EFEGinebra

Representantes del Gobierno y oposición siria se reunieron esta semana en Ginebra para comenzar la redacción de una Constitución que ayude a poner fin a 10 años de conflicto, aunque la ronda de reuniones se cerró hoy sin ningún consenso, según reconocieron ambas partes y el mediador de la ONU Geir Pedersen.

Las discusiones "fueron una gran decepción en la que no consiguieron los objetivos y faltó una adecuada comprensión de cómo lograr avanzar en el proceso", analizó Pedersen en una rueda de prensa al término de cinco días de negociaciones.

Éstas constituían la sexta ronda del Comité Constitucional Sirio, formado por 45 miembros (15 del Gobierno, 15 de la oposición y otros tantos de la sociedad civil) que desde hace dos años intentan debatir una nueva carta magna, aunque la pandemia, entre otros factores, paralizó las reuniones durante los últimos nueve meses.

El jefe de la delegación del Gobierno de Bachar al Asad, Ahmad Kuzbari, aseguró que la oposición esta semana "mostró perversas ideas y una agenda agresiva que incluso legitimó la ocupación de territorio sirio por Turquía y EEUU", mientras su homólogo de la oposición, Hadi Albahra, les acusó de inmovilismo.

"La voluntad política necesaria para alcanzar un acuerdo no está presente de momento, porque una de las partes ni siquiera quiere llegar a algún consenso", aseguró Albahra, para quien la continuación de este desacuerdo "llevará a un mayor sufrimiento del pueblo de Siria".

El enviado de la ONU detalló que, siguiendo la agenda prevista, el lunes la delegación del gobierno presentó las bases constitucionales relativas a la soberanía de Siria, y el martes la oposición hizo lo propio con principios relativos a las fuerzas armadas, la seguridad y la inteligencia.

El miércoles los representantes de la sociedad civil presentaron su borrador de principios sobre el Estado de derecho, y el jueves nuevamente el Gobierno presentaba posibles bases constitucionales sobre lucha contra el terrorismo y el extremismo.

"Tres de los días fueron relativamente bien, el otro fue más difícil", señaló Pedersen sin detallar cuál fue el punto de mayor conflicto, aunque en reuniones pasadas éste ha sido la distinta interpretación de terrorismo y extremismo que hay entre Gobierno y oposición.

El diplomático noruego señaló que al menos todas las partes implicadas estuvieron de acuerdo en que "no se puede continuar así y es necesario desarrollar más entendimiento para conseguir un proceso de redacción sustancial" en el que hace falta "construir confianza y voluntad política".

El jefe de la delegación del régimen de Al Asad afirmó que su delegación llegó a esta ronda en Ginebra "con sinceridad y buenas intenciones" pero se encontró con "incesantes intentos de obstaculizar", lo que causó el fracaso de esta ronda.

Kuzbari afirmó no obstante que su delegación sigue abierta a nuevos encuentros, si bien tanto él como el principal representante de la oposición reconocieron que no hay por ahora fijada una fecha para la séptima ronda.

Albahra afirmó por su parte que la metodología que actualmente preside las negociaciones, en la que cada delegación prepara un borrador de un posible capítulo o colección de principios constitucionales, presenta problemas ya que en su opinión "sólo puede resolver la mitad de los desacuerdos".

Subrayó que en un intento por alcanzar algún consenso su delegación incluyó parte de los textos de los representantes gubernamentales en sus contrapropuestas, pero que pese a ello sus oponentes afirmaron que no había forma de alcanzar acuerdo alguno.

"Es responsabilidad de todos seguir buscando consenso y trabajar con todas las partes para conseguir una recuperación política, pero no podremos seguir sin apoyo internacional o voluntad de todos hacia la búsqueda de una solución", añadió el jefe de la delegación opositora.

Albahra insistió en que el consenso tiene que estar basado en la resolución 2254 de las Naciones Unidas de 2015, que establecía una hoja de ruta para una transición política en Siria, pero afirmó que la representación gubernamental no está interesada en ponerla en práctica.

"Algunos sueñan con evitar esa resolución, hablan de 'reciclar' el régimen, pero nosotros creemos que tras una década de sufrimiento no hay otra alternativa que pueda traer seguridad o estabilidad", afirmó.

Una década de conflicto ha empujado a Siria a una crisis socioeconómica muy grave y ha provocado que 13 millones de habitantes necesiten ayuda humanitaria.

Las negociaciones que promueve la ONU han representado el único espacio político en el que el Gobierno de Al Asad ha aceptado dialogar con la oposición no armada.