel local e internacional.

Hamás también "enfrenta problemas muy serios en Gaza. Sus esfuerzos para levantar el bloqueo israelí fracasaron y sigue aislado", por lo que ir a elecciones podría darle la opción de reintegrarse en el sistema político palestino, pese a que sus diferencias con Fatah son aún muy profundas, advierte al Dwaik.

INCÓGNITA SOBRE ABÁS

Tampoco está claro si Abás, de 85 años, presentará de nuevo su candidatura como presidente. Sin embargo, según expertos, sigue sin tener un delfín dentro de Fatah y no la descartan.

Las últimas presidenciales, en las que ganó con más del 60% de votos, fueron en 2005, y la última vez que se eligió el Parlamento palestino fue en 2006, cuando venció Hamás.

Desde entonces, "generaciones enteras no eligieron a sus líderes", lamenta a Efe Momen Abu Yacoub, joven de 29 años de Cisjordania que nunca pudo votar. Tras la convocatoria del viernes se muestra "un poco más optimista", pero matiza que "aún no hay nada en claro".

"Supongo que donde hay voluntad puede haber una forma. En los próximos meses lo veremos", concluye con prudencia Abdalah.

Joan Mas Autonell