EFEBeirut

El primer ministro libanés, Saad Hariri, regresó finalmente a Beirut después de dimitir el pasado día 4 en Arabia Saudí y suspendió de momento su renuncia oficial por petición del presidente del Líbano, Michel Aoun, al mismo tiempo que prometió a sus seguidores que permanecerá en el país.

Tras llegar anoche a Beirut, procedente de Egipto y Chipre, Hariri participó esta mañana en el desfile militar que conmemora los 74 años de independencia del Líbano del mandato francés, y después se dirigió al palacio presidencial para reunirse con Aoun, quien todavía no ha aceptado su dimisión.

En una alocución televisada tras el encuentro, Hariri aseguró que le entregó la petición de renuncia a Aoun, pero que este le pidió tiempo para "abordar las razones y consecuencias" de la misma.

Hariri aceptó suspender su dimisión definitiva "para dar tiempo a nuevas negociaciones con la esperanza de que el Líbano entre en una nueva fase".

Posteriormente, Hariri se dirigió a su residencia de Beirut, donde miles de sus seguidores (algunos llegados de otras regiones del Líbano) se habían concentrado desde primera hora de la mañana para recibir a su líder después de más de dos semanas de ausencia.

"Me quedaré con vosotros para que defendamos juntos el Líbano, su estabilidad y su carácter árabe", prometió Hariri, que habló primero desde un balcón y después en la puerta de su vivienda.

"Nunca olvidaré este momento, vuestra lealtad. Gracias a todos. Permaneceremos juntos para hacer frente a los retos en defensa de la nación", aseguró Hariri, quien prometió además que visitará todas las regiones libanesas próximamente.

Sus partidarios siguieron sus palabras junto a su residencia o desde las pantallas situadas en la calle con ese propósito, además de portar banderas libanesas y de la Corriente del Futuro, grupo político creado por el padre de Hariri, Rafik, asesinado en 2005 en un atentado en Beirut.

Un tribunal especial establecido en La Haya encontró culpables del asesinato de Hariri a cinco miembros del grupo chií libanés Hizbulá, aliado de Irán, que fueron juzgados en rebeldía.

"Nuestro eslogan siempre será el mismo: el Líbano primero", destacó Saad Hariri al final de su alocución, tras lo cual sonó el himno nacional, que fue entonado por los presentes.

El diputado del Futuro, Kassem Jodr, presente en el recibimiento multitudinario de Hariri dijo a Efe que este "no retiró su dimisión, (solo) la suspendió".

"Todos deseamos que se quede, ya que la situación del país mejorará porque obra de modo serio y decidido", añadió.

Mientras, el alcalde de la localidad de Saadawyet (en el valle oriental de la Bekaa), Jalil Chehini, dijo a Efe que "Hariri es una figura nacional y sigue los pasos de su padre".

"Sabemos que es el único que puede salvar al Líbano porque no hace diferencia entre los libaneses", destacó Chehini, quien añadió que confía en que su regreso sea definitivo.

Hariri también se entrevistó esta tarde con el gran muftí Abdelatif Derian -máxima autoridad religiosa suní-, a quien agradeció "haber consolidado la unión" entre los libaneses.

"El interés del Líbano prevalece ante cualquiera cosa. Se me ha criticado, se me preguntado por qué tome esta decisión y no otra, pero solo lo hice por el interés del país", reiteró en la reunión.

Asimismo, se entrevistó con el presidente del Parlamento libanés, el chií Nabih Berri, con el cual destacó que todos los grupos políticos deben mantenerse al margen de las crisis regionales.

"El alejamiento mejora las relaciones con nuestros hermanos árabes y permite al Líbano dialogar con todos. Somos un pequeño país y no debemos inmiscuirnos en los asuntos de los demás", declaró a la prensa tras su reunión.

La marcha y dimisión repentinas de Hariri sumieron al Líbano en una crisis política y amenazaron con elevar una vez más la tensión entre las diferentes comunidades del país, apoyadas por actores externos.

Algunas fuerzas políticas acusaron a Arabia Saudí de forzar a Hariri a dimitir y de mantenerlo retenido en contra de su voluntad en Riad, con lo que habría intentado de esta forma golpear indirectamente e Irán, en su condición de aliado de Hizbulá, a su vez socio del Gobierno de coalición libanés.

El propio primer ministro denunció las políticas de Hizbulá e Irán y la intromisión de este último en los asuntos libaneses, y aseguró que había abandonado Líbano porque su vida corría peligro.

La crisis fue desbloqueada por la intervención de Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, invitó a Hariri a acudir a París, poniendo así fin a los rumores en torno a su estancia en Riad y aliviando la tensión entre el Líbano y Arabia Saudí.

Por Kathy Seleme