EFETrípoli

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, abandonó hoy Libia sin poder convencer al mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del país, de que frene la ofensiva militar lanzada el jueves para hacerse con el control de Trípoli.

En un mensaje difundido a través de las redes sociales, el político portugués dijo abandonar el país norteafricano afligido pero esperanzado ante la posibilidad de hallar una vía para evitar el derramamiento de sangre.

"Dejo Libia con el corazón encogido y profundamente preocupado. Creo que aun es posible evitar un derrame de sangre en Trípoli", declaró Guterres en un mensaje a través de su cuenta oficial en Twitter.

"Naciones Unidas está comprometida a facilitar una solución política y, ocurra lo que ocurra, está comprometida igualmente a ayudar a la población en Libia", agregó.

Gutierrez viajó a la ciudad de Bengasi a escasas 24 horas después de que el mariscal ordenara a sus tropas iniciar la conquista de Trípoli pese a que Guterres se hallaba en la capital para dialogar con el gobierno impuesto por la ONU en Trípoli (GNA).

Unidades del llamado Ejército Nacional Libio (LNA), la milicia bajo el mando de Hafter, comenzaron a penetrar la tarde del jueves por el sur y el oeste de la ciudad, aunque en las últimas horas han tenido que frenar tras toparse con milicias fieles al GNA, al que también apoya la Unión Europea.

A la batalla por el control de Trípoli también se han sumado las fuerzas de la ciudad-estado de Misrata, principal puerto comercial de Libia -vecino a Trípoli-, enemigo de Hafter, que se han movilizado en defensa de la capital.

Miembro de la cúpula militar que en 1969 aupó al poder a Muamar al Gadafi, Hafter se convirtió en su principal opositor en el exilio tras ser reclutado por la CIA en la década de los pasados ochenta y establecerse en Estados Unidos.

Regresó al país en marzo de 2011, apenas un mes después de iniciada la revolución contra su viejo camarada y dictador, y cabildeó entre las fuerzas rebeldes hasta lograr ser nombrado jefe del LNA por el gobierno rebelde en Toubruk.

En 2014 lanzó una ofensiva para conquistar las ciudades de Derna, bastión del yihadismo en Libia, y Bengazi, segunda ciudad en importancia del país, que le concedió también el control sobre el golfo de Sidrá y el puerto de Ras Lanuf, médula de la industria petrolera libia.

En febrero pasado, sus tropas se hicieron con el control del sur y de los estratégicos yacimientos petroleros de Al Sharara y Al Fil, esenciales para la supervivencia económica y energética del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, al que no reconoce.

Meses atrás insistió en que su objetivo final era la conquista de Trípoli, que le daría el dominio de todo el país -a excepción de Misrata- tras más de un lustro de división política y guerra civil.

En este ambiente bélico, el Reino Unido solicitó hoy una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para analizar la situación en Libia.