EFEAdís Abeba

Etiopía reafirmó hoy que la fuerza militar es la única vía que contempla para restablecer el "orden constitucional" en la rebelde región de Tigray, una disputa que, de recrudecerse, puede amenazar la estabilidad en el Cuerno de África.

De momento, no se avista una solución negociada al conflicto militar desatado esta semana entre el Ejército federal y las fuerzas leales al Frente de Liberación del Tigray (TPLF), en el poder en la región norteña, fronteriza con Sudán y Eritrea.

"Las operaciones de las fuerzas de defensa federales en marcha en el norte de Etiopía tienen objetivos claros, limitados y alcanzables", afirmó el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, en su cuenta de Twitter, tras ordenar el miércoles el ataque militar contra el TPLF, que llevaba tiempo desafiando al Ejecutivo central.

INTENTOS DE DIÁLOGO FALLIDOS

"El Gobierno federal intentó pacientemente durante varios meses resolver de forma pacífica las diferencias con el liderazgo del TPLF: probamos la mediación, la reconciliación, el diálogo", aseguró.

Pero "todos fallaron debido a la arrogancia e intransigencia criminal del TPLF. En la última gota que colma el vaso, el TPLF atacó al Comando Norte (del Ejército etíope) con base en Tigray", añadió el mandatario.

Esos objetivos, subrayó, son "restaurar el Estado de derecho y el orden constitucional, y salvaguardar los derechos de los etíopes a llevar una vida pacífica en cualquier lugar del país".

El primer ministro etíope ordenó la ofensiva militar, tras acusar al TPLF de atacar una base que el Ejército etíope tiene en Tigray -desde el final de la guerra entre Etiopía y Eritrea en 2002- para robar armamento, provocando "muertes".

"El orgulloso pueblo etíope de Tigray y otros ciudadanos no pueden ser tomados como rehenes por fugitivos de la justicia para siempre. Extraeremos estos elementos criminales de la región y relanzaremos nuestro país en un camino hacia la prosperidad sostenible para todos", aseveró Abiy.

Las Fuerzas Armadas etíopes quieren alcanzar ese objetivo con "el menor coste posible para la población civil en Tigray en el resto de Etiopía", añadió la Oficina del Primer Ministro en un comunicado.

Abiy, ganador del Premio Nobel de la Paz por contribuir al fin del conflicto con Eritrea, hizo así oídos sordos a las peticiones de la ONU y potencias como la Unión Europea o Estados Unidos de que cesen las hostilidades.

Pese a las declaraciones oficiales, resulta difícil conocer con precisión cuál es la situación sobre el terreno, pues el Gobierno federal ha cortado las telecomunicaciones e internet en Tigray.

En mensaje emitido por la tarde en la televisión estatal, el primer ministro informó de que la primera fase de la operación militar concluyó hoy, tras un ataque aéreo contra instalaciones militares de Tigray que albergaban artillería pesada y cohetes.

"Las fuerzas federales han destruido cohetes del TPLF que pueden alcanzar hasta 300 metros", precisó Abiy, al indicar que la ofensiva durará poco tiempo.

ETIOPÍA "EN GUERRA"

Abiy habló un día después de que el Ejército etíope declarara que entró "en guerra" con el gobierno rebelde, que a su vez informó de que la aviación federal bombardeó ayer la capital tigriña, Mekele, sin precisar los daños causados o si hubo víctimas.

El subjefe del Estado Mayor del Ejército etíope, teniente general Berhanu Jula, se limitó a decir este jueves que, como consecuencia de los choques con las fuerzas del TPLF, "soldados heridos fueron hospitalizados", pero no facilitó cifras.

Si se recrudece, el conflicto podría no sólo sacudir al territorio etíope, sino causar "un terremoto en la región del Cuerno de África y más allá", dijo hoy a Efe desde Etiopía el analista del International Crisis Group (ICG) sobre ese país, William Davison.

"Si este conflicto continúa, como parece, podría atraer a Eritrea, ya sea si la agresión de las fuerzas de Tigray provoca una respuesta eritrea o si el presidente (eritreo) Isaías (Afwerki) decide apoyar el intento del Gobierno federal etíope de destituir del poder a los líderes del TPLF, sus archienemigos", advirtió Davison.

De momento, el estado sudanés de Kassala, colindante con Tigray, ha anunciado el cierre de sus fronteras con Etiopía, mientras Isaías, estrecho aliado de Abiy, mantiene silencio.

A juicio del experto, "ambas partes deben acordar urgentemente un alto el fuego y entablar discusiones incondicionales para mantener una tregua y abordar la disputa constitucional, que es la causa inmediata del conflicto".

"Y los socios internacionales de Etiopía -agregó Davison- deben presionar inmediatamente para que se adopte ese enfoque".

ELECCIONES ILEGALES EN TIGRAY

El contencioso entre Tigray y el Gobierno federal etíope viene complicándose desde hace meses, con el retraso indefinido de las elecciones generales que se debían celebrar el pasado agosto como punto de inflexión.

Etiopía fomenta, desde su refundación tras la caída del comunismo en 1991, una política de federalismo étnico, donde supuestamente todas las etnias tienen igual valor y representación.

Sin embargo, desde entonces el TPLF lideró la coalición étnica que conformaba el gobernante Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF) hasta el nombramiento en 2018 de Abiy, un joven político de origen ahmárico y oromo, como primer ministro.

Abiy forzó la dimisión de muchos altos cargos tigriñas tanto del Ejército como de posiciones de poder y comenzó un intento de extirpar el etnicismo de la política reformando el EPRDF en el Partido de la Prosperidad (PP), con el que pretende presentarse a las elecciones y del que se ha desvinculado el TPLF.

Tras el retraso de las elecciones por la COVID-19, el TPLF celebró el pasado septiembre sus propios comicios parlamentarios, que el Gobierno central tachó de ilegales, de ahí que proclame ahora la necesidad de restaurar en Tigray el "orden constitucional".

A mayor abundamiento, desde el 5 de octubre, fecha en la que teóricamente vencía el mandato de Abiy, el gobierno de Tigray no reconoce autoridad alguna del Ejecutivo federal.

Abiy Ahmed, de 44 años, ha impulsado importantes reformas en Etiopía, el segundo país más poblado de África, como la amnistía a miles de presos políticos, la legalización de partidos opositores y el compromiso de celebrar elecciones democráticas.

Sin embargo, el gobernante también ha soportado críticas por no resolver algunos problemas perentorios, como las tensiones étnicas que han ocasionado olas de violencia.